Sectores católicos y políticos se movilizan con fuerza contra el proyecto de ley que impulsa el gobierno de Hollande
Por Luisa Corradini |
PARÍS.- Una nueva guerra de religión está a punto de estallar en Francia entre los "catofóbicos" y los "chupacirios", como se llaman unos a otros, a propósito del casamiento homosexual prometido por el presidente socialista François Hollande.
Pero ese conflicto, que se inscribe en la secular tradición laica de Francia, amenaza con desbordar la esfera ética y religiosa para convertirse en un enfrentamiento político explotado por el partido sarkozysta Unión para un Movimiento Popular (UMP) y la extrema derecha del Frente Nacional (FN) para atacar al gobierno.
A escasos días de la primera manifestación nacional contra el llamado "matrimonio para todos", prevista para el domingo, opositores y partidarios de esa promesa de campaña de Hollande multiplican sus acciones y declaraciones.
Imaginada como una auténtica evolución social, la medida ha terminado por provocar una guerra de trincheras en la que se enfrentan laicos contra católicos, judíos y musulmanes; derecha contra izquierda; sin olvidar la cantidad de oportunistas que piensan aprovechar la agitación para sacar partido.
La " manif para todos" del próximo domingo es un llamado lanzado por los opositores al matrimonio gay.
En los cortejos serán mayoritarios los católicos inflexibles, pero también habrá representantes de todas las religiones monoteístas, que se han declarado en contra del proyecto de ley.
Aquellos que invocan razones éticas para oponerse no serán los únicos. Como siempre, cuando el río se agita, los pescadores se precipitan. Por esa razón, los desfiles del domingo contarán con la presencia de todos los sectores de la derecha y la extrema derecha francesa, que ven en este fenómeno que inquieta a la sociedad una excelente ocasión de atacar al gobierno.
Jean-François Copé es uno de ellos. El nuevo líder de la UMP espera adherir militantes a esta causa que podría hacerle ganar apoyo tras un mes de enfrentamiento contra el ex primer ministro François Fillon.
La ultracatólica presidenta del Partido Demócrata Cristiano, Christine Boutin, para quien "los homosexuales pueden casarse, siempre que lo hagan con alguien de otro sexo", también llamó a manifestarse "a numerosos centenares de miles de personas en todo el país".
Decidido a llevar el enfrentamiento hasta sus últimas consecuencias, el ex ministro conservador Laurent Wauquiez reclama la organización de un referéndum. Un reciente sondeo de IFOP muestra que una mayoría de franceses está a favor.
En cuanto a la extrema derecha, ya sea por convicción o por oportunismo, prácticamente todas sus formaciones estarán en la calle.
La presidenta del FN, Marine Le Pen, no irá a desfilar, pero el buró político de su partido invitó a participar en la protesta.
Esa cacofonía es signo de un enfrentamiento entre un llamado lobby gay -que al parecer es importante- y la corriente mayoritaria, defensores de los valores tradicionales.
También estarán en la calle los xenófobos y los racistas de la Acción Francesa, del Bloc Identitario, de la Nueva Derecha Popular, una corriente neopagana e incluso militantes de la Renovación Francesa, un grupúsculo nacionalista, integrista y antisemita.
Frente a esa vorágine, Hollande está decidido a mantener el rumbo. Para el presidente, esta reforma "es una evolución en términos de igualdad de derechos, de modo que el proyecto llegará a su término". Así lo declaró el martes pasado, cuando recibió en el Palacio del Elíseo a los representantes de las tres religiones monoteístas de Francia.
Líder de una mayoría que defiende esta reforma, Hollande es también hijo de una iglesia que la aborrece. En su juventud, el actual presidente fue monaguillo y cantó en el coro. Hasta su comunión, fue un católico practicante "más bien ferviente, al menos hasta el secundario, y en la fe hasta la universidad", confió en 2002 a Jean-Yves Boulic.
Tal vez por eso el presidente no cedió ante quienes exigen la autorización de la Procreación Médicamente Asistida (PMA). El gobierno anunció anoche que Hollande y su primer ministro, Jean-Marc Ayrault, decidieron no incluir esa cuestión en la ley.
Dispuestos a serenar los espíritus, los líderes religiosos negaron ser responsables de la manifestación del domingo y recusaron la idea de "una coalición contra el Partido Socialista [PS]". Varios obispos estarán sin embargo presentes en los desfiles del domingo y han incitado a sus fieles a movilizarse.
El 60% de los franceses está de acuerdo con el matrimonio homosexual, mientras que sólo el 46% apoya la adopción, según un sondeo del instituto IFOP. Con la aprobación de esta ley, Francia será el 11° país que da a las parejas del mismo sexo la posibilidad de casarse y adoptar..


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