Comenzó el curso de formación de promotores sociales

En la jornada de ayer comenzó el curso de formación de promotores sociales organizado por la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia y el Centro Regional Universitario local.
La propuesta de capacitación durará cuatro meses y constará de dieciséis encuentros en los que se abordarán distintos temas como sexualidad responsable, violencia familiar y adicciones, entre otros.

Precisamente para hablar de esta última problemática y a cargo de la apertura de la capacitación estuvo la doctora Mariana Lestelle, especialista en adicciones oriunda de Olavarría y con vasta experiencia en la materia. Antes de su disertación, la profesional de la medicina mantuvo un contacto con los medios de prensa ante los cuáles aportó precisiones de la charla y ahondó en detalles sobre la temática del uso de sustancias adictivas.

"Pensaba en el significado de la palabra promover", comenzó a modo de introducción. "Por un lado implica hacer publicidad de algo, pero también implica mover algo, ponerse en acción para hacer algo. ¿Qué es lo que queremos publicitar y para qué nos queremos poner en acción?, ¿en qué consiste hacer una promoción social? En lo que empieza por nosotros mismos para cambiar las cosas y que no haya consecuencias terribles. Por eso la charla voy a enfocarla hacia las conductas de riesgo, empezar por el metro cuadrado, por uno mismo; sobre todo cuando venimos de un lugar chico, donde tenemos la posibilidad de conocer al otro, de ser más solidarios con el otro, no quedarnos solamente con el rumor y ayudarlo a tomar conciencia cuando está incurriendo en conductas de riesgo", completó la idea.

La médico remarcó que le llamó la atención en Bolívar "la falta de respeto por la vida", tal como ocurre en su Olava-rría natal. Lestelle enumeró la cantidad de conductas que atestiguan su afirmación: motociclistas sin casco, ciclistas sin ojo de gato en sus rodados, automovilistas que no emplean las luces de posición, peatones que esperan en la calle y no sobre la vereda antes de cruzar, entre otras. "Esas cosas tan habituales, en un país donde hay una alta tasa de mortalidad en accidentes de tránsito, sobre todo en jóvenes", es lamentable. "Por todo esto es que considero muy piola armar un curso de promotores sociales, para que cada cual, desde su lugar, pueda ver cómo cambiar algo, aunque sea llamarle la atención a alguien que no usa el casco al andar en moto", sostuvo. Y enfatizó: "si todos tenemos este último tipo de actitudes promoveremos una acción social y una acción de salud. No siempre hay que hacer cosas grandilocuentes para generar los cambios".

El mismo tipo de acción 'preventiva' debe ejercerse cuando se ven ciertas conductas en los adolescentes. "No tenemos que ver a un menor en situación de indigencia o tirado en la plaza, dado vuelta, drogado. Hablemos de conductas de riesgo. Demos a los papás pautas para ver situaciones en la casa y actuar en consecuencia, no recién cuando la enfermedad está instalada", prosiguió la olavarriense. Lestelle reconoció que habitualmente se acciona "cuando nos tapa la enfermedad". "No tenemos estructura para contener esa realidad; en los hospitales públicos no tenemos camas para tratar a los adictos. Y se sigue empleando la granjita terapéutica, un modelo de tratamiento antiguo. Hay que captar al chico que llegó una noche intoxicado por alcohol o una droga, porque tal vez sea a primera vez que lo hace, y referirlo a un psicólogo, un médico, alguien que le explique. Ustedes saben que la definición de salud de la Organización Mundial de la Salud es 'completo estado de bienestar físico, psíquico y social, y no la mera ausencia de enfermedad', a eso hay que atender", sentenció.

Consultada sobre los signos de alarma que deben tener en cuenta los padres para reconocer el consumo de drogas en sus hijos Lestelle fue enfática: "primero, algunos papás me van a matar, pero a los chicos hay que revisarles las cosas. Hay que ver con quien chatea, porque en Internet hay peligros; conocer sus amigos y dejar que entren en nuestras casas para saber cómo son las compañías. No es cuestión de ponerse en policía, pero ante todo tenemos que proteger a nuestros hijos". Continuó: "es difícil (detectar ciertas cosas) porque en la adolescencia hay cambios de conducta, pero los cambios de conducta no se asocian con los ojos rojos. El adolescente se cree un adulto pero aún no tiene el cerebro formado desde lo neurológico y lo psicológico para medir el riesgo de lo que hace; creen que se llevan el mundo puesto porque además tienen como una cierta noción de inmortalidad. La idea de la mortalidad aparece con el correr de los años, pero el adolescente piensa que no le va a pasar nada. Por ello tenemos que buscar. Las drogas de inicio son el alcohol, el porro, el pegamento y el paco, que también están a la orden del día, en todas las capas sociales y no solo en los extremos. Tenemos que ver en el estado en que llegan nuestros hijos, a qué huelen; ponerles límites -y desde que nacen-; estar despiertos cuando lleguen o ir a buscarlos al boliche; ver cómo tienen los ojos o si tienen gotas para los ojos; atender si no faltan cosas en casa, sea plata u objetos que puedan ser intercambiables por sustancias".

"En estas ciudades chicas, en las que la psicopatología del rumor suele ser terrible, se descuida a los chicos por lo que dirá la vecina y esto es terrible", sostuvo. La doctora sostuvo que también es común negar el problema en el seno familiar y 'achacarle' las culpas a los conocidos, en lugar de reconocerlo y hacerse cargo para revertir la situación. "Estar atentos, prevenir antes de que eso se vuelva una enfermedad por hacernos los distraídos" es clave, indicó.

También habló de la necesidad de atender a la ausencia de medicamentos en el hogar, sobre todo en aquellos casos en los que los adultos deben tomar ciertas drogas legales por cuestiones de salud. "Hace unos diez años apareció una generación que se la llama la generación botiquín que consume las pastillas que encuentra en su hogar. Los antidepresivos o los ansiolíticos son peligrosos para aquellos a los que no se los han recetado", dijo.

"Recuperar la solidaridad es importante, y en esto incluyo el no poner la oreja cuando me haban mal de alguien", comenzó cerrando el tema. "Hay que cambiar la cabeza, porque sino terminamos siendo víctimas y victimarios ya que todo el mundo sufre con esto", concluyó.

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