Finalizaron las testimoniales en el juicio a Liliana Rivas, la mujer acusada de asesinar a su marido, Enzo Benedetich, hace cuatro años y medio. La semana próxima el tribunal y las partes se trasladarán a los lugares donde se sospecha que ocurrieron los hechos: el banco Bersa de calle Zanni y Almafuerte, el camino costero, el centro Mariápolis, entre otros.
Este fue el segundo debate, ya que el primero, que terminó con una condena a prisión perpetua para la viuda, fue anulado. A diferencia del anterior, este juicio tuvo como punto principal una testigo nueva, Ivana Tosso, compañera de trabajo de Rivas en Enersa, quien declaró que la mujer que había contado poco antes del crimen que planeaba matar a su marido contratando a un albañil. Esto reforzó la hipótesis de la Fiscalía (integrada por Cecilia Goyeneche y Rafael Cotorruelo) y la querella (representada por Marcos Rodríguez Allende y Walter Rolandelli), que plantean que la mujer le pagó a Rubén Flores, albañil y policía que luego se suicidó, para ejecutar a Benedetich.
Ayer declararon otros dos empleados de Enersa, los ingenieros Marcelo Moyano y Ariel Lell. Estos dijeron que tres años después del hecho Tosso les contó lo que declaró en el juicio, aquella supuesta confesión que le hizo Rivas, y que fueron llamados por la Fiscalía para contar este diálogo.
La incorporación de esta testigo nueva, como otros, fue cuestionada desde el inicio del juicio por los defensores Guillermo Vartorelli y Miguel Cullen, quienes cuestionaron el modo en que se obtuvieron las pruebas que ahora pretenden ser valoradas.
El tribunal de la Sala 2 de la Cámara del Crimen dispuso que el jueves se realicen las inspecciones oculares en los lugares donde habría transitado el auto con la víctima y los acusados.
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