Carnavales: un entretenimiento que pierde espectacularidad

Carnavales: un entretenimiento que pierde espectacularidad

Se muestran este año menos exigentes en calidad y muy poco entusiastas. En el corsódromo Nolo Alías, el público se divierte y se deleita con los trajes y los cuerpos. Pero las comparsas ofrecen menos de lo que prometen.

Si el carnaval fuese un servicio público, bien podría afirmarse que, como la mayoría de las prestaciones, es deficiente, caro y que deja a los usuarios, en este caso espectadores, un gusto a decepción.

Si se analiza el carnaval solo como un entretenimiento del verano, podría decirse que el Nolo Alías, el corsódromo de la capital correntina, cumple: el público se divierte, baila, grita, salta al ritmo de las comparsas y agrupaciones musicales, y se deleita con los trajes, los carros, las mujeres y los hombres, y se enternece con los niños.

Ahora bien, si se evalúa el carnaval como espectáculo, el de este año sabe a poco. Las grandes comparsas ofrecen menos de lo que prometen. Sapucay, la gran competidora de la multicampeona Ara Berá, es un circo que no entusiasma; Arandú relata la historia del samba enredo sin contagiar y Copacabana sigue lejos de ser la Esplendorosa, aunque mejor este año.

Ara Berá, aun cuando esté menos imponente que años anteriores y enamore menos, sigue marcando la diferencia en todo. La comparsa sabe cómo sacarle provecho al corsódromo y es la única que, por ahora, mostró todo aquello que la prensa del carnaval convirtió en palabras trilladas: brillo, color y alegría.

En cuanto a las agrupaciones musicales, Samba Total, la también multipremiada Aplanadora, sigue siendo la que impone el ritmo. Nada nuevo bajo la luna del Nolo Alías.

Algunos inconformistas extremos se atrevieron a decir que lo mejor de los Carnavales Correntinos es la Escoba de Samba, el grupo de barrenderos municipales que limpia la avenida tras el paso de cada comparsa. Es una decepción en superlativo absoluto, pero gráfica.

Si se evalúa la organización, los corsos son caros ($ 145 las plateas, que no son más que tribunas de tablones bien ubicadas respecto del palco del jurado) y tienen una marca registrada: no se cumple con el horario de ingreso de las comparsas.

El viernes, Ara Berá debía entrar a las 3 del sábado, para cerrar la quinta noche. Con una hora aproximadamente de desfile, todo pudo haber finalizado a las 4. Terminó casi dos horas después.

No se entiende el porqué del retraso. Lo cierto es que, para un espectáculo que no colma, entre el 20% y 30% del público empezó a retirarse ese día a eso de las 3.30.

Lo del precio de las entradas, además del afán de lucro, quizá tenga que ver con mantener el carácter elitista que signó desde siempre a los carnavales correntinos. La paradoja es que, mientras mejoran las instalaciones del corsódromo, el espectáculo en sí pierde calidad. Y desapasiona.

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