Mientras avanzan las obras de ampliación de la Ciudad Judicial, crece el descontento de los empleados ante la falta de respuestas a pedidos de mejoras de las instalaciones
Los problemas que generan las lluvias en el acceso principal. El pasado 27 de febrero estalló una cámara séptica en el subsuelo de Ciudad Judicial, inundando de un hedor insoportable a todo el edificio. Hubo descomposturas y personas que se retiraron de su lugar de trabajo, pero el lugar no fue evacuado en su totalidad. Desde Prensa del Poder Judicial se confirmó, por entonces, que efectivamente rebalsó la cloaca provocando un olor insoportable y que el líquido cloacal podía afectar la zona de los baños y el sector de subsuelo de esa dependencia por lo que se hicieron tareas preventivas y se decidió cerrar el lugar, teniendo en cuenta que en el subsuelo están las salas indagatorias y otras oficinas.
El resto de las dependencias del judicial siguió funcionando normalmente. “Hubo un error muy grave y no se cumplieron con los protocolos de seguridad establecidos”, comentó un empleado del lugar. “Lo primero que hay que hacer es ordenar a la gente de mantenimiento que determine el grado de peligrosidad de la situación y si es riesgoso para la salud y después proceder a evacuar todo el lugar, no se hizo nada de eso. Cuando el olor ya era insoportable, la superintendenta Silvia Areco, en forma verbal, determinó que se solucione el problema y sólo procedió a evacuar el subsuelo, cuando el olor nauseabundo estaba en todo el edificio”, dijo la misma fuente.
“Areco se negó a evacuar todo el edificio y trabajar era una tortura. Nunca consideró que en planta baja se encuentran las defensorías del Ministerio Público, y allí van ciudadanos de todo tipo y con cientos de problemas. Había señoras grandes descompuestas. Chicos pequeños y una madre con su bebe con barbijo porque sufría de hidrocefalia haciendo trámites. Nunca se pensó en los seres humanos cuando allí hay siempre más de tres mil personas”, agregó. El accidente se subsanó con la llegada un camión desobstructor para solucionar el problema. Si bien esta era la primera vez que ocurría una situación así, según se ocuparon de informar desde el Poder Judicial; los problemas no son nuevos.
El tres de noviembre de 2011 un empleado del Poder judicial murió dentro del edificio y al igual a lo que sucedió en febrero de este año, no se respetaron los protocolos de seguridad establecidos. De acuerdo a lo establecido, ante una emergencia de este tipo, lo primero es recurrir al servicio de emergencia médica que funciona en el lugar y después llamar 9-1-1. No se hizo y el desafortunado hombre murió tras esperar por casi 20 minutos la llegada de una ambulancia. Los problemas continuaron esa mañana fatídica.
Después de la llegada de la ambulancia, lo médicos determinaron que ya era tarde y se dispusieron a sacar el cuerpo del lugar, cuando comenzaron el traslado los camilleros se dieron cuentan que la escalera de emergencia era muy estrecha y que en las esquina era imposible girar. Para bajarlo tuvieron que poner en forma vertical la camilla. En caso de que hubiese estado vivo no habrían podido bajarlo, ya que las escaleras de emergencia no tienen las dimensiones necesarias para maniobrar con una camilla.
El luctuoso hecho provocó indignación entre empleados del Poder Judicial, porque a los miles de trabajadores se suman cientos de personas que concurren diariamente al edificio, y este caso dejó en evidencia que el sistema sanitario y de evacuación con el que se cuenta no es el más adecuado. En aquella oportunidad, unas 200 personas se reunieron en la planta baja de los tribunales y mandaron un petitorio a la Corte de Justicia para reclamar un mejor servicio de atención médica y revisar las estructuras de las escaleras de emergencia.
Más denuncias
El miércoles pasado comenzaron a circular por las redes sociales, unas fotografías de los matafuegos instalados en los pasillos de Ciudad Judicial y del Ministerio Público, que muestran que todos están con sus fechas vencidas. Las denuncias, tanto por la seguridad del edificio, como por el mal trato al personal, son constantes y todos hechos en forma anónima. “Nadie puede decir nada, ni quejarse, porque las sanciones y las persecuciones comienzan, por eso gran parte de los problemas que aquí suceden no salen a la luz”, comentó otro empleado judicial que prefirió el anonimato.
Mientras los simulacros de evacuación para casos de sismos se realizan en forma regular, los empleados creen que estos se “hacen bien, porque todos vamos aprendiendo cómo actuar en este tipo de siniestros, pero la verdad es que todos dudamos sobre lo que pasaría en caso de que fuera real. Hay detalles preocupantes, como las escaleras de emergencia que ya existían o como las nuevas, que son de malla metálicas.
La mayor parte de las mujeres vienen atrabajar con zapatos de tacos finos, que se meten en medio del entramado metálico de los escalones. En caso de incendio, el metal de la escalera sería insoportable”. En Ciudad Judicial trabajan diariamente tres mil personas y en un día cualquiera hay más de dos mil ciudadanos haciendo trámites, tal cantidad satura toda la red cloacal de la zona, ya que es la misma que brinda servicio a los barrios El Huaico, Miraflores y los altamente cuestionados monoambientes. La congestión vehicular también es un problema a resolver. No hay espacio suficiente de estacionamiento y las playas que existen son excesivamente caras para los trabajadores del lugar y para quienes tienen que ir en forma regular a Tribunales.
Las lluvias también dejaron en evidencia la falta de drenajes necesarios en las calles de acceso y el cruce con la autopista Bolivia. Ingresar a Ciudad Judicial en época de lluvias, transforma la odisea en un verdadero rally. Debajo del puente del cruce con la autopista el agua acumulada alcanza hasta 70 centímetros; la calle paralela no tiene desagote, por lo que toda el agua se acumula en la rotonda de acceso. No todas las líneas de colectivo llegan hasta el acceso principal de la Ciudad, y muchas personas deben caminar por debajo la autopista, lugar que es intransitable en días de lluvia.
La colectora, que corre paralela a la autopista Bolivia, es también el ingreso principal a los barrios El Huaico y Mirasoles, lo que genera serios problemas a los vecinos del lugar. La enorme edificación fue una solución al grave problema de espacio físico para la Justicia y con ella se ahorraron miles de pesos en alquiler de edificios, pero la demanda creció y ya están ejecución obras de ampliación, tanto para el Poder Judicial, como para el Ministerio Público. En los últimos meses en el edificio de la Escuela de Magistratura se construyó un salón en planta baja, donde funciona la biblioteca del Poder Judicial.
A esto se le suma el edificio donde funcionará el Archivo General, Depósito de Bienes Secuestrados y Patrimonio. La obra tiene una superficie cubierta de 3.320 metros cuadrados y una altura de 10 metros. Se construyeron además Talleres de Mantenimiento, además de depósitos para el Área de Servicios Generales, Área de Higiene y Seguridad, y lavadero de vehículos oficiales. La obra tiene una superficie cubierta de 250 metros cuadrados. Las obras están en marcha.
No obstante, mientras la infraestructura siga creciendo sin cuidar el mantenimiento y los detalles mínimos necesarios que garanticen calidad de vida y seguridad a los miles de empleados y salteños que concurren allí a diario para trabajar algunos y para solucionar problemas, los otros; el malhumor y malestar en la Ciudad Judicial la seguirán transformando en la ciudad de la furia.
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