Una candidatura ineludible

La presentación de Cristina Fernández en un nuevo proceso electoral es la carta que falta tirar sobre la mesa nacional. Sin su juego, el oficialismo quedaría herido y sin apellido que postular inmediatamente. El ojo del politólogo Julio Burdman para dirimir el escenario
Las especulaciones sobre una eventual declinación de Cristina Kirchner a presentarse a la reelección en octubre no cesan. Es, en alguna medida, comprensible. En principio, porque esta posible decisión hoy pareciera ser una de las muy pocas, sino la única, que podría modificar en serio el escenario electoral. En cualquier cálculo, hoy el oficialismo es la fuerza política más importante del país, pero sin ella, nadie puede asegurar la unidad de la heterogénea coalición de gobierno.

A ello deberíamos agregar que fue la propia Presidenta la que se encargó de sembrar esta duda en algunas apariciones públicas. "No se hagan los rulos, yo nunca dije que iba a ser candidata", declaró tiempo atrás. Como estrategia, va a anunciar su decisión a último minuto. Es lógico: quienes van primeros, siempre quieren que las campañas sean más cortas.

Pero se descarta el contenido de la misma: será candidata. Detrás de las hipótesis de deserción hay supuestas razones personales. Conjeturas insondables. Las versiones que lo aseveran reclaman haber tenido acceso a informaciones privadísimas de la Presidenta -partes médicos, conversaciones con los hijos, confesiones catárticas sobre su estado de ánimo- que a nadie constan.

Mientras tanto, desde el análisis político, su candidatura luce ineludible. Está habilitada constitucionalmente a la reelección y, en todos los países presidencialistas, la postulación de los gobernantes con esta posibilidad es la regla. Las encuestas favorables, los indicadores económicos y el acompañamiento del oficialismo –que la necesita- la potencian. Y a ello podríamos agregar la particularidad de su caso dentro del relato kirchnerista. Si su esposo y líder político, Néstor Kirchner, se brindó completamente a la política, ¿qué clase de heredera sería ella si se retirara prematuramente, poniendo fin al kirchnerismo? La ética de la responsabilidad política se impondría por sobre cualquier preferencia privada, imaginaria o no.

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