Hubo 300 pasajeros varados en París; demoras en Londres y Bruselas
PARIS.- La Navidad de 2010 será seguramente un recuerdo imborrable para los centenares de pasajeros que quedaron nuevamente atrapados desde anteayer en aeropuertos y estaciones de tren europeos por la nieve y un clima digno de Groenlandia.
Mientras la mayoría de los aeropuertos europeos operaron anteayer con normalidad, unas 300 personas quedaron atrapadas en la terminal parisina de Charles de Gaulle, debido a la cancelación de unos 400 vuelos.
Otros centenares de pasajeros consiguieron dormir en hoteles de la zona, donde las autoridades aeroportuarias habían reservado unas 3300 habitaciones.
Para todos ellos, la Nochebuena estuvo marcada por la improvisación: champagne en vasos de plástico, pastelitos y café distribuidos por el personal de tierra, algo de salmón ahumado, quesos y pan comprados a precio de oro en las boutiques de recuerdos de la terminal aérea?
Con frazadas sobre los hombros para desafiar el frío, muchos asistieron a una misa de Navidad que se celebró en el aeropuerto. Las cadenas de televisión también mostraron a un inesperado Papá Noel repartiendo caramelos y juguetes a los niños.
En Bélgica las cosas fueron apenas mejor. Los responsables de la terminal de Bruselas habían desplegado catres de campaña para cientos de personas, aunque al final sólo 50 pasajeros se vieron obligados a dormir allí.
Mientras la situación volvía ayer poco a poco a la normalidad, muchos responsables políticos y empresarios pedían abiertamente una investigación sobre los motivos que provocaron semejante caos y una preparación tan deficiente de las infraestructuras.
Colas interminables en los mostradores, camas improvisadas, intenso frío, ira y finalmente resignación constituyeron la imagen navideña de las terminales aéreas y ferroviarias -sobre todo en Francia y Bélgica-, que por tercera vez en menos de un mes quedaron paralizadas desde anteayer por el mal tiempo.
Más al norte, desde Gran Bretaña hasta Suecia, las rutas congeladas provocaron gigantescos embotellamientos que terminaron por desbaratar cantidad de festejos familiares.
En París, los aeropuertos consiguieron volver a operar paulatinamente a partir de ayer por la mañana, gracias a la llegada de líquido anticongelante de Alemania y de Estados Unidos.
Sin ese producto, usado para derretir el hielo capaz de paralizar las turbinas, ningún vuelo es posible con nevadas tan intensas. El preciado líquido también había brillado por su ausencia en Bélgica a comienzos de semana, lo que obligó al aeropuerto de Bruselas a dejar de operar.
En Gran Bretaña, la pesadilla se desplazó de los aeropuertos a las rutas y los trenes de alta velocidad, que no conseguían recuperar el atraso sufrido desde comienzos de semana. Largas filas de candidatos a poder cruzar el Canal de la Mancha en el Eurostar seguían haciendo cola para comprar su boleto, cuya venta estuvo suspendida hasta anteayer.
Según los responsables de la empresa, recién hoy el servicio debía funcionar con toda normalidad.
La escasez de trenes y aviones provocó un sensible aumento de la circulación en las rutas, donde el hielo, la nieve y unas temperaturas de hasta 18 grados bajo cero provocaron considerables embotellamientos.
Presionadas por la indignación popular y el persistente caos, las autoridades europeas han comenzado a pedir explicaciones a responsables de aeropuertos y empresas aéreas. Todos señalan, además, la necesidad de mejorar la comunicación a los pasajeros, que, desde la primera gran nevada, el 8 de diciembre, se han quejado por la falta de información.
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