Además de matemática, lengua, inglés y ciencias sociales, la escuela debería ser un lugar para aprender el sentido de la solidaridad. Y en ese ejercicio están los alumnos del Colegio Nacional de La Plata, que por iniciativa propia crearon un centro de donaciones. INFOnews te cuenta cómo se organizaron.
La aulas del prestigioso colegio están minadas de alumnos. Pero esta vez los chicos no miran hacia el pizarrón ni toman nota de alguna lección, sino que se acomodaron en el suelo para detallar el número del calzado recibido y embolsar ropa, pues por impulso de los estudiantes, y con ayuda de docentes, padres y autoridades, se montó en la escuela de la Universidad de La Plata, un centro de un centro de recolección y distribución de donaciones.
Aulas en movimiento
Aulas en movimiento
Restos de una clase: el Martín Fierro sobre un cartel que identifica ropa
Restos de una clase: el Martín Fierro sobre un cartel que identifica ropa
La fachada del Colegio Nacional de La Plata
La fachada del Colegio Nacional de La Plata
Fila solidaria sobre los pupitres
Fila solidaria sobre los pupitres
El patio, centro de reunión para organizar las donaciones
El patio, centro de reunión para organizar las donaciones
Bolsas de ropa
Bolsas de ropa
Aulas en movimiento
Aulas en movimiento
Restos de una clase: el Martín Fierro sobre un cartel que identifica ropa
Restos de una clase: el Martín Fierro sobre un cartel que identifica ropa
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Por los pasillos también deambulan jóvenes, pues allí se apila la indumentaria recibida. “La gente cuando da ropa, a veces, da lo que le sobra. Y lo que le sobra por ahí está más para usarlo de trapo que para dárselo a un compañero. Entonces los chicos se preguntan: ¿Cómo esto que está todo roto o apolillado, se lo van a dar a una persona? Aprenden así que no es que lo que me sobra lo doy, sino que es importante donar aquello que le sirve al otro. Aprenden que el compañero tiene necesidades y que hay que salir a arremangarse por el otro”, sintetizó María José Arias Mercader, directora de la escuela.
En el patio del “Nacio” –como cariñosamente lo llaman sus alumnos- todo es movimiento: los chicos van y vienen, buscan cosas para completar envíos, charlan entre ellos, cargan cajas y anotan datos.
“Hasta hoy no teníamos luz ni agua en el colegio, pero habíamos pensado en alojar gente. Los chicos están muy comprometidos. Ayer, algunos ni almorzaron y eran las seis de la tarde y seguían trabajando”, agregó Arias Mercader, visiblemente emocionada por la respuesta que dio la institución que dirige ante una comunidad con necesidades urgentes.
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