No, no y no. Categóricamente no". Con esta frase, ayer en conferencia de prensa, el presidente de Brasil descartó cualquier posibilidad de reconocer a Porfirio Lobo, elegido como futuro jefe de Estado de Honduras. Lula da Silva pareció atarse a su postura inicial: el desconocimiento de las nuevas autoridades en Tegucigalpa "es algo que está fuera de cuestión". Ocurre que el lunes por la noche, su asesor internacional Marco Aurelio García había dado señales sobre una tendencia del gobierno brasileño a aflojar la postura.
Lula fue incisivo cuando señaló que, aún cuando siempre haya defendido el diálogo, en el caso de Honduras no dudó en bloquear cualquier intento de conversación que pretendía establecer el presidente de facto Roberto Micheletti. "Este hombre faltó el respeto a los principios más elementales de la vuelta a la normalidad democrática de su país. Es un golpista que actuó con el máximo cinismo: asaltó el poder y convocó a una elección cuando no tenía ningún derecho de hacerlo". Según Lula, los golpistas "podrían haber hecho las cosas con más normalidad: volvía el presidente Zelaya y convocaba a las elecciones. Era todo lo que pedíamos. Pensamos que no debemos hacer concesiones a un golpista".
Y siguió: "El mantenimiento de los principios es un alerta para los aventureros". Juzgó que se necesita "afirmar las convicciones en algunos temas. Y lo concreto es que los golpistas no permitieron que Zelaya volviera para coordinar el proceso electoral. Esa es una señal muy peligrosa, muy delicada, sobre todo en América Central donde existen muchos países políticamente vulnerables".

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