Clima de tensión y fuertes divisiones

La asamblea quedó muy fragmentada
GUALEGUAYCHU (De un enviado especial).? "Son todos empleados de Kirchner. ¿A dónde van a cobrar la comisión?", gritaba, anoche, montado en un silla, uno de los asambleístas disgustados con la decisión de levantar por 60 días el corte de la ruta internacional 136. Los ganadores de la compulsa lo miraban con desaprobación, mientras el coordinador de la sesión, Roberto Marchesini, gritaba a quienes lo increpaban de cerca: "¡Orden, o se retiran!"

Fiel a su estilo, la asamblea de Gualeguaychú se desarrolló anoche entre acusaciones cruzadas, gritos y chicanas, todo en el inusual marco presentado por el Club Frigorífico, que todavía lucía un decorado de globos y cintas de blancas y rosas de un reciente casamiento.

El único punto de coincidencia, aparte del deseo de desmantelar la pastera UPM (ex Botnia), fueron los cánticos contra la Presidenta y el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. "El pueblo

unido/jamás será vencido", exclamaron los asambleístas, cuando llegó la información de que la votación era seguida desde la residencia de Olivos.

Entrevero

El momento más entreverado de la noche se presentó a la hora de decidir la permanencia o no sobre la ruta internacional 136: primero, los asambleístas levantaron sus manos, pero la paridad de fuerzas y el hecho de que muchos votaban por las dos posturas al mismo tiempo impidieron que se pudiera determinar el ganador.

Se decidió, entonces, que cada grupo ocupara un extremo del salón, intención que fue nuevamente frustrada por el desorden generalizado. "A mi izquierda, los que están arriba de la ruta. A mi derecha, los que están al costado de la ruta", ordenaba uno de los secretarios, pero sus esfuerzos fueron vanos.

Al final, quienes aprobaban la tregua de 60 días debieron salir al patio del salón, uno por uno, para ser contados. El resto permaneció en el lugar, pero fue conducido a través de un cerco montado con sillas.

"Traidores", les recriminaba una enardecida jubilada, mientras hacía equilibrio sobre una silla con una pesada pancarta de madera en la mano.

Al abandonar el salón, los rostros de resignación se repetían incluso entre quienes ganaron la votación, que no querían que la tregua de 60 días fuera vista como gesto de debilidad frente a la denuncia penal presentada por el Gobierno contra los líderes del corte.

Comentá la nota