El repudiable episodio se detectó la mañana del 24 de marzo. Fue denunciado en una comisaría y una sociedad protectora tendría identificado al autor. Mató al menos 6 perros y pudo haber afectado a niños
Sucedió la mañana del 24 de marzo pasado cuando un hombre ingresó al hospital por el acceso de calle Rosario de Santa Fe y colocó en un pasillo una bandeja con varios trozos de pollo contaminados ex profeso con estricninca, un poderoso veneno cuya utilización se encuentra tajantemente prohibida.
El irracional acto generó la mortardad de entre 6 a 8 perros que fallecieron minutos después de haber tomado contacto con el cebo. Aunque el hecho se mantuvo en el más completo hermetismo, su gravedad se explica por la manera que se llevó adelante, por el producto que se empleó y, fundamentalmente, porque se produjo en plena área de Pediatría.
Si el repudiable episodio no salió a la luz pública hasta hoy fue porque el veneno afortunadamente no fue manipulado por ninguna persona, pero esa fortuita circunstancia no justifica la llamativa inacción de la Justicia.
Más de un mes después, la médica veterinaria que constató el envenenamiento de animales y lo puso en conocimiento de las autoridades policiales, denunció públicamente que el caso nunca se investigó, pese a que el probable autor habría sido identificado por la Sociedad Protectora de Animales y la compra y utilización de estrictina se encuentra totalmente prohibida.
La profesional hizo conocer estas circunstancias a PUNTAL luego de verificar en tribunales que la fiscalía que estaba de turno el día que se colocó el veneno en el hospital ni siquiera tiene conocimiento del caso, lo que lleva a inferir que la denuncia radicada en la comisaría de Abilene nunca llegó a manos de la Justicia o bien no se le dio la dimensión que el hecho amerita.
La estricnina es un poderoso veneno que, según la dosis, puede acabar con la vida de un animal en cuestión de minutos, pero también puede resultar altamente nociva en los seres humanos, sobre todo en niños de bajo peso.
Su venta se encuentra estrictamente controlada y sólo puede ser expendida a químicas industriales que cuenten con expresa autorización del Ministerio de Salud de la Nación.
¿Cómo ese producto llegó a manos del envenenador? ¿Dónde lo adquirió? ¿Qué certeza existe de que la persona que manipuló el veneno no pueda volver a cometer una irresponsabilidad similar?, son todos interrogantes quedaron sin respuestas.
La presencia de estricnina en el pasillo de Pediatría al que se accede por calle Rosario de Santa Fe al 400 fue constatado por la médica veterinaria Verónica María Nuesch, luego de que un llamado telefónico del Edecom solicitara su presencia en el hospital por la grave condición en la que se encontraba uno de los animales que había ingerido el veneno.
Nuesch es prestadora de servicios del Edecom y, entre sus tareas, se ocupa de socorrer y asistir a los animales en la vía pública. “Cuando me llamaron el domingo 24 de marzo a la mañana pensé que era por un perro herido en un accidente de tránsito, pero apenas lo vi, encontré todos los signos clínicos de un envenenamiento. Los efectos de la estricnina son muy característicos, provoca en el animal una hiperextensión de los miembros, convulsiones y rigidez en todos los músculos”.
La rápida intervención de la veterinaria y el tamaño del animal favorecieron su recuperación. Después de recibir las primeras asistencias y permanecer 20 horas en coma farmacológico, el perro envenenado pudo recuperarse y posteriormente fue dado en adopción, pero no todos corrieron la misma suerte: Nuesch explicó que a causa de la bandeja de pollo contaminada con estricnina murieron ese mismo día entre 6 y 8 perros.
El hecho fue observado por el propio guardia del Hospital, quien no impidió el ingreso del hombre con la bandeja porque pensó que quería alimentar a los animales que suelen merodear por el hospital.
La identidad del extraño habría sido aportada por la Sociedad Protectora de Animales y desde un primer momento quedó en manos de la policía, pero se ignora si esa persona fue siquiera citada a declarar en la causa.
“Evidentemente, acá no se tomó dimensión del trasfondo, no se hizo un allanamiento al domicilio del responsable para saber si en su poder tiene más veneno, ni siquiera se lo indagó ni se averiguó quién está vendiendo ilegalmente estricnina en la ciudad”, se lamentó Nuesch.
Un poderoso veneno que no se vende a cualquiera
“Hubiese bastado que un pequeño tocara una presa de pollo y se llevase la mano a la boca para que hubiera sucedido lo peor”. Lejos de buscar generar alarma, la frase de la médica veterinaria Verónica Nuesch trató de colocar en su real dimensión un hecho que para la Justicia no ameritó la mínima investigación.
“La estricnina es un poderoso veneno que suele utilizarse para el control de plagas y sólo puede ser vendido bajo estricta autorización del Ministerio de Salud, yo como veterinaria, por ejemplo, no podría adquirirla”, ejemplificó.
“El efecto letal de la estricnina se produce entre los 10 y 20 minutos de haberla ingerido o entre media hora y una hora cuando el animal que lo ingirió tiene mayor peso”, agregó.
El día de la matanza de canes en el hospital, fueron los propios médicos y enfermeras quienes intentaron infructuosamente salvar a los perros que habían tomado contacto con la bandeja que contenía el veneno.
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