Las FF.AA. no admiten a un marino como comandante. Y eso genera disputas a “codazo limpio”.
Esa situación hizo que Santos le pidiera la renuncia a uno de sus mejores hombres: el general Gustavo Matamoros, jefe del Estado Mayor Conjunto, un curtido militar en la lucha antiguerrilla, que además de pertenecer a una alta familia de la sociedad colombiana, tiene ascendencia entre la tropa y prestigio de intelectual, combinación escasa en las filas oficiales.
El ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, fue el encargado de anunciar la baja. Aunque el funcionario dijo que la decisión se adoptó “bajo la discrecionalidad que tiene el gobierno para procurar la consolidación de todos los esfuerzos que se vienen haciendo al interior de las Fuerzas Militares para procurar mayor seguridad para los colombianos” es un secreto a voces que a Matamoros se le señala de ser el principal detractor del comandante de las Fuerzas Militares, almirante Edgar Cely, de quien era su segundo al mando. Pese a que Cely ha negado en público que exista una división entre las fuerzas militares y que éstas “trabajan como un sólo cuerpo sin importar el color del uniforme”, la prestigiosa revista Semana reveló las rivalidades al interior de la cúpula. “En los pasillos del Ministerio de Defensa es un secreto a voces lo mal que cayó en algunos sectores, en especial del ejército, que el gobierno designara como comandante de las fuerzas militares a un marino. ‘Muchos generales del Ejército, algunos impulsados por grupos de militares retirados, sencillamente han optado por no caminarle a Cely. No lo respetan y no ven en él a un líder’”, señaló Semana .
“Las divergencias en la cúpula no se limitan a chismes de pasillo en el Ministerio y las guarniciones. Generan problemas de circulación de información, piezas de inteligencia que no se comparten, operaciones que se planifican sin contar con otras fuerzas por falta de confianza. Y todo esto tiene consecuencias operacionales”, enfatizó.
Observadores del conflicto ven improbable que la salida de Matamoros ponga fin a las divisiones. “Al contrario – señaló el analista Fernando Cano de la Universidad del Rosario – la grieta de las relaciones se profundiza y esto jugará a favor de las FARC, que después de estar agonizando ve en esta coyuntura de fraccionamiento militar un respiro para reorganizar su lucha insurgente”, puntualizó.

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