"En Colombia me trataron peor que a una criminal"

"En Colombia me trataron peor que a una criminal"
Pasaron dos años y medio desde que la Operación Jaque puso fin al cautiverio que había comenzado en febrero de 2002. Pero, aun cuando disfruta de cada segundo de la "infinita bendición de la libertad", Ingrid Betancourt no logra desprenderse de una sensación que la persiguió durante los seis años y medio que fue rehén de las FARC: la de que es un "estorbo" para Colombia.

Tanto lo siente que ya no le quedan ganas de dejar París y Nueva York, sus nuevos hogares, para volver a su país. "Hay en Colombia una incomodidad con mi existencia... me trataron como a una criminal", dijo Betancourt ayer a LA NACION, poco después de llegar a la Argentina para presentar su libro No hay s ilencio que no termine (Aguilar).

Cansada de las preguntas sobre sus peleas con otros rehenes, la ex candidata presidencial no evita, sin embargo, otras polémicas ni, a pesar de su aire distante, las emociones. A lo largo de una entrevista de 45 minutos, Betancourt se enterneció hasta las lágrimas al recordar a su padre, recitó un poema en francés ("El desdichado", de Nerval), se fastidió al hablar de los últimos dos gobiernos de Colombia y analizó, con frialdad y desprecio, el futuro de las FARC.

-En cautiverio, usted sentía que era un "estorbo" para su país. ¿Aún lo siente?

-Sí, porque siento que hay en Colombia una incomodidad con mi existencia. A mí me sorprendió muchísimo la reacción de los colombianos con mi solicitud de compensación. Hubo una deformación de la noticia; el gobierno presentó la cosa de una manera muy tendenciosa. En Colombia hay una reciente ley de protección a las víctimas del terrorismo y todos mis compañeros habían presentado sus demandas; no fue noticia. Y cuando yo la presenté, se volvió un escándalo porque el [ex] vicepresidente de Colombia [Francisco Santos] anunció el asunto en términos escandalosos. Dijo: "Ingrid está atacando a los soldados que la liberaron". Al presentarlo así, Colombia estalla en una lapidación moral que es absolutamente inesperada, con insultos, con odio. Eso me dolió muchísimo.

-¿Por eso retiró la demanda?

-Sí, porque pensé: "Este es un país que no tiene respeto por las víctimas". Sinceramente... a mí me trataron como una criminal. Ni siquiera como a una criminal, porque a Pablo Escobar no lo trataron como a mí.

-¿Y va a volver a Colombia?

-No, ya no tengo ganas de volver. No me dan ganas. Obviamente es un dolor muy fuerte porque yo amo a mi país y a los colombianos [se emociona].

-Usted habla hoy de la pobreza, la corrupción moral y política de Colombia. Todos esos temas estaban presentes en su campaña de 2002. ¿Haría nuevamente lo que hizo ese febrero de 2002, cuando partió a San Vicente del Caguán a pesar de que le dijeron que no era seguro?

-Siendo quien soy, sé que volvería a hacer lo mismo. Porque cuando me secuestran se da esta reescritura de los hechos por parte del gobierno [de Andrés Pastrana], que dijo: "A Ingrid la secuestraron porque ella quiso. Quería subir en las encuestas". Eso es monstruoso, pero más monstruoso es que hoy sigan diciendo lo mismo.

-Usted dice en el libro que en cautiverio "sufrió desaires" e hizo "padecer desaires". Parecería que eso se prolongó en libertad, con todos los cruces que tuvo, por ejemplo, con Clara Rojas y los ex rehenes norteamericanos. ¿Por qué?

-Bueno, ahí entramos en esfera de alta psicología [risas]. Pero yo creo que hay muchas explicaciones, la principal es el dolor: es decir, somos víctimas. Para mí es muy claro que fuimos objeto de manipulación por parte de las FARC, que nos quitaron la libertad y la identidad y nos llenaron de mentiras para ponernos los unos en contra de los otros. A mí me dijeron cosas terribles de los norteamericanos y viceversa. Si hubiera tenido mayor madurez, más reflexión, habría evitado reaccionar. Y en eso se entra en un círculo vicioso. Una vez liberada, hay un momento en el que tomas la decisión de quebrar ese círculo vicioso. Y el silencio es una forma de quebrar, no responder. A mí me atacaron muchísimo. Tenía periodistas asediándome durante meses para que yo reaccionara a lo que habían dicho de mí y yo no quise. No quiero seguir siendo sujeta a estas manipulaciones; antes era la guerrilla, ahora son otros. No hay nada que atraiga más miradas que esta arena en la que te ponen a pelear con alguien con quien no quieres pelear.

- ¿Leyó los libros de los otros ex rehenes?

- [Sonrisas] No leí ninguno, leí pasajes de libros de Luis Eladio [Pérez] y de [Jhon] Pinchao... porque eran libros muy bellos y la relación que tuve con ellos fue muy linda. Eran palabras que me hacían mucho bien. Los otros, sobre todo los críticos, que fueron los de los norteamericanos y el de Clara, me propuse no leerlos porque no quería tener una actitud reactiva.

- ¿Ve a sus compañeros de cautiverio?

-Sí, me hablo frecuentemente con Marc [Gonsalves] y con Tom [Howell] también; con Clara me escribo.

-¿"Maldad" es lo primero que se le ocurre cuando piensa en las FARC?

-No, lo primero que me remite es estupidez. Porque me parece que hay algo de falta de inteligencia en lo que nos hicieron vivir. Es decir: ¿para qué? Esta fue una manera estúpida de creer que se podía obtener algo. Cuando uno ve el resultado, tantas personas muertas en torno a nuestro secuestro, y finalmente nuestra liberación se da no por un acto de fuerza sino por un acto de engaño. ¿Entendés eso? [sonríe]. Yo creo que fue un error estratégico y por eso hablo de estupidez. Un error estratégico porque ellos se bloquearon, cerraron los caminos, constantemente rechazaron el diálogo. Fue una posición de chantaje a través de la infamia que los llevó a creer en su capacidad militar. Y es en su capacidad militar donde los han derrotado.

-¿Hacia dónde van las FARC sin "el Mono Jojoy"?

-Han sucedido muchos eventos... Si yo me pongo a pensar lo que fue el final de la vida de Marulanda [Tirofijo, el jefe de las FARC, que murió antes de la liberación de Betancourt]. El pensaba que era una organización inderrotable, tuvo esa prepotencia de pensar que él era más grande que la paz en Colombia, que su historia era la de un revolucionario que iba a imponer su manera de ver a la fuerza, esa soberbia de pensar que es dueño de la verdad. Y, al final de su vida, le matan a Raúl Reyes [en marzo de 2008], que era su heredero, y se muere en la incertidumbre de lo que va a quedar de su organización. Y ¿hoy qué queda? Queda un flagrante error que fue el de los secuestrados, porque nos tuvieron tantos años para nada. No pudieron negociarnos, no sacaron nada. Muere el Mono Jojoy y, con él, muere esa soberbia militar de las FARC, de pensar que ellos se iban a imponer. Hoy en día están ante la constatación de ver que abandonaron la razón política, son derrotados militarmente. ¿Y qué les queda? No tienen un proyecto político, no tienen credibilidad, y quedaron reducidos a unos grupos sin poder actuar militarmente, porque están perseguidos, están desmembrados, están cercados.

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