Los comedores del conurbano maximizan esfuerzos y adaptan su funcionamiento a la cuarentena

Los comedores del conurbano maximizan esfuerzos y adaptan su funcionamiento a la cuarentena

LaNoticiaWeb habló con referentes y voluntarios de distintos comedores y merenderos infantiles del conurbano. Todos debieron cambiar sus formas de trabajar y multiplicaron las viandas diarias.

 

Para los comedores y merenderos infantiles no existen feriados ni fines de semana. Y no hay cuarentena ni confinamiento que les permita cerrar las puertas. Trabajan todos los días, como antes del surgimiento de la pandemia. Sin embargo, sí debieron tomar medidas preventivas y maximizar esfuerzos para seguir brindando su servicio esencial para la comunidad pero evitando la concentración de personas.

Javier pertenece al comedor de la parroquia El Salvador, ubicada en el centro de Morón. En diálogo con este portal, explicó que ellos daban de comer a un centenar de personas en la plaza frente a la estación. Lo hacían martes y jueves. “Nos conectamos con las otras organizaciones que trabajan como nosotros. Formamos una red. Ahora salimos solo los jueves, pero abarcamos más lugares. Y las otras organizaciones salen los días que nosotros no. Nos dividimos los días”, comentó Javier. Sobre el suministro de alimentos, dijo que “la comunidad es fiel y la gente tiene conciencia que este momento es cuando más hay que estar con el que nos necesita”.

“La circulación promovía un efecto negativo de contagio, la tensión a manejar es complicada. Si juntamos como antes a 70 personas, se pueden contagiar. Estamos saliendo solo los jueves, pero a más lugares. Cocinamos el mismo menú pero maximizando las condiciones de salud”, agregó.

Javier se refirió también a las medidas que tomaron para seguir funcionando durante la cuarentena. “Antes teníamos un equipo de trabajo de 40 personas, incluyendo peluqueros y personal para jugar con los niños. Pero ahora vamos solamente tres, para no favorecer la concentración de gente. Antes dábamos la comida y nos quedábamos hablando, generando vínculos sociales. Ahora le pedimos a la gente que tome la comida y se vaya a otro lado. Elegimos no tener vínculo personal para seguridad de todos”.

“Antes dábamos de almorzar y merendar a 40 chicos por día, y ahora estamos sacando 130 viandas por día”, cuenta Claudia, del merendero y comedor “Pequeños gigantes”, de Pablo Podestá (Tres de Febrero). La institución también suele brindar talleres y actividades educativas, pero para evitar la concentración de personas,  los tuvieron que suspender durante la cuarentena.

“Ahora la comida la estamos dando en viandas, para que no se queden a comer acá y concentrar gente. Damos 130 viandas por día, y siempre se suma alguna familia más. Nos ayuda también Desarrollo Social de Tres de Febrero, y estamos inscriptos en AFIP. Eso nos permite comprar en el Banco de Alimentos. Por ahí nos salvan algún día, pero no siempre tienen alimentos. A veces también conseguimos artículos de limpieza”, agrega Claudia.

“Estamos trabajando todos los días. No podemos cerrar ni los feriados. La semana pasada nos quedamos sin verdura. No podíamos cerrar. Entonces las chicas hicieron una vaquita y salieron a comprar cebolla y zanahoria, y pudimos cocinar esos dos días”, finaliza Claudia.

Una realidad parecida se vive en el Comedor Ángel Guardián, ubicado en García Velloso 4200, en La Pradera, partido de Merlo. Antes de la cuarentena recibían a unas 70 familias por día, ahora -en promedio- reparten viandas a unos 100 chicos y 50 adultos. “Antes brindábamos el servicio cinco días a la semana, ahora se necesita que lo demos todos los días de la semana. Mucha gente está aportando a través de las redes sociales. Nos manejamos con Mercado Pago o transferencias chicas, de 100 o 200 pesos. Hoy pedimos para mañana. Publicamos que nos falta carne o verdura, y la gente de a poco nos ayuda. Hoy pedimos para mañana, así trabajamos”, explica Héctor.

“Vemos que ahora se acerca gente que vive lejos, en otros barrios. Vienen con miedo porque no saben si los van a parar, pero se arriesgan porque no tienen para comer”, agrega Héctor.

En el comedor Ángel Guardián explican que, antes de dictarse la cuarentena, los pedidos que le hacían al Estado no eran siempre canalizados favorablemente. “Siempre dependimos más de la ayuda de la gente que del Estado. Pero en este contexto, no nos podemos quejar. Si necesitamos algo urgente, el Estado nos lo trae a veces. Hace unos días pedimos barbijos y artículos de higiene, y nos trajeron. Estas semanas nunca nos pusieron un ‘pero’”, explica Héctor.

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