Por Adrián VenturaCARACAS.- Hugo Chávez cumplió anteayer once años al frente de la pretendida "revolución" y, pronto, el "modelo" de los Kirchner (así llaman ellos a su gobierno) cumplirá siete: la Argentina debería mirar de cerca la crisis institucional y económica de Venezuela para apartarse de ese camino.
Pareciera que hay un punto a partir del cual un gobierno legítimo que deviene autoritario ya no está dispuesto a aceptar límite alguno: quizá perciben que si se avienen al juego institucional, reconocen su fracaso y temen la derrota a manos de la oposición.
Pero hay una diferencia que juega en favor de la Argentina: todavía en nuestro país surgen unos pocos jueces que se animan a ponerle algunos límites a los excesos del Gobierno. En ese desesperado intento de no perder el control social, ambos gobiernos, en los últimos años, encararon una decidida embestida contra los medios de comunicación, que son los que les devuelven a esos gobiernos una imagen que les disgusta.
Hace seis años, Chávez hizo sancionar una ley de medios audiovisuales en la que se inspiró la reciente ley argentina de medios y, en los últimos dos años, clausuró 32 radios; sacó del aire en 2007 al canal abierto RCTV. con sus 75 estaciones en todo el país; el gobierno discrimina con la pauta publicitaria y presiona sobre los medios y diarios más críticos para que le vendan sus acciones. A cambio, creó un sistema de medios estatales, que incluye la señal Telesur, y paraestatales de muy baja calidad y penetración, más el abuso de la cadena nacional.
Los propietarios de los grandes medios y los editores están convencidos de que el Poder Judicial venezolano ya no los puede defender contra los excesos. Hay dos datos reveladores: un juez del Superior Tribunal de Justicia anunció que todo fallo contrario a la "revolución" será anulado -una jueza ya fue puesta presa- y otro de sus colegas confesó que no cree en la división de poderes. En este punto, en la Argentina aún queda una semilla de esperanza: si bien el Gobierno está atacando a los medios audiovisuales, a los diarios y a Papel Prensa, como también a otros sectores sociales, todavía hay algunos jueces dispuestos a frenar los excesos.

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