Se cree que no es el momento de concretar nada. Primero, porque los quieren “enchufados” en salvar la categoría. Y segundo, porque si siguen así, en diez partidos valdrán más.
Las campañas ayudan y es el caso de este sorprendente Colón de Osella, que al estar primero en la tabla y con un equipo con una fuerte impronta propia, basado en la presencia masiva de jugadores surgidos de sus divisiones inferiores, genera una atracción especial.
A Colón le han llegado ya ofertas. Y cuentan que han sido concretas por algunos jugadores. Al principio, la mira apuntaba a Graciani y Curuchet. Luego se sumó Meli, últimamente Luque y ahora también Castillo forma parte de ese “Grupo de los 5” que genera interés.
No se suma Alario, por el momento, por una sencilla razón: es un centrodelantero que no tiene, por ahora, capacidad de gol. Nadie discute su titularidad ni mucho menos su utilidad para el equipo. Pero el hecho de no meterla, para un jugador de sus características, resulta un condicionante que limita sus posibilidades. Todo lo otro, Alario lo está haciendo bien.
El viernes de la semana pasada hubo gente de China. Anteriormente, había venido Roberto Passucci con la del Benfica de Portugal, con el objetivo de ver en acción a Luque, que venía de convertir el gol y de ser figura ante Rosario Central. Graciani —el de mayor experiencia— empezó a ser nombrado desde el mismo arranque del torneo, luego de convertirle goles a Argentinos Juniors, Quilmes (un golazo a lo brasileño) y River. Meli es el “tractorcito” del mediocampo, que corre, marca pero también juega, y al que muchos ya le están echando el ojo por su versatilidad. Es uno de esos jugadores que llegó a la primera de Colón para quedarse, que todavía no tuvo esos tan habituales bajones ni tampoco entró en una meseta. Se acomodó al lado de un jugador muy inteligente desde lo táctico, como Videla, para ser el volante que “tracciona” por adentro y que aparece por sorpresa ocupando posiciones impensadas para el rival. Y hasta Castillo, de una aparición con altibajos y ciertas debilidades en la marca, ahora se transformó en un jugador sólido para defender y confiado para pasar al ataque.
Hay dos cuestiones que saltan a simple vista:
* 1) ¿Es el momento de vender?. Esto nunca se sabe. La estrategia dirigencial es esperar y hay dos motivos muy válidos. El primero, por lo mucho que se está jugando la institución en lo deportivo durante este torneo; lo segundo, porque, de seguir así, naturalmente se puede esperar un aumento de la cotización de los jugadores, algo que se viene dando si se compara cómo arrancaron el torneo y cómo están al cabo de las nueve fechas disputadas. La necesidad tiene cara de hereje, el club necesita dinero y no habría que extrañarse si, al menos, dos jugadores emigran al final de la temporada para darle un respiro económico a la ajetreada tesorería.
* 2) ¿Por qué pasa esto?. Y aquí la lectura se amplifica. Pasa porque Colón se vio obligado a poner a estos jugadores y porque encontró, afortunadamente, un técnico que los ubicó y los potenció. Pero pasa también porque los chicos, en el peor momento deportivo y con las presiones del caso, tuvieron una respuesta de la que muchos descreían. Esto es bueno porque habla a las claras de que el club tiene un capital. Y que hubo, previamente, un trabajo que debe ser considerado. Colón vendió a Prediger, a Bertoglio y a Mugni. Y si nos remontamos a tiempo atrás, también a Carignano. Hablo de las ventas más importantes —esta última de Mugni sirvió para pagar la deuda con el Atlante—, porque hubo otras que quizás no tienen una repercusión económica tan importante. Pero estamos hablando de 16 o 17 millones de dólares que al club ingresaron como producto del trabajo de inferiores.
Esta “necesidad” que supera a la “convicción”, enriquece deportiva y económicamente a este plantel. Se hablaba, antes de iniciarse el torneo Final, de la “desjerarquización” que había tenido el plantel con los alejamientos de Raldes, Urribarri, Moreno y Fabianesi, Prediger y Ramírez. Supuesta desjerarquización deportiva —que no se dio— y una deuda en lo económico, por aquellos famosos cheques que no se pagaron, que no sólo provocaron la libertad de acción sino los reclamos de los jugadores. Las oportunidades que hoy le llegaron a los casi siempre postergados jugadores del club, no sólo han provocado esta sorpresa deportiva hasta el momento, sino también la firme posibilidad de que otra vez se produzca un buen ingreso de dinero.
Nombro otra vez a Osella como uno de los principales responsables de este gran momento deportivo, convertido también en una grata revelación para el hincha sabalero y el público futbolero argentino en general. Pero también es un llamado de atención para que la dirigencia en general, los que fueron, los que son y los que vendrán, entienda de una buena vez que los errores que se cometen en la conformación de los planteles, son los que después se pagan en la sumatoria de puntos y con dinero que se esfuma.
Esto último es, ni más ni menos, que uno de los preceptos que debería atenderse en la planificación de un proyecto deportivo. Y saber respetarlo a ultranza y contra viento y marea, desafiando las presiones externas y confiando. Es la mejor manera de ponerle límites a los técnicos de turno. Y es una buena forma de proteger lo propio, que es lo que más rédito deja.
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