Muy lejos, en segundo lugar, quedó el pollo (55%), seguido del azúcar (54,3%). Se produce menos y cayó fuerte el consumo.
Según los datos de la Dirección Provincial de Estadística y Censos (DPEyC) a los que tuvo acceso El Diario de la República, la medición interanual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del período comprendido entre noviembre del año pasado e igual mes de 2009, arrojó que los cortes vacunos en general fueron los productos hogareños que presentaron mayor inflación. Las carnes rojas, tan apetecidas en las mesas de los argentinos, se posicionaron muy por encima del pollo, que trepó en ese mismo ciclo casi un 55 por ciento. Detrás siguieron el azúcar (54,3%), que anduvo faltando durante algunos meses y por eso fue noticia, los fiambres (49,8%), los quesos (43,8%) y la leche (35,4%).
Aunque la DPEyC no ahonda en detalles, basta con asomarse a los mostradores para comprobar que los aumentos fueron parejos para todos los cortes. No hay que remontarse muy lejos, basta con comparar los precios de octubre del año pasado con los actuales. Las subas en los cortes promediaron entre los cuatro y seis pesos, como es el caso del lomo que hace tres meses costaba 38 pesos y hasta la semana pasada superaba por poco los 42 pesos por kilo. O como el peceto, que tenía un valor de 36 pesos y ya entrado 2011 también se cotizaba en 42 pesos por kilogramo.
Según el informe mensual de la Cámara de Industria y Comercio de Carnes de la Argentina publicado a fines de setiembre de 2010, en los tres años anteriores a esa fecha el stock ganadero disminuyó en más de nueve millones de cabezas, por lo que la faena anual se contrajo 25 por ciento y las exportaciones de frescos y congelados retrocedieron un 54 por ciento. En esa oportunidad el titular de la entidad, Miguel Schiariti, había advertido: “La combinación de una menor oferta de carne vacuna con un gradual crecimiento de la población, se traduce en una significativa disminución del consumo por habitante”. Y por supuesto, la consecuencia es una suba marcada de los precios, siguiendo la ley de la oferta y la demanda.
Así, los consumidores debieron aprender a administrar mejor sus ingresos a la hora de las compras. “Me acuerdo que antes en mi casa comíamos bife de lomo con ensalada casi todos los días. Ahora lo hacemos de vez en cuando y encima con otro tipo de carne, como la bola de lomo”, contó Jorge, un joven de 27 años que pertenece a una familia tipo, de clase media, que esperaba a ser atendido en un supermercado de la ciudad para comprar un artículo de lujo como el asado para el fin de semana.
El caso de este consumidor es representativo de miles de puntanos. Un estudio realizado por el Programa de Producción del Ministerio del Campo de la Provincia, reveló que en los primeros ocho meses del año pasado el consumo de pollo en San Luis creció casi un 269% en relación con 2009, mientras que en el mismo período la compra de carne bovina retrocedió un 18,6 por ciento.
En 2010, los períodos en los que el precio de la carne subió de manera significativa fueron febrero y octubre, lo que derivó que durante esos meses hubiera una variación considerable del costo de vida para los puntanos de un 3,3% y un 4,4%, lo que demuestra a las claras que la dieta argentina no puede prescindir de la carne vacuna, cueste lo que cueste.
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