La ciudad de festejo por su 192º aniversario

La ciudad de festejo por su 192º aniversario
Importante asistencia al acto que se realizó en la plaza 22 de enero. Vecinos, empresas e instituciones recibieron distinciones de la Municipalidad. El intendente Gustavo Arrieta cargó con polémicos cuestionamientos a la Justicia penal.

El miércoles 22 de Enero, convocado por el gobierno municipal de Cañuelas, centenares de vecinos concurrieron al acto por el aniversario del distrito que tuvo lugar en la plazoleta de Catamarca y Monseñor Schell. Representantes de los más diversos ámbitos institucionales, culturales, profesionales, empresarios y deportivos fueron invitados para recibir un reconocimiento. En medio de una ola de calor que no daba tregua, algunos se preguntaban si aquel 22 de enero de 1822, cuando José Hilarión Castro asumía como primer juez de Paz de Cañuelas, habrá sido tan caluroso como estos días.

La celebración se inició con el tradicional izamiento de las banderas nacional, provincial y cañuelense. A continuación se colocaron ofrendas floreales en las placas conmemorativas a los primeros pobladores y en la memoria del odontólogo Juan César Rolandelli, fundador del Círculo de Odontólogos, integrante de la Biblioteca Sarmiento y promotor del concurso público que derivó en la creación de la bandera cañuelense, izada por primera vez en enero de 2008.

La ofrenda fue depositada por familiares de Juan Rolandelli junto a Gabriel Iturralde –también integrante de la comisión promotora de la bandera– y los empleados municipales con más años de servicio: Juan Boile, Ricardo Rodríguez, Roberto Sánchez, Griselda Domínguez y Miguel Braco.

Luego se realizó el descubrimiento de un nuevo monumento, consistente en un tronco petrificado donado a la comunidad por la familia Cimadevilla (ver aparte).

El acto, programado para las 9, se inició con una demora de 40 minutos, animado con los acordes de la banda sinfónica de la Policía, a cargo de Salvador Lorenzo.

Mientras tanto un sol abrasador inundaba el pasaje Rolandelli, ocupado por un escenario y sillas plásticas dispuestas para el evento. Entre algunos se distribuyeron botellitas de agua envasada, sobre todo para los adultos mayores ubicados en las primeras filas.

Cuando el público se disgregaba rápidamente para volver al fresco de sus hogares varios funcionarios coincidieron en la necesidad de cambiar el horario ante lo incómodo e imprudente que resulta reunir a tanta gente bajo el solazo de enero. Seguramente en 2015 se estrenará la modalidad de recordar el aniversario de Cañuelas al atardecer.

LA INSEGURIDAD, EN EL CENTRO DE LOS DISCURSOS

Los robos en las casas de familia, ese drama que tanto malestar genera en la vida cotidiana de los cañuelenses, ocupó gran parte del discurso del intendente Gustavo Arrieta.

Incómodo por la transpiración que le empapaba desde la camisa hasta el pantalón, Arrieta volvió a profundizar la línea argumental que adoptó desde su reasunción como intendente: que la inseguridad es producto de la permisividad de los jueces (que liberan a los jóvenes delincuentes pocas horas después de su aprehensión) y de la comercialización de drogas (ya que la mayoría de los menores robaría para comprar alguna sustancia).

Luego de enumerar las dependencias policiales y judiciales que llegaron al distrito, disparó contra el aparato judicial.

“Del mapa del delito que se habla tanto por suerte no tenemos que lamentar situaciones de asaltos a mano armadas o entraderas. Ahora están entrando a nuestra casas, con la modalidad de ‘escruche’, que tiene un impacto muy fuerte a pesar de que no implica un acto de violencia personal”, sostuvo el mandatario, obviando el efecto emocional que estos episodios generan en los grupos familiares.

“Nos comprometemos –aseveró el jefe comunal– con las fuerzas policiales y pedimos el compromiso de la Justicia. Porque esos 15, 16 ó 20 pibes, todos conocemos el 80 por ciento de sus apellidos, salen a robar porque hay cinco, diez o quince lugares donde envenenan a nuestro pibes con la venta de drogas. Y a esos son los lugares a los que tenemos que ir y hacernos cargo de esta situación y hacernos cargo, nosotros gobierno, los vecinos denunciando y las fuerzas policiales. Pero también la Justicia, que no puede seguir liberando en tiempo récord. Tardamos muchas veces más en llevarlos que lo que tarde un juez, con una lapicera, en liberarlos. No se puede jugar alegremente con la vidas de las personas”.

Finalmente subrayó: “la Justicia tiene que hacerse cargo de las cosas que nos están pasando a todos los argentinos. Lo hacemos con la convicción del desafío que nos impone el ahora y el compromiso que asumimos como funcionarios públicos”.

Ni siquiera el padre Mario Slongo se pudo abstraer del tema. El párroco recordó que mucha gente se radica en Cañuelas en busca de mayor seguridad, pero destacó que “esa tranquilidad tiene grandes límites como pasa en gran parte de nuestra patria y el mundo”.

“Desde un compromiso serio y una fe auténtica, debemos trabajar para que los que vengan a Cañuelas lo hagan no sólo para sentirse seguros o pasarla mejor, sino porque empiecen a encontrar esos valores que siempre buscamos en nuestra comunidad, que se los debemos a nuestra gente”.

UN NUEVO MONUMENTO

Uno de los jalones del 192 aniversario del distrito fue el descubrimiento de un monumento conformado por un tronco petrificado, donado por la familia Cimadevilla, de antigua raigambre en Cañuelas.

Guillermo Cimadevilla contó a El Ciudadano que la pieza fue obtenida por su abuelo materno, Manuel Canseco, un inmigrante español que llegó a la Argentina a principios del siglo pasado.

“Cuando llegó de España se fue a trabajar al sur de Zapala, y con los años se radicó en Río Negro, en un lugar que se llama J. J. Gómez, cerca de General Roca, donde se dedicó a la apicultura. De un viaje que realizó a Santa Cruz se trajo ese tronco y lo colocó en su chacra de J. J. Gómez” recordó Cimadevilla.

En 1954 ese paleobosque ubicado al noreste de Santa Cruz fue declarado Monumento Natural y en 2012 se elevó a la categoría de Parque Nacional siendo bautizado como “PN Bosques Petrificados de Jaramillo”.

Cuando Manuel falleció, su hija Elvira “Chola” Canseco junto a su esposo decidieron trasladar ese tronco a Cañuelas. Para ello utilizaron el tren Roca, que en el siglo pasado llegaba hasta Zapala.

“Yo todavía era muy chico y no me acuerdo de los detalles, pero por lo que me contaron, mi viejo reunió a varios amigos para poder bajar ese pesado tronco del tren, lo cargaron en un camión y lo colocaron en el jardín de nuestra casa de la calle San Vicente”.

Allí permaneció, inalterable, durante más de cincuenta años hasta que Guillermo y otros miembros de la familia decidieron donarlo a la comunidad.

De esta manera, un ancestro de los actuales pehuenes, de unos150 millones de años, testigo de las erupciones que afectaron a la vasta Patagonia, prolongará su eternidad en una pequeña plaza de Cañuelas.

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