Por Adrián VenturaLas mejores reformas son las que nacen de la introspección. Por eso, si son los propios jueces quienes reconocen que la Justicia no brinda respuestas adecuadas, es porque hay problemas. Pero en estos días de campaña no parece haber mucho tiempo para pensar en soluciones.
Los jueces piden generalizar el sistema de mediación, incluso penal; establecer oficinas y procedimientos judiciales más abreviados; sancionar una ley que autorice a fiscales a investigar los casos más graves, desechando los menos importantes -por ejemplo, un fiscal de Lomas de Zamora recibe 120 causas penales nuevas por día, un volumen inmanejable-, y crear un presupuesto para reformas.
* * *
Por cierto, durante el receso de hecho que los legisladores que están en campaña le impusieron al Congreso, pocos políticos prestarán atención a los problemas de la Justicia.
Hoy, la única expectativa que despierta el Poder Judicial gira alrededor de las impugnaciones que hizo el Acuerdo Cívico y Social a las listas testimoniales y, eventualmente, los fallos que puedan dictar los jueces electorales y, en última instancia, la Corte. Las candidaturas testimoniales tienen fuerza para arrasar con las instituciones, incluso con la credibilidad que, de a poco, intenta recuperar el Poder Judicial.
Ahora bien, volviendo al problema central, la saturación del sistema judicial y su ineficiencia es inocultable. Hace apenas 15 días, la Federación Latinoamericana de Magistrados, en una reunión en El Salvador, hizo hincapié en un caso reciente, pero olvidado: la agresión que sufrió el fiscal Enrique Lázari, víctima de una golpiza por parte de una turba de vecinos cuando dijo que un menor homicida, por ser menor, no iría a prisión. La gente, aun equivocándose, hizo venganza y corporizó la impunidad en el fiscal.
La gente reclama a la Justicia soluciones a sus conflictos; los políticos le reclaman otras soluciones. El diálogo parece lejano.
Comentá la nota