“Chicos, no hagan lío”

Dicen que la imaginación no tiene límites. Y podemos observarlo a diario en las sentencias de los jueces que integran los tribunales penales de la zona. Mientras tanto los marplatenses sufren la inseguridad, en cualquier punto de la ciudad en la que se encuentren.
Es indudable que la delincuencia cambió nuestras vidas. Son muy pocos quienes se animan a dejar sus autos en la calle durante toda la noche; aunque nos duela admitirlo, se ha hecho costumbre pasar algunos semáforos en rojo en horas de la madrugada; nuestros barrios se vaciaron de chiquitos andando en bicicleta o en patines a la tardecita, y no son muchas las parejas que se arriesgan a seguir sus “conversaciones” en el auto para alargar un ratito la salida.

La delincuencia ha tomado Mar del Plata en toda su geografía, como ha sucedido en todas las grandes urbes del país. Y a este flagelo, los habitantes honestos deben sumarle la desilusión por la falta de respuestas de quienes deberían brindárselas. Ni la policía, ni los jueces, mucho menos los políticos hacen nada para que volvamos a tener un nivel de vida aceptable.

Hablamos con dos vecinos de la ciudad. Rubén desde el sur, habitante del barrio San Martín, nos cuenta sus experiencias con los grupos de jóvenes del barrio y las respuestas que reciben de la policía de la zona. Nos comunicamos también con Alejandro, un comerciante que padece los mismos inconvenientes en el centro marplatense.

Derecho a expresarse

Noticias & Protagonistas: ¿Cuál es la situación de su barrio respecto de la inseguridad?

Rubén: Tenemos un problema muy grave; es increíble cómo creció la inseguridad en esta zona. Hay muchos jóvenes que son impunes de toda impunidad, hacen lo que se les viene en ganas, les roban a los vecinos... Hemos tenido reuniones con la gente de la Comisaría Quinta en nuestra sociedad de fomento, pero el problema es que cuando están en una esquina gritando, molestando el descanso en plena madrugada, nos cansamos de llamar al 911 y jamás obtenemos respuestas. Nos aseguran que mandarán un móvil, pero el auto no llega nunca; entonces llamamos a la comisaría que nos corresponde y nos dicen lo mismo, “ya vamos”, y luego pasan hasta tres horas antes de que llegue el patrullero. El otro día, siendo las cuatro de la mañana, un grupo de unos seis muchachos borrachos y quizás con algo más que alcohol encima, estaba a los gritos y no dejaba dormir a nadie; llamamos a la policía para que venga a poner orden y cuando llegaron, a las dos horas, pudimos escuchar el diálogo que mantuvieron. Les decían: “Che, no hagan ruido que los vecinos nos llaman, traten de irse”, pero nada más.

N&P: Una conversación muy amigable…

Rubén: No les pidieron documentos, no les preguntaron qué hacían en la zona, nada. Cuando se fue la policía podíamos escuchar a los pibes discutir sobre los vecinos, desde dónde habrían llamado a la policía y marcando las casas de los posibles “buchones”.

N&P: ¿Esto pasa continuamente?

Rubén: Sí. La última vez fue hace tres fines de semana, cuando vinieron un grupito de muchachos con bombos y tambores a la esquina de la sociedad de fomento del barrio y se quedaron horas haciendo ruido y tomando; y en el último llamado que hicimos a la Comisaría Quinta, la respuesta que nos dieron fue que ellos no podían hacer nada porque los chicos tenían derecho a manifestarse. Estuvimos cuatro horas, desde las 18 a las 22, aguantando el ruido, y nadie nos dio bolilla. Si se llama a los patrulleros, vienen cuando quieren, y los que roban andan por el barrio como si nada.

N&P: Es una respuesta increíble…

Rubén: Por eso nos preguntamos: ¿cuál es la solución que ofrece el 911? Si la policía no pone orden…

N&P: Los que hacían ruidos por horas, ¿son los mismos jóvenes a los que ustedes les asignan responsabilidades delictuales?

Rubén: Son la misma gente del barrio que no tiene límites; son distintos grupitos, pero hacen lo que quieren, no tienen límites en sus hogares, salen a marcar las casas para robar, y el barrio es tierra de nadie, nada que ver con lo que era hace diez años, hoy es un descontrol. “Chicos no hagan lío”, eso no es una respuesta policial.

N&P: Es un problema muy complejo, y el discurso de la ministra Nilda Garré es difícil de seguir.

Rubén: Este país no se puede creer. Tengo un amigo chileno, por él sé lo que es la policía de allá. Es imposible hacer lo de la “toma” de Lugano en Chile: los carabineros te pegan una paliza; están para eso. Acá los derechos están a favor del delincuente y el revoltoso, pero no existen para el ciudadano honesto, el que paga los impuestos.

Con las manos atadas

Noticias & Protagonistas: ¿Dónde tiene su comercio?

Alejandro: En Yrigoyen entre Belgrano y Rivadavia.

N&P: Su reclamo es muy similar al realizado por gente que vive en otros puntos de la ciudad. ¿Hay grupos que pelean a las trompadas en el lateral del Paseo Diagonal por los restos del local de Mc Donald?

Alejandro: Es un ambiente que se complica a diario. Se los puede ver fácilmente; los comerciantes frentistas hacemos una especie de guardia, y algunos de los negocios trabajan con las llaves puestas, cerrados, por supuesto. Si viene un cliente, le abren, pero esa no es la forma de trabajar en el centro de una ciudad que recibe turismo constantemente. Además es un tema que la policía conoce muy bien porque estos grupos están hace ya tiempo y se pueden ver todos los días. Dejan sus bolsas en la base de los árboles.

N&P: ¿Son violentos?

Alejandro: A mí me asaltaron por última vez la semana pasada. En esta ocasión empujaron a una empleada que tiene cinco meses de embarazo, se llevaron celulares, dinero y se fueron. A las dos horas agarraron a unos en la vereda, salí con ella para ver si los reconocía pero no eran los mismos; me pidieron que llamara al 911 pero ellos se negaron a venir por el muchacho porque es menor de edad. Entonces, ¿qué es primero? , ¿el huevo o la gallina? Nadie sabe qué más hacer.

N&P: ¿Piensan ustedes en tener armas?

Alejandro: En el espíritu de una persona normal no está tener armas en un negocio, porque puede provocar un daño peor a quien está en el local o a un cliente, pero esto parece irreversible. Pasa por un gran problema de educación que viene ya desde hace mucho tiempo. Me dijeron que no los pueden llevar a una granja educativa porque están sobrepoblados; a las comisarías tampoco, porque los sueltan. ¿Qué hacemos? Me hace acordar al descalabro de la serie Batman, que era un descontrol. Transportándonos a hoy, no hay mucha diferencia.

N&P: No existe la idea de responsabilidad. La misma queja se escucha desde un punto geográfico a otro de la ciudad. Hay un grado de subversión de la ley muy alto. ¿La chica embarazada está bien?

Alejandro: Sí, se controlaron en el proceder con ella, pero quedó shockeada, nerviosa, incluso le pudo provocar problemas a su hijo. Escuché los comentarios del vecino del sur de la ciudad, y yo lo vivo también en Formosa y Alem, donde resido desde hace muchos años. Entiendo que tenemos que apuntar a algo mejor: todo lo que podemos hacer hoy es un paliativo, pero el problema es más de fondo. El problema es el desarraigo, el no reconocimiento de una familia, no crecer en un hogar, vivir en la calle, todo esto hay que resolverlo. En el negocio estamos a tres cuadras de la Municipalidad, ¿nadie lo ve? La policía pasa todos los días.

N&P: La Cámara Criminal decidió hace poco que portar un arma sin balas no es delito. Entonces, si quien violentó a la joven embarazada, lo que pudo provocarle problemas en su embarazo, es detenido con un arma sin balas –que se las puede haber sacado después de salir del local-, no se lo considera un delincuente. Estamos ante un vaciamiento del sentido común en la lucha contra el crimen.

Alejandro: Además entiendo que la policía está con las manos atadas, porque cuando la ministro (Garré) habló a poco de asumir, dijo que la policía no debe llevar armas en caso de ataques en las ocupaciones de tierras, que procederán con una defensa de bastones… Entonces me parece que, ante toda esta perspectiva, lo que se logra es favorecer más planes de asalto por lo permisivo que es el Gobierno en general, y que sigan agravándose los problemas.

N&P: A fines de 2009, el intendente Pulti anunció un programa de contención y generación de espacios para trabajar con estos jóvenes que viven en la calle, pero no se hizo nada. Y los institutos –que son escasos y malos- se deterioran cada vez más. No hay articulación política y no hay adónde llevarlos.

Alejandro: Me consta, lo sé, como ciudadano trato de informarme, leo los diarios, escucho la radio, veo programas periodísticos en la televisión, sé que esto se vive en todo el país. Cuando nos toca de cerca podemos hablarlo en una tribuna como ésta para que se tome más conciencia. Pero volvemos siempre a lo mismo: hay reuniones deliberativas en las que se dictan pautas de seguridad, pero siempre favorecen el proceder de esta gente. Yo lo tomo como víctima de un plan de destrucción sistemático, que lleva ya muchísimos años y sigue hasta la fecha, y que va de mal en peor.

N&P: ¿Cuál piensa usted que sería la salida?

Alejandro: Si no hay programas de Estado a largo plazo, con consenso real de todos los partidos políticos, seguiremos igual. No es mágico, lo que se hace hoy es apenas un paliativo, pero hay que reinsertar a esta muchachada en la sociedad, darles cabida, educación, trabajo. La dignidad del trabajo es insoslayable, apuntemos a eso. Busquemos paliativos, pero busquemos una terapia intensiva recuperando a toda la sociedad.

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