Los cardenales se preparan para una guerra de presiones

 Los cardenales se preparan para una guerra de presiones
El Opus Dei y el movimiento de Schoenstatt tienen gran influencia, aunque cuentan con un sólo elector cada uno. En el Cónclave para la elección del nuevo Papa que comienza mañana en la Capilla Sixtina del Vaticano, participarán 115 cardenales electores que representan, además de 45 nacionalidades, también visiones muy diferentes de la Iglesia católica y de la manera de gobernarla.

En el Cónclave para la elección del nuevo Papa que comienza mañana en la Capilla Sixtina del Vaticano, participarán 115 cardenales electores que representan, además de 45 nacionalidades, también visiones muy diferentes de la Iglesia católica y de la manera de gobernarla. Los vaticanistas dividen el cónclave en "lobbies" que tendrán algo que decir a la hora de efectuar las votaciones.

Entre los más importantes se encuentran los “diplomáticos”, cardenales nombrados por Juan Pablo II, con el actual decano Angelo Sodano como cardenal secretario de Estado. De carrera diplomática vaticana, aparecen nombres como Giovanni Battista Re, Attilio Nicora o Leonardo Sandri, argentino que aparece en la lista de papables o candidatos a secretario de Estado.

Otro de los grupos son los "bertonianos", cardenales nombrados por Benedicto XVI y próximos al actual secretario de Estado y camarlengo, Tarcisio Bertone, ajeno a la carrera diplomática. Estos prelados rivalizan con la vieja guardia sodanista. Entre ellos están Antonio Maria Veglio, Giusseppe Versaldi o Giusseppe Bertello. Bertone no es papable, pero es un ejemplo claro de gran elector, capaz de dirigir las votaciones.

El renunciante Benedicto XVI no participa en el Cónclave, pero el Papa emérito juega sin duda un papel importante de cara a la elección de su sucesor. No sólo ha nombrado a más de la mitad de los cardenales electores, también ha elogiado públicamente a algunos de ellos. Se considera que su favorito es Angelo Scola, a quien puso al frente de la arquidiócesis de Milán, la más importante de Italia.

A los obispos italianos la prensa de su país los presenta divididos entre norte y sur. Los del norte simpatizan con Scola y el genovés Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana. Los del sur habrían perdido influencia desde que Crescenzio Sepe cesara en la curia como prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y fuera nombrado arzobispo de Nápoles.

Otro grupo de influencia en el Cónclave será el Opus Dei. La organización ultra conservadora fundada por el español Josemaría Escrivá de Balaguer sólo participa en el cónclave a través del arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, quien aparece en algunas listas de papables. Es una de las órdenes más activas de la Iglesia y fuertemente arraigada en España, Italia y América Latina. También pertenece al Opus Dei el cardenal emérito Julián Herranz, a quien Benedicto XVI encomendó la investigación del caso "Vatileaks", pero que no participa de la votación por superar la edad límite de 80 años.

Entre los "movimientos espirituales", el cardenal chileno Francisco Javier Errázuriz Ossa es el representante en el Cónclave del movimiento Schoenstatt, de presencia mundial, mientras que Angelo Scola es el principal exponente de Comunión y Liberación, movimiento seglar de raíces conservadoras fuertemente implantado en Italia y de rápida difusión por otros países. Scola es también uno de los principales papables.

Con respecto a las "órdenes tradicionales", entre los electores hay cuatro salesianos (Angelo Amato, Tarcisio Bertone, Raffaele Farina y Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga), tres franciscanos (Carlos Amigo Vallejo, Claudio Hummes y Wilfried Fox Napier), dos dominicos (Dominik Duba y Christoph Schönborn) y un jesuita (el argentino Jorge Mario Bergoglio). El papable más popular es el austríaco Schönborn, arzobispo de Viena.

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