Muy lejano quedó aquel momento de la despedida, cuando promediaba el mes de diciembre último. Se agotaba el año 2013 y, con él, un ciclo lectivo que se desarrolló dentro de parámetros normales y previsibles.
A espaldas, como una perturbadora pesadilla, quedaron las prolongadas negociaciones; la tensa espera por una definición de la pauta salarial nacional; las propuestas de mejora rechazadas; los contados gestos de responsabilidad en algunos gremios; los esfuerzos titánicos por garantizar recursos financieros para sostener proyecciones de pago ciertas; las mezquindades de otros dirigentes ávidos de poder político; la impaciencia de docentes dispuestos a cumplir su deber; y la agónica espera de las familias impotentes ante el paso del tiempo y escuelas cerradas.
Ayer fue día de júbilo, de reencuentro, de compromiso renovado, de nuevas ilusiones.
Atento a las necesidades de nuestra provincia, atadas a la formación de futuro, que no es otra cosa que la educación de nuestros niños, el inicio del dictado de clases constituye en un acontecimiento no menor que merece largamente ser rescatado y valorado, para caminar por la senda que conduce a una mejor calidad de vida, una mayor inclusión y más equidad, que son los principales desafíos que tiene por delante el sistema educativo jujeño.
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