Colmado el cupo de los milagros

Por: Ricardo Roa.

Fueron una mala decisión y un peor operativo. Ya en Córdoba, en el partido de ida, los barras habían agredido a los jugadores dentro de la cancha. Y acá fueron a apretarlos al entrenamiento. ¿Qué podía esperarse este domingo sino una catástrofe? Aún así, el Gobierno decidió que se jugara con público.

Récord de custodios: más de 2000, el doble que en un superclásico. Y otros 1000 de civil, contratados por River. Pero la calle fue de los violentos: la policía huía y los barras avanzaban.

Casi una metáfora argentina . Tres horas de disturbios, prolijamente ignorados por la TV oficial.

Ningún misterio: alguien ordenó que fueran agentes sin cascos ni escudos los que evitaran el descontrol. Hicieron lo que pudieron, que fue bien poco: se los vio escapar para refugiarse en el club . La mayoría de los policías heridos son de comisarías, como ellos. Los de infantería, escasos en número y recursos, actuaron espasmódicamente. La oposición responsabilizó ayer a Garré (Ver: La oposición acusa al Gobierno por los disturbios en River).

En River, las cosas venían mal y muy mal. Sin embargo, imperaba una especie de ceguera: creían que al final todo terminaría de otra forma . Lo mismo confiaban los aliados al kirchnerismo con las listas de candidatos. Pero estaba colmado el cupo de los milagros: el cristinismo se llevó puestos al peronismo residual, los ex radicales de la transversalidad y los caciques del moyanismo (Ver: Listas K: se multiplican las quejas de los desplazados).

En la volteada de mal pagados cayó Scioli, aunque está acostumbrado a mostrarse dichoso aún en la desgracia. Había dicho que no aceptaría que le impongan al vice y agachó la cabeza. La única tranquilidad de conciencia que puede tener es no haber resistido nunca la humillación K. Peor, esta vez, le fue a Moyano. Pudo colocar a su hijo Facundo. Un premio consuelo pero nada inocente que quizá le traiga problemas: el resto de los dirigentes de la CGT se quedó con las manos vacías.

El premio mayor se lo llevó Boudou. El mensaje es claro : las mayores condecoraciones no vienen de la militancia sino de los servicios a la Presidenta, que encuentra lealtad donde los demás sólo observan servilismo.

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