Los ciudadanos, al borde de un ataque de nervios

Los ciudadanos, al borde de un ataque de nervios
Ante el ajuste, la protesta sale a la calle y altera el ritmo cotidiano de un país en crisis. Desocupados, trabajadores al borde del despido y miles de automovilistas, solos ante la inacción gubernamental.
A más despidos y suspensiones, a mayor ajuste, más fuerte es la respuesta social. El reclamo copa las calles, el gobierno no reacciona, la economía cae en picada y la crisis estalla en un conflicto que altera los nervios de millones de ciudadanos. Aquellos atrapados en el piquete, aquellos que van al piquete atrapados en una situación social que no se sostiene. Las empresas que están al borde de la quiebra, los trabajadores, que están al borde de la pobreza. En la Argentina actual, parece que todos salen perdiendo.

Reflejo de los tiempos que corren fue la jornada de ayer, con múltiples cortes en el área metropolitana: movimientos sociales cerraron el paso a los automovilistas en el Puente Pueyrredón de Avellaneda, en la bajada de la Autopista Buenos Aires – La Plata de nuestra ciudad, y en otros puntos de la provincia. “Pedimos la restitución de la asistencia alimentaria a los comedores, la actualización del presupuesto de los comedores de las escuelas y la puesta en práctica de programas de empleo verdaderos”, señalaron a nuestro diario referentes de la protesta.

El tránsito fue un caos, cualquier platense que haya osado sacar su auto del garage puede dar cuenta de ello. En nuestra ciudad, varias calles fueron tomadas por la protesta social, que hace lo imposible por no pagar los costos del ajuste que, pese a su discurso progresista, realiza el gobierno K. “Nos deben 8 meses de entrega de comida; ahora nos dijeron que van a hacer una sola entrega pero sin ninguna fecha precisa”, declaró a Hoy Facundo, vocero del Fol, una de las organizaciones que cortaron ayer el ingreso a La Plata, desde el mediodía hasta pasadas las tres de la tarde.

En la fábrica también

El hecho de que existan comedores, en un país que tiene un potencial para alimentar a 300 millones de personas, muestra el fracaso del modelo K. La “década ganada” deja como resultado un aparato productivo pulverizado, y un sistema clientelar que ha crecido como nunca antes en la historia y que ya no puede sostenerse, ante la crisis económica y la escasez de recursos.

Los trabajadores también se encuentran en pie de guerra. Los despidos y suspensiones en el sector automotriz ya se cuentan de a miles, y la recesión se va extendiendo a otras áreas de nuestra deteriorada industria nacional. Techint, una de las empresas más importante del país, dijo que eran víctimas de una “práctica extorsiva”, al replicar ayer el bloqueo del sindicato de Camioneros. El conflicto se desató por el despido y su consecuente reclamo de indemnización en empresas transportistas contratadas por la siderúrgica. La acción del sindicato afectó el trabajo de las plantas de Canning, Ensenada, Florencio Varela, Haedo y Rosario.

Por su parte, el camionero apuntó directamente contra La Cámpora y dijo que "la mitad del Grupo Ternium" (responsables de los despidos) es manejado por ellos y que "no quieren que el conflicto se solucione”. "La Cámpora puso directorios en la mayoría de los grupos privados. Cuando hay conflicto con nosotros el gobierno acciona", sostuvo.

Anoche, el Ministerio de la Producción de la provincia de Buenos Aires informó que fue notificado del levantamiento del bloqueo que mantenía el sindicato, y que la negociación pasó a un cuarto intermedio hasta el próximo lunes. Es decir, el conflicto sigue vigente.

Capitanich se desliga de los reclamos

Sin anunciar ninguna medida para destrabar los conflictos laborales que han colapsado los últimos días, y en obvia alusión al bloqueo de camioneros a Siderar, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, dijo ayer en su habitual conferencia de prensa que estas protestas “son medidas extremas de carácter ilegal”.

A su vez, si bien destacó “el compromiso de cada gobierno provincial para garantizar el funcionamiento de las instituciones”, endilgó la responsabilidad por cualquier conflicto laboral al ámbito de la justicia, y se despegó de todo reclamo derivado de las paritarias, que preocupa a los trabajadores en varios sectores de la economía.

Hasta el momento no ha habido reacción oficial ante los problemas del sector productivo, más que una tímida reunión de la ministra de Industria, Débora Giorgi, con representantes del sector automotriz, para que bajen sus precios.

Con la inflación ya inocultable, los trabajadores pretenden una recomposición de sus alicaídos salarios, para recuperar, al menos parte de su poder adquisitivo. La crisis abre la puerta a nuevos conflictos.

“¿Qué quieren que hagamos, una marcha del silencio?”

Indignado por la inacción K se mostró ayer el líder de la CGT opositora, Hugo Moyano, luego de escuchar las declaraciones de Capitanich, y decidió responderle. "Que no hable y vaya a ver lo que está pasando en el Chaco, que han reprimido salvajemente a los trabajadores porque han hecho una protesta. No tiene ninguna autoridad para hablar absolutamente de nada y menos de estos conflictos", sostuvo el sindicalista, y agregó: "debería ser el Gobierno, a través del Ministerio de Trabajo, el que tendría que tratar de pedirle a la empresa que cumpla con la ley".

Además, Moyano negó las acusaciones del gobierno, sobre que la medida de bloquear Siderar es “extrema”. "¿Un poco extremo, qué? ¿Qué quieren, que hagamos una marcha del silencio? Está completamente desubicado. Lo mandan a decir cosas, pero no sabe lo que dice", señaló el líder camionero.

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