El Club de Leones quiere desalojar una asociación sin fines de lucro

El Club de Leones quiere desalojar una asociación sin fines de lucro
El próximo lunes 18 de marzo los asistentes al hogar tienen planeado realizar una movilización. Quieren que el Estado brinde una solución.
“En realidad esta es una gran familia que la quieren desarmar”, dice en tono pausado un tucumano en muletas. Se llama Juan Carlos Bachi y llegó a la Asociación Ruca Hueney (Casa del Amigo, en Mapuche) hace casi un año por recomendación de la Casa de La Pampa, luego de que sufriera un accidente laboral.

Su frase sintetiza lo que sienten unas 25 personas, entre pacientes del Molas y familiares, que permanecen allí con diferentes historias de vida, desde hace varios meses, y ahora también enfrentan un desalojo compulsivo que pretende llevar adelante el Club de Leones, presidido por José María Fernández.

La entidad sin fines de lucro, ubicada frente al Hospital Lucio Molas, la encabeza Rubén Dupré: “El Gordo”, como lo llaman con cariño las personas a las que a diario les tiende una mano. Ruca Hueney se formó en el año 2003. Permaneció en el tiempo gracias al esfuerzo de “El Gordo”, su esposa, Teresa Sosa y su hija Anahí Dupré.

- ¿Cómo decidiste arrancar con esta asociación?, le consultó ayer El Diario a Dupré

- Todo empezó cuando yo tenía una verdulería al frente del hospital y veía desfilar a tanta gente con distintos problemas. En un primer momento, dividí la despensa y armé una especie de cocinita para que la gente pudiera hacerse algo y que la comida le saliera más barata. Después de un tiempo, un amigo me dijo que formalizara la idea y que pidiera colaboración. Así fue que primero alquilamos dos lugares, una casa en la calle Tulipanes y la otra en el Plan Vial. Al tiempo surgió la posibilidad de venir a este lugar del Club de Leones, en La Rioja y Pilcomayo, que cuenta con mayores comodidades... acá tenemos en total diez habitaciones y un buen espacio para que la gente pueda estar y cocinarse.

- ¿Cuándo y por qué te llegó una orden de desalojo?

- El contrato se me venció el 31 de diciembre y justo en ese momento la gente del Club de Leones me dice que no puedo seguir más acá porque del lugar se va a hacer cargo la Iglesia Adventista. Ahora me enviaron una orden de desalojo que tengo que dejar la casa el 31 de marzo.

- ¿Te dieron alguna otra explicación?

- No, simplemente que viene otra asociación y que van a rotar diferentes asociaciones.

- ¿Ellos están al tanto de la obra que se hace acá?

- Sí, pero parece que no les importa.

Algunas historias

“De acá nadie te va a sacar Gordo... en realidad nadie nos va a sacar. Si quieren, que vengan con Gendarmería”, soltó un poco en serio, un poco en broma Matilde Argañín.

La mujer es de Riglos y está en el lugar junto a su hijo, Maximiliano Ceresale, desde el 31 de enero de 2011, luego de que protagonizaran un accidente en la ruta 35 con el entonces concejal achense Alejandro Odasso.

“Estuvimos los dos muy mal de salud... hace 25 meses que Rubén y su familia nos acompañan, que son nuestros amigos, nuestros psicólogos, nuestra familia. No sé qué sería de nosotros si no estuviera este lugar”, reconoció Matilde.

Beatriz Orellano, de La Humada, también tiene su historia para contar. “Hace varios meses que por lo menos una vez por mes tengo que viajar 400 kilómetros con mi esposo Martín Salinas... apenas podemos pagarnos los pasajes porque ninguna autoridad de mi pueblo se acuerda de nosotros. No sé qué haríamos si no tuviéramos este lugar”, destaca.

Josefa Migliri es de Mendoza y desde el 23 de febrero se turna con otros familiares para cuidar a su hermana que permanece internada en el Molas, luego de un accidente en la ruta 35 en la que perdió la vida su esposo. “Acá nos sostenemos entre todos... hasta compartimos lo que comemos, nos ayudamos, nos contenemos”, explica.

Ramona Elba Martínez es de La Humada y tuvo a su esposo internado dos meses en terapia intensiva en el Molas por un accidente de tránsito. Ahora tiene que ir a controles periódicos. “No tenemos más que cruzar la calle para que lo atiendan... quién no puede entender el rol que cumple esta asociación”, se lamenta.

En una silla, casi inmóvil, permanece un hombre que ni siquiera puede identificarse. Llegó al lugar por un llamado que hizo el obispo Mario Poli, que nunca más levantó el teléfono. Entre todos lo ayudan a pasar el día y mantenerse.

20.000 vidas

Rubén no solamente tiene anotado de manera prolija cada uno de los subsidios que recibió y sus respectivas rendiciones con balances anuales en Personería Jurídica, sino también guarda en la memoria todos los que pasaron por el lugar.

“Sin exagerar, te puedo decir con orgullo que más de 20.000 personas en todos estos años”, le dice con los ojos llorosos a un cronista de este diario.

Los mismos beneficiados por el hogar recuerdan algunas anécdotas: “En días de lluvia o muy feos hemos llegado a estar unas 11 personas por habitación... incluso Rubén se ha llevado gente a dormir a

su propia casa”, señalan.

¿Cómo subsiste la entidad? Con un bono contribución, un pequeño grupo de asociados y algunos subsidios que llegan del interior de la provincia de parte de los intendentes que conocen las historias de sus pobladores con el hogar.

También han hecho su aporte algunos diputados provinciales y otros legisladores nacionales. Aunque en este caso, la respuesta de Rubén -ante una consulta puntual- lo dice todo: “Entre todos, el año pasado nos han dado unos 5.000 ó 6.000 pesos”. Luego de un cruce de miradas, reconoce: “Medio poco, ¿no?... pero bueno, peor es nada. Al menos se han acordado de nosotros”.

Rubén tampoco halló respuestas por estos días en el Estado. Tanto en la Municipalidad de Santa Rosa como en el Centro Cívico se encontró con puertas cerradas y ningún oído con ganas de escuchar. ¿Alguien tomará nota ahora del reclamo?

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