Celebran los 40 años de la nacionalización

Se hizo un panel en el que estuvieron el rector Sergio Baudino, el padre Cayetano Castello y el ingeniero agrónomo Dardo Hernández, bajo la coordinación del periodista Norberto Asquini. La actividad es la primera que se hace en la UNLPam para recordar la nacionalización, aunque hay otros encuentros previstos para los meses próximos.
El sacerdote Cayetano Castello señaló que “la universidad debe estar atenta a la sociedad, pero también al futuro”. El padre formó parte del panel que la UNLPam organizó ayer, al celebrarse los 40 años de la nacionalización.

En él estuvieron también el rector Sergio Baudino y el ingeniero agrónomo Dardo Hernández, bajo la coordinación del periodista Norberto Asquini. La actividad es la primera que se hace en la UNLPam para recordar la nacionalización, aunque hay otros encuentros previstos para los meses próximos.

Se expone también una muestra de 30 fotografías sobre la movilización universitaria de 1973, a cargo de Rodrigo Pérez.

El sacerdote Castello –llegado desde Bernal, donde cumple su tarea– dijo que el hecho de que lo hayan convocado al panel de ayer le significó una “gratificación espiritual y humana”.

“Hasta hace 3 o 4 años venía más a menudo a Santa Rosa, porque tenía una función en la institución salesiana. Estuve en enero por Luan Toro, una semana”, contó. Y rememoró: “Tanto mi vida universitaria como la coyuntura particular de la nacionalización de alguna manera son un hito en mi vida”.

Recordó, entonces, que en aquella época “era de esos estudiantes que no sólo iban a estudiar; tenía mi formación eclesiástica, como docente, en filosofía, teología, pero quería un poquito meterme en lo laico, en la ‘normalidad’, como decía el Concilio, así que decidí meterme en la universidad, en las asambleas, y ahí me encontró la coyuntura de la nacionalización; lo hice con el deseo intrínseco de dialogar y beneficiar a toda la comunidad”.

En aquel momento Castello era secretario general del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Humanas. Había 3 facultades en Santa Rosa. “Y los 3 secretarios de los centros la verdad que tuvimos un diálogo tan abierto, y eso que eran algunas maoístas, otros radicales, nosotros independientes o una mezcla de varias cosas. Y para buscar el bien de la universidad hubo un diálogo y un respeto constantes”, resaltó.

“Vale la pena rescatar esa unidad en los grupos universitarios para lograr un objetivo como el que se logró”, insistió. Durante un reportaje en “Radiocracia” (www.radiokermes.com), no quiso opinar si aquel “diálogo” después desapareció: “¬A nivel de la UNLPam es un hito en mi vida, porque no tuve un después. Ni siquiera he entrado al edificio de la Universidad. Me alejé de La Pampa, es un salto histórico. No sé lo que siguió después”.

“Sí puedo decir que el valor del diálogo trasciende un hecho coyuntural y es una necesidad de la sociedad, necesitamos dialogar más. Hace falta un poco más de los estamentos políticos, industriales, el campo, la Iglesia. Todos necesitamos dialogar un poco más”, definió.

Mirar más allá

También destacó que hace 40 años, en la época de la nacionalización de la UNLPam, “la coyuntura política era muy particular, estábamos en un momento en el que Lanusse había desafiado a Perón, hubo elecciones libres, gana el peronismo y en el lapso en que Lanusse tenía que ‘dejar el país en paz’, nos pareció oportuno lograr una firma de Lanusse. Y lo conseguimos”.

“Yo ya era sacerdote, tenía unos 34 o 35 años. Los estudiantes tenían en general un decenio menos que yo. Nunca me hicieron pesar mi condición de sacerdote, nada, al contrario”, recordó.

En la actualidad, Castello está en Bernal, como protagonista de una obra salesiana dedicada esencialmente a cuestiones escolares y formación profesional: “Tengo un concepto sobre este tema: la sociedad arma su escuela según lo que cree oportuno. Cuando se arma ese proyecto, la sociedad ya avanzó de nuevo y queda viejo. Por eso hay que transformar constantemente y adaptarla a las nuevas situaciones. Es una situación constante de cambio”.

“No así –diferenció– las universidades, que tienen que tener una autonomía que las libera un poco de las coyunturas, con el deber de investigar, estar atenta a la sociedad pero también a su futuro. Los otros niveles dependen mucho de la estructura socio-política”.

“Creo que la escuela, en cualquier nivel, tiene dos vertientes: la de aquel que tiene que cumplir con la ley, pero al mismo tiempo y especialmente en la Universidad, debe cumplir la función de profeta, ser más que la ley, pergeñar el futuro, tener una visión más intuitiva que racional. La escuela anda siempre a caballo entre la ley que tiene que observar y el futuro que debe perfilar. Por eso el maestro, el maestro con mayúsculas, obedece a la ley pero mira más adelante. La sociedad siempre va más adelante que la ley, que llega después de que la sociedad acuñó un concepto”, conceptualizó.

También se puso a la figura del “estudiante que va a estudiar nada más, como si eso fuese toda la persona… la persona es sociedad, imaginación, sensibilidad. Eso no se puede ignorar”, señaló.

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