Diseñada por Lucio Costa y construida por Oscar Niemayer, Brasilia cumplió ayer 50 años con 200.000 personas en las calles que asistieron a un desfile militar y a uno de automóviles por la explanada de los Ministerios que portaban muñecos de Disney en vez de autoridades.
La afluencia masiva de brasilienses, ayudada en gran medida porque ayer era feriado nacional, no permitió olvidar la fuerte conmoción que vive el distrito federal de Brasil. Ni siquiera los 5.000 participantes de la 4ª Maratón de Brasilia, que largaron la corrida por la mañana temprano, sirvió para tapar la manifestación de quienes reclaman el fin de la corrupción política que ha dejado el Estado (en Brasil es el número 27) en una acefalia resuelta a los tumbos. El gobernador Rogério Rosso (PMDB), elegido a dedo por un sector de los diputados provinciales, lanzó las celebraciones al izar la bandera nacional, la verde-amarilla. Atrás se ubicaron centenas de manifestantes que acompañaron la ceremonia con una consigna: "¡Brasilia, 50 años! Para conmemorar sueltan al bando de delincuentes". La mayoría portaba narices de payasos.
Para compensar, los organizadores de la fiesta la llenaron de actividades que poco tenían de político: juego de vóley de playa (en un lugar donde no hay mar) además de la exhibición de Disneylandia. En ese contexto, no hubo lugar para la presencia de autoridades nacionales, entre ellos, el jefe de Estado, Lula da Silva.

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