Rerpercusiones del nombramiento de Gladys del Carmen Jiménez en la municipalidad que conduce "El Colorado"
TUCUMÁN (Redacción).- En particular cuesta creer en la incursión de personalidades del mundo del espectáculo a la política. Por la sencilla razón de que no es un salto definitivo el que dan sino que son identidades públicas prestadas para una coyuntura histórica determinada. Luego, estos artistas o personajes, así como de la nada irrumpen en el mundillo político, simplemente desaparecen y por lo general con una “penosa actuación” tras un breve tránsito.
La semana pasada se conoció que Gladys del Carmen Jiménez más conocida como “La Bomba Tucumana” fue designada en un cargo en la municipalidad que conduce el peronista Domingo Amaya (Acuerdo por el Bicentenario) nada más y nada menos que en el área de Cultura, pero en la primera aparición pública de corte netamente político-electoral confirmó la regla más temprano que tarde: los artistas no siempre suman a pesar de su popularidad. Hasta pueden perjudicar a sus eventuales padrinos, en este caso José Cano y "El Colorado", devenidos ahora en jefes políticos, en esta loca aventura de imponerse "a todo ritmo" al oficialismo (Alperovich-Manzur).
Recién llegadita, Gladys La Bomba Tucumana no soportó las preguntas de la prensa y se mostró intolerante, como “más de lo mismo”, con un nivel de agresión preocupante y un desconocimiento superlativo de la realidad que encendió todas las luces de alerta en la comunidad tucumana. Según el cálculo de la fórmula gubernamental por la oposición (Cano- Amaya) se supone que los seguidores o espectadores de La Bomba Tucumana -que están dispuestos a pagar para ver sus shows- deben traducirse en votos, pero la presentación de Gladys en sociedad - además de haber sido en soledad- fue un fracaso. Veamos.
Gladys atacó al legislador Ricardo Bussi por cuestionar su designación y desperdició la oportunidad para enseñarle que la democracia se consolida con más democracia evitando sumar más agresiones a una sociedad harta de violencia. La Bomba dijo que se iba a “preparar” para los nuevos desafíos del compañero Amaya, cuando se supone que primero uno debe capacitarse y recién entonces participar, no al revés. Afirmó que tiene “millones de proyectos” para proponer pero no pudo mencionar uno solo y, ya sospechando que se quedaba corta con las respuestas, apeló a la supuesta discriminación que “siempre” existe contra la mujer, sobre todo con una luchadora de “cuna pobre” como ella. Con mucha “humildad” varias veces usó la auto-referencia en un continuo “yo-yo” y desafió a los periodistas desinformados a investigar sobre su solidaridad, nunca antes publicada, pues hizo “más que un millón de políticos”. Expresó que su designación era motivo de felicidad para los tucumanos porque “no era pariente” de Amaya y que el “uso político” de su figura estaba bien porque hablamos de una persona “intachable” en todos los ámbitos de la vida. Finalmente dijo que “cree” en Cano, Amaya y Germán Alfaro, y que los “quiere tanto” que por ello “no les cobra las actuaciones” en fiestas, compleaños y actos políticos. Es decir, no hay deuda económica, por lo tanto su nombramiento en la "muni" no es una devolución de gentilezas por sus espectáculos gratuitos para la militancia.
El mensaje de Amaya de que hay que ser “exitista” fue un desaire para los estudiantes y profesionales de la Universidad de Tucumán que terminan preguntándose para qué seguir carreras universitarias si la idoneidad, capacitación, preparación queda de lado. Un duro golpe para los doctores de filosofía, museólogos, licenciados entendidos en la materia de Bellas Artes. Exhibición descarada de un doble estándar para los agentes de la cultura donde el perjudicado parece ser el que se sacrifica quemándose las pestañas estudiando. Mientras, José y Domingo, recalculando.
No somos de estas expresiones pero el contexto se presta. Sin ofender a nadie lo tomemos con humor por su carácter tragicómico. Parafraseando a la otra gran pensadora contemporánea Moria Casán, cabe la pregunta: ¿Cano y Amaya se quieren colgar de las lolas de la Bomba Tucumana por desesperación, porque no le cierran los números o no le encuentran forma a la campaña electoral?
Pero como decíamos al principio, la verdad es que para los artistas la incursión en política es como una suerte de vacaciones. Por algo no se quedan. Ojalá que no tengamos que desearle a Gladys que vuelva lo antes posible al mundo de la farándula, de donde no tendría que haber salido nunca.





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