Claudio Ricasoli: “Soy un tipo apasionado, leal, laburador y de convicciones firmes”

Claudio Ricasoli: “Soy un tipo apasionado, leal, laburador y de convicciones firmes”
El director del hospital de Junín repasa su trayectoria como médico, político, coordinador de la Región Sanitaria III y los siete años que lleva al frente del principal centro de salud pública de la zona.

Claudio Ricasoli es el tercero de cuatro hermanos, todos hijos de un matrimonio conformado por un comerciante y una docente.

Vivió su niñez en el barrio 9 de Julio y después se mudó a Villa Ortega. Hizo la primaria en el Colegio Padre Respuela y cuando pasó al secundario quiso entrar al Comercial, pero no lo hizo. Es que él quería ir a la mañana con instrucción en Inglés, y le tocó a la tarde y Francés. Como no pudo cambiarlo, se pasó al San Ignacio.

Mientras tanto, hizo de todo un poco: jugó al fútbol en BAP, al básquet en Sarmiento, tomó clases de guitarra y, además, fue un buen alumno durante su escolaridad.

Cuando terminó la secundaria, se fue a estudiar medicina.

“Desde siempre me gustó la medicina -recuerda-; además, un tío padrino mío tuvo una enfermedad incurable que a mí me shockeó, porque la pasó muy mal durante mucho tiempo, y me afectó mucho el hecho de que no se pudiera hacer nada para que se salvara, y ver su deterioro físico y el sufrimiento de sus hijas, creo que, en algún punto, influyó para que yo decidiera seguir esa carrera”.

En un principio pensó en ir a estudiar a Rosario, pero surgió una alternativa mejor: “Mi mamá era muy amiga de Mirta Rubini y de ‘Rulo’ Alberti, y como él iba a la Cámara de Diputados y Mirta sabía de los sacrificios de mi vieja para que yo pudiera estudiar, me fui a cursar a La Plata, mientras trabajaba en la Cámara con ‘Rulo’. Gracias a ellos pude hacer mi carrera y en seis años me recibí de médico”.

Médico

Una vez terminada la carrera, hizo la residencia como médico clínico, que era la especialidad que más le atraía. “Soy un convencido -dice- de que la familia debe tener un médico de cabecera y para eso uno debe saber un poco de todo, por eso seguí por ese lado. A mí me encanta -y ahora que estoy en la administración lo extraño- ese contacto con la familia, donde uno debe saber un poco de pediatría, de obstetricia, de cirugía, es decir que uno es el organizador de la salud de la familia, más allá de que tenga su pediatra, su ginecólogo y demás”.

Según cuenta, esa tradición “ahora se ha perdido” y, actualmente, “el generalista es el médico de atención primaria”.

Egresó de la facultad en diciembre de 1989 y a los pocos meses entró en la residencia del viejo hospital de Junín, por lo que hizo una parte en el San José y otra en el Regional, pasando por todos los servicios.

Después, continuó trabajando en el hospital, estuvo unos cinco años en Pami como médico auditor, se desempeñó en la Clínica de Residencia Terapéutica, que ahora está en el barrio Los Almendros, y en la Clínica Centro, donde hizo auditoría médica y control del piso.

Asimismo, durante 14 años fue el médico del complejo deportivo del centro de Empleados de Comercio, una actividad que recuerda con mucho cariño ya que vio crecer ese espacio y allí cosechó “muchos amigos”.

Más adelante, gracias a la gestión del dirigente justicialista Julio Henestrosa, llegó a la dirección de la Región Sanitaria III.

Actividad política

Ricasoli empezó su militancia política recién en 1983. Es que su familia no tenía ninguna vinculación partidaria. “Mi vieja tenía, por ahí, una ideología más tirando al peronismo, y mi viejo simpatizaba con el Partido Conservador”, explica, aunque aclara que la de ellos no era una participación activa.

“Cuando me fui a estudiar -cuenta- de la mano de Mirta y ‘Rulo’, empecé a participar, aunque siempre fuera de la facultad: nunca me interesó la militancia universitaria, más allá de que estaba en la JUP”.

Regresó a Junín y continuó en el partido “siempre acompañando a Mirta”.

Participó en algunas listas y llegó a ser concejal. “Siempre tratando de permanecer indemne frente a los cambios circunstanciales y manteniéndome firme en mis convicciones”, remarca.

Era el año 1995 cuando el entonces concejal Orlando Pulvirenti se fue a Estados Unidos y debió reemplazarlo Ricasoli. Según dice, el trabajo en el Concejo “fue muy difícil” porque el oficialismo tenía amplia mayoría. “Perdíamos por goleada todos los partidos”, grafica sonriente.

En los casi dos años que estuvo en el cargo, intentó llevar a cabo dos proyectos importantes: trasladar las confiterías a la periferia y promover la creación de Defensa Civil. “Ninguna de las dos ideas se pudo concretar -se lamenta-; no obstante, yo soy muy respetuoso de la democracia y de las mayorías”.

Política sanitaria

Fue en el año 2004 cuando entró como coordinador de la Región Sanitaria III. Allí debía hacer “un trabajo netamente administrativo”. Ricasoli explica que ese organismo “es como una ‘sucursal’ del ministerio de Salud”, en donde lo que hay que hacer es transmitir y ejecutar las políticas de dicha cartera.

Ahí estuvo hasta el 2006, cuando lo convocaron para que se hiciera cargo de la dirección del Hospital Interzonal general de Agudos “Dr. Abraham Piñeyro”.

Ricasoli prefiere no calificar la administración anterior a la suya: “Yo no voy a criticar otras gestiones, el hospital siempre tiene problemas. Uno le puede dar una impronta distinta a la gestión, pero eso no quiere decir que la anterior haya sido mala. Cuando entré, me encontré con dificultades, y algunas las pudimos ir resolviendo”.

El doctor Ricasoli asegura que es “muy crítico” con su propia gestión y advierte que “en Salud siempre falta algo”, para luego relatar: “Partiendo de esa base, puedo decir que yo soy un tipo apasionado, leal, laburador y de convicciones firmes, me puedo equivocar, pero por hacer cosas, no por no hacer. Algo importante que logramos hacer fue la recomposición del plantel hospitalario, pudimos nombrar mucha gente. También pudimos incorporar equipamiento, se armaron servicios que no funcionaban como tales, aunque yo no mido la gestión por logros, sino por el hecho de que la gente esté trabajando bien, conforme, y que el paciente salga bien atendido”.

Y enseguida se entusiasma: “Si todo viene bien, antes de fin de junio tendríamos resonador, es decir que sería casi el único hospital público del interior de la provincia que tendría esa aparatología, lo que es un orgullo enorme”.

No obstante, Ricasoli subraya que “el hospital es de la comunidad” y se muestra dolido por la desidia con la que se lo trata muchas veces. Y ejemplifica: “El sábado se rompieron los dos ascensores, con todas las complicaciones que eso implica, uno porque se pusieron a saltar ahí adentro y el otro porque patearon la puerta, y es el usuario del hospital, el mismo que cuando lo necesita, no lo tiene. Se arreglan los baños y no duran ni un día, se hace el trabajo a la mañana y a la tarde ya están otra vez destrozados, eso me duele muchísimo. El hospital no es gratis, eso es mentira, es un servicio que, aunque no lo usen todos, sí lo pagamos todos”.

En tanto, reconoce que hoy en día “la estamos pasando relativamente mal”, aunque resalta que “es en estos momentos en los que está todo el hospital tratando de solucionar este tema, todo el personal pone el hombro para que esto se revierta”.

Con todo, destaca la calidad del centro de salud: “Hoy están complicados los 77 hospitales de la provincia. Si dejáramos de lado por un minuto esta actualidad, el de Junín tiene la infraestructura, los recursos y el personal como para estar entre los mejores”.

Médico y administrador

En su carrera, Ricasoli desarrolló, básicamente, dos actividades: la medicina y la administración.

Esta última, requiere de mucha preparación en el hospital: “Acá hay que saber un poco de todo, porque tenés a los pacientes, pero también están los insumos, mantenimiento, hotelería, limpieza, equipamiento de última tecnología, personal de todas las categorías, lavadero, cocina, costura, y es un conglomerado de cosas que te obliga a conocer el funcionamiento de cada una de esas áreas”.

Para hacer esto, debió dejar de ejercer la medicina y si bien asegura que lo que hace hoy le “encanta”, también admite que extraña el contacto médico paciente. “Más adelante me gustaría volver a hacer consultorio, tal vez con menos carga horaria, pero poder hacerlo nuevamente”, comenta.

Asimismo, dice que más allá de los sinsabores, nunca se cansó: “Jamás se me pasó por la cabeza ‘abandonar el barco’. El hospital es mi casa, no podría hacerle eso, y además me gusta mucho lo que hago, conozco las reglas del juego, me gusta jugarlo y te permite desquites, hoy estamos mal y mañana no. La idea es estar preparados para cuando estamos mal”.

Balance y futuro

A la hora de hacer un balance de la tarea realizada, Ricasoli destaca que puede ver “un montón de cosas buenas, otras malas”, y que eso le sirve para seguir adelante. “Tomo todo lo bueno del pasado para continuarlo, y lo malo, para no repetirlo”, resume.

Además, asevera que su norte será el mismo que lo guió para llegar hasta acá: “Yo hago política sanitaria y estoy convencido de que se pueden cambiar un montón de cosas, y creo que las cosas se cambian de adentro. Y en el hospital luchamos, todos juntos, desde adentro, para que las cosas cambien. A mí me gusta la tarea ejecutiva y hoy estoy en un lugar en el que se toman pequeñas decisiones, en un futuro me gustaría estar en un lugar en el que se tomen grandes decisiones para mejorar la calidad de vida de la gente”.

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