El caso Ovando deja en evidencia la falta de sintonía entre el Gobierno y la pobreza

El caso Ovando deja en evidencia la falta de sintonía entre el Gobierno y la pobreza
Más allá de las cuestiones técnicas y judiciales, la exposición del caso María Ovando y los testimonios que se sucedieron hasta ahora en el marco del juicio oral en marcha, evidencian un trasfondo claramente identificable, donde la miseria, la vulneración de derechos básicos y el abandono estatal extremo se convierten en los elementos coyunturales centrales
Así, la historia de vida de María encuentra un correlato amplio en las peripecias de otras miles de “Marías”, que hoy, en toda la provincia atraviesan por contextos similares. La desnutrición infantil- invisibilizada adrede por el Gobierno provincial hasta hace un par de años, cuando la situación era insostenible-, la falta de acceso a servicios elementales como el agua potable y la energía eléctrica, y la ausencia de toda contención social y económica, atentan directamente contra toda posibilidad de mantener a los hijos en condiciones sanitarias óptimas y ponen en riesgo constante la vida de los infantes misioneros más castigados por la miseria.

Carolina, la pequeña hija de María Ovando que murió en marzo de 2011, padecía, como sus hermanitos, desnutrición infantil. ¿Cuál era la actitud por entonces del gobierno provincial con respecto a la desnutrición que, hoy se blanqueó oficialmente, la padecen miles de niños en Misiones?

Para entender el cuadro es necesario retrotraerse hasta un año antes. En marzo de 2010 el ministro de Salud Pública de Misiones era José Guccione, que por esa época ordenó desmantelar y cerrar el único espacio que tenía la salud pública para la atención de la desnutrición infantil: la Unidad de Recuperación Nutricional Creciendo Juntos, que funcionaba exitosamente en el Samic Oberá. “La desnutrición infantil no es un problema hoy en Misiones; hoy nos preocupa más la obesidad”, declaró el ministro Guccione entonces, en un testimonio antológico que sirvió de “explicación” para el inexplicable cierre. Ya entonces, quien era el encargado de esa unidad, un especialista en desnutrición infantil el doctor Basilio Malczewski advirtió: “Me dio mucha pena lo que hicieron porque se obró con mucho desconocimiento de la temática de la desnutrición infantil y sin tener en cuenta las serias consecuencias que este cierre puede tener. Los desnutridos leves son tratados por medio de tratamientos ambulatorios, pero los graves deben ser internados en unidades especiales porque se exponen a riesgos de estar en salas comunes. No se puede querer tapar el sol con las manos, siguen habiendo índices de pobreza y desnutrición, no hay que esconder la pobreza, debemos hacernos cargo”. Desgraciadamente, el tiempo le dio la razón al doctor Malczewski. Ese mismo año, murieron dos niños desnutridos, Milagros Benítez (Montecarlo) y Héctor Díaz (Apóstoles).

Paralelamente, los casos se denunciaban incesantemente en los medios, y acorralado por esta inocultable coyuntura, el Gobierno provincial decidió lanzar un programa que nunca estuvo incluido en su plataforma, para abordar una temática que en casi una década de gestión - del Frente Renovador- había sido sistemáticamente negada: la desnutrición infantil. Así nació el Hambre Cero, en principio coordinado desde Desarrollo Social. Una serie de desmanejos en la “asistencia” -consistente en unos pocos kilos de leche y 180 pesos- motivó en 2011 el traspaso del programa al Ministerio de Derechos Humanos, que ya lleva identificados 8 mil casos de desnutrición y bajo peso en toda la provincia, una cifra por demás elocuente en relación a la pobreza estructural y la situación límite que atraviesan miles de familias misioneras, y miles de “Marías Ovando” que no pueden alimentar debidamente a sus hijos.

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