Un cóctel de aviones, armas, drogas e inseguridad

Adrián Ventura

En cuanto la Aduana le entregue un informe, el juez Marcelo Aguinsky decidirá que los militares norteamericanos no intentaron ingresar armas de contrabando. Pondrá fin, así, a una parte de la emboscada que tendió la Aduana Argentina al equipo militar norteamericano que había sido invitado a entrenar a la Policía Federal.

Con ese fallo, Aguinsky dejará expuesta a la presidenta Cristina Kirchner a tener que optar entre devolver el armamento a los Estados Unidos y mejorar la relación bilateral, o incautar definitivamente ese armamento sin justificación para satisfacer necesidades electorales vernáculas.

Otro juez, Alejandro Catania, también a su manera desnuda otra debilidad del poder: la falta de controles. Ese magistrado pidió a un juez español que le envíe copia del expediente en el que investiga a los hermanos Juliá, detenidos en Barcelona por aterrizar con casi una tonelada de cocaína. Su colega catalán no le remite desde hace dos meses dato alguno y ni siquiera le anticipó si lo recibiría, en caso de que Catania decida viajar a Barcelona. El juez argentino pidió el auxilio de la Cancillería. ¿Será ése el canal más interesado en saber lo que ocurrió?

Pero, al margen de los datos que pueda aportar España, ¿cómo es posible que nadie en la Aduana ni en la policía haya advertido semejante contrabando? ¿Cómo es posible que no haya funcionarios detenidos o que hayan pagado el costo político? ¿Sucederá lo mismo que ocurrió con la valija de Antonini Wilson, hoy olvidada bajo un manto de impunidad?

Tampoco nadie encuentra explicación a una seguidilla de robos inusualmente importantes de armas del Ejército, que ocurrieron en los últimos seis meses. ¿Para qué necesita alguien cinco ametralladoras antiaéreas de alto poder y 400 fusiles?

Si la Aduana, la policía o los servicios de inteligencia hubiesen revisado el narcoavión -o detectado su presencia- con el énfasis que pusieron para hallar irregularidades en las armas norteamericanas, aquella nave no hubiera despegado y la relación con los Estados Unidos sería algo más estable.

Días atrás WikiLeaks filtró un cable de la embajada norteamericana en Buenos Aires que afirmaba que en la Argentina no se respetan las instituciones.

El informe diplomático hacía referencia a un episodio ocurrido en enero de 2010, cuando el Gobierno reemplazó al titular del Banco Central Martín Redrado por Mercedes Marcó del Pont- para echar mano a las reservas. Redrado buscó otro rumbo y varios episodios de la farándula le permitieron ser más conocido que muchos precandidatos a presidente. Pero aquella observación de la diplomacia norteamericana sigue teniendo actualidad: aun cuando trasluzca una descalificación a la política argentina, señala que no se respetan las reglas de juego.

Por ese motivo, también, las empresas extranjeras están preocupadas por las licencias no arancelarias que impuso el Gobierno para frenar importaciones. ¿Justifica "el modelo" que se cambien las reglas legales de juego?

La presidenta Cristina Kirchner no está tan preocupada por las instituciones -algo que pregonaba en 2007- como por la campaña electoral. Por eso, parece inclinada a reforzar la transversalidad y postergar, en alguna medida, el protagonismo del peronismo. Es una mala noticia para el sindicalismo peronista, en especial para José Pedraza, que será procesado por la jueza Wilma López, y para Gerónimo Venegas, que será indagado por Norberto Oyarbide.

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