Basurales, lagunas, aguas estancadas y servidas hacen de la ciudad un paraíso ideal para la proliferación del Aedes Aegypti. Hasta el momento sólo se vieron algunas fumigaciones en vehículos, pero de limpiar la ciudad nada se sabe, nada se ve.
En una recorrida de este medio por varios sectores del ejido capitalino pudo reflejar la realidad de la desidia que existe. En la zona sur los focos infecciosos y posibles criaderos de mosquitos son moneda corriente.
En las esquinas son frecuentes los volcaderos de basura, que permanece por días en la vía pública.
En avenida Manuel Navarro, antes de llegar al centro de salud de la zona sur, un enorme basural refleja la falta de conciencia de los vecinos y la precaria limpieza y control por parte de las autoridades. Basura domiciliaria de todo tipo, ramas, escombros y hasta chatarras hacen del lugar un spa para el dengue.
Las lagunas y baches con agua estancada, por varios días, también son una imagen recurrente. Lo mismo sucede con las aguas servidas. Es importante recordar que el Aedes Aegypti se cría en el agua acumulada en recipientes y objetos en desuso, y es de hábitos domiciliarios. La limpieza es un factor determinante a la hora de erradicar el mosquito vector del virus del dengue.
El temor al dengue se instala en la ciudad, pero la prevención es ineficiente y casi nula, sumada a la conciencia ciudadana, que tampoco existe. Hasta el momento sólo se evidenciaron algunas fumigaciones en vehículos, pero de limpiar la ciudad nada se sabe, nada se ve.
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