Gustavo Marcolli es referente del Programa por los Derechos de la Niñez y Adolescencia del Disepa. El especialista brinda herramientas a docentes para identificar casos de hostigamiento en las escuelas.
Una problemática social que se traslada a las escuelas es la violencia y el bullying o acoso diario y prolongado entre compañeros es una de sus manifestaciones. El referente del Programa por los Derechos de la Niñez y Adolescencia, dependiente del Disepa, Gustavo Marcolli, analizó el fenómeno que en el país comenzó a estudiarse desde 2004 luego de que un estudiante de la localidad bonaerense Carmen de Patagones irrumpiera en la clase con un arma.
El licenciado en Psicología alertó la necesidad de “mantener los ojos abiertos” ya que el hostigamiento puede darse tanto en el nivel inicial como secundario. Explicó que son distintas las causas que intervienen en este fenómeno y sostuvo que la mejor manera es concientizar mediante trabajos grupales.
Para comprender este fenómeno es necesario saber ¿a qué se llama bullying?
El bullying es una situación de hostigamiento, de acoso permanente de una o más personas, o de un grupo de personas hacia otro. Este hostigamiento se produce diariamente y por un tiempo prolongado. Es un acoso permanente hacia la víctima. Esto puede extenderse por meses. Por ejemplo, si empieza en segundo grado, y si los chicos que hostigan y la víctima pasan de grado, el hostigamiento podría continuar hasta que, quizás, termine la escolaridad primaria.
Cuando hablamos de bullying, ¿hacemos referencia únicamente al ámbito escolar?
El bullying siempre se da entre pares. Puede ser en distintos ámbitos como en el barrio. Por lo general se da en la escuela. Se diferencia de la violencia ocasional porque la violencia ocasional puede ser una pelea y no pasa de este episodio. El bullying no. Es algo que transcurre en el tiempo y las consecuencias para la víctima son graves. Lo primero que pasa es que el chico baja su rendimiento escolar, no tiene ganas de ir a la escuela porque sabe que va a sufrir este hostigamiento, manifestará una ansiedad anticipatoria. Se enferman bastante seguido por este stress que tienen por ir a la escuela. Puede pasar que comienza a bajar su autoestima, puede haber casos de depresión y de depresión severa y hasta de suicidio. También, a veces, reaccionan de forma agresiva. Después de sufrir meses o años de hostigamiento reaccionan de manera agresiva y por eso se da lo que se dio, por ejemplo, en Carmen de Patagones. Un chico fue a la escuela con un arma y comenzó a disparar en medio de la clase. Estas dos reacciones son consecuencias del hostigamiento escolar o bullying.
¿Qué causa esta violencia prolongada en el tiempo?
Pueden existir muchas causas. En general una persona causa la violencia y es quien la ejerce de manera directa. Alrededor de ellos hay un grupo de espectadores que, de alguna manera, “festejan” a estos que ejercen la violencia. No hay un perfil del chico agresivo, violento. Puede ser un chico que dentro de su propia familia esté acostumbrado a resolver todos los conflictos por medio de la violencia. El aprende a relacionarse de manera violenta y después lo traslada a la escuela, y a todos los ámbitos de su vida. Pero más que ver por dónde viene, tenemos que ver qué se puede hacer. Lo que hacemos en las capacitaciones es tratar de brindar herramientas a los docentes para que ellos puedan actuar sobre estos episodios para tratar de minimizar las consecuencias.
¿De qué manera un docente o padre puede identificar estos casos de violencia?
Es otra de las cosas complicadas porque por lo general este fenómeno pasa desapercibido porque se genera una especie de pacto de silencio. Este silencio hace que el bullying pase desapercibido en las escuelas y no se da en lugares públicos (no se da dentro del aula o en el recreo). Lo hacen en lugares que no están a la vista de todos, a veces en el baño, en lugares apartados. Entonces el adulto quizás pueda tener una intuición de que algo está pasando pero no saben cabalmente que es bullying y que puede tener graves consecuencias. A partir de que el bullying está en los medios, se ha masificado entonces los adultos están prestando un poco más de atención y están detectando casos de bullying. La forma de detectarlo es cuando tenemos un alumno que de repente empieza a bajar su rendimiento escolar, empieza a ser más retraído, a tener problemas para relacionarse con sus compañeros o falta mucho a la escuela. Todos estos son signos que dan cuenta de que algo está pasando. A partir de esto la escuela tendrá que empezar a ver qué puede estar pasando con este chico, prestar más atención en la escuela, lo que pasa entre él y sus compañeros. Eventualmente, citar a la familia si manifiesta estos mismos síntomas en la casa.
¿De qué manera interviene el programa cuando el docente sospecha de que un alumno es víctima de acoso escolar?
Lo que nosotros hacemos desde 2008 es ir brindando espacios de capacitación docente sobre este tema porque cuando se ven estos signos pueden ser por múltiples causas. Ahora si la escuela sospecha seriamente de que puede ser un caso de bullying lo que podemos hacer es que el equipo técnico vaya a la escuela y vea qué puede estar pasando y a partir de ahí ver si realmente hay casos que tienen que ver con acoso escolar o bullying. Nosotros podemos asesorar al equipo técnico sobre lo que se puede hacer, por ejemplo, organizar una jornada para docentes y en ésta lo que hacemos es darles herramientas, reflexionar juntos de qué manera pueden abordar este tipo de situación. Lo primero que tratamos de hacer es que trabajen con el curso. No con el acosador y la víctima directamente, sino con el curso en general, no personalizar la situación, no exponer a las víctimas. No dar nombres. Trabajar sobre situaciones violentas en general con el curso. Y sobre todo, lo que más da resultado, es trabajar con los espectadores, no con el acosador y la víctima por separado sino con el grupo de espectadores que tiene la situación.
¿Cuáles fueron los resultados de estas experiencias en las escuelas?
Los resultados son variados, a veces se necesita más trabajo. Lo ideal es que la escuela logre que el mismo grupo ponga los límites. Cuando sucede esto, que el grupo de espectadores empiece a poner límites a la situación, ahí se empieza a tener resultados más efectivos. Muchas veces es conveniente derivar al hostigador a que haga algún tipo de tratamiento psicopedagógico, psicológico, cuando el caso lo amerite. Muchas veces los problemas familiares son muy graves y para ellos es muy difícil y la única manera que tienen de expresarlo es instigando a otro o minimizando a otro. O sobresalir hostigando o de ser reconocido y la única forma que encuentra es a través de la violencia. A veces la escuela también encuentra un límite. Por eso tratamos de buscar otro tipo de contención que tenga que ver con el tratamiento psicológico, con el servicio de salud, acceder a otros espacios.
Justamente los docentes hablan de violencia y ya no más de violencia escolar.
La violencia es social. No es exclusivo de la familia ni de la escuela. Está en la familia, en la escuela, en la calle, cuando manejas tu auto. La violencia está en todos lados. Dentro de la escuela es una consecuencia o un correlato de lo que pasa en la sociedad en general. Y en realidad se está haciendo difícil formar redes tan amplias para abordar la violencia social porque para abordarla quizás se necesite armar una red bastante abarcativa donde no sólo pueda trabajar educación sino también muchos estamentos y la comunidad. Hasta el momento pienso que la violencia crece más rápido que el trabajo en red. Esto se sigue manifestando en las instituciones, tanto en la escuela, la familia, los clubes. Lo que sí se trata de hacer por lo menos desde este espacio es mostrar a los alumnos que además de la violencia hay otros caminos para solucionar los conflictos. Se puede transmitir de otra manera sin ser violentos. No es fácil porque hoy en día los chicos están dominados por la actuación. Hay que parar esa violencia y empezar a mostrar que si no sos violento esas cuestiones se van a resolver con mejores resultados.
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