En 10 años cerraron más de 250 clínicas en la provincia, según la Asociación de Sanatorios de Córdoba. El peligro se acrecienta en pueblos chicos.
Por problemas estrictamente financieros, muchas clínicas de la provincia están cerrando sus puertas con candado, para no volver a abrir jamás. Según datos de la Asociación de Clínicas y Sanatorios (Aclisa) de Córdoba, en los últimos 10 años, más de 250 centros de salud privados dejaron de existir en la provincia. En el interior, el dilema se agudiza.
El cierre de clínicas tiene dos principales impactos. Por un lado, las localidades del interior se quedan sin oferta médica privada y los afiliados deben viajar a ciudades más grandes en busca de una respuesta. En segundo lugar, los hospitales públicos y los grandes sanatorios urbanos se ven abarrotados. Especialmente en las camas de los internados. Se saturan clínicas de cabeceras como Córdoba capital, Río Cuarto, Villa María y San Francisco.
“El problema es financiero. Los aranceles no alcanzan para cubrir los costos. Las clínicas dejan de ser viables en lo económico. Tienen que lidiar con los incrementos de los empleados de la salud y con el aumento constante de precios. La devaluación también afecta. Los principales insumos médicos son importados”, indicó Gustavo Traballini, presidente de Aclisa.
En el interior, el impacto es mayor. Las pequeñas clínicas tienen menos espalda para hacerle frente al aumento de precios. En cambio, los grandes sanatorios sacan ganancias con la alta complejidad. A su vez, las obras sociales estatales como Pami derivan las internaciones a las grandes ciudades. Los pueblos chicos se quedan sin esta cápita.
Según Aclisa, en los últimos 10 años se cerraron más de 250 clínicas. Y que en la actualidad hay al menos otras 34 que están al borde de la clausura. La cifra no pudo ser cotejada por Rugepresa (Registro de Unidades de Gestión de Prestaciones de Salud). Sus autoridades indicaron que necesitan más tiempo para procesar el dato.
“Años anteriores, el problema principal eran las demoras en el pago. Se cortaba la cadena y había que esperar. Hoy no tenemos ese inconveniente. Pero el valor de los aranceles es muy bajo”, agregó.
Soluciones se buscan. Para frenar la inminente contracción de la oferta privada en salud, las clínicas están pidiendo un salvataje al Estado. La Asociación ya se reunió en Córdoba con el Ministerio de Salud provincial. Allí solicitó un incremento en los aranceles de la Administración Provincial de Seguro de Salud (Apross). A nivel nacional está más complicado. Las clínicas del país evalúan una medida de fuerza para los próximos días.
34
Sanatorios en riesgo. Esa es la cantidad de centros de salud privados que tienen serios problemas con sus finanzas.
Causas
Aranceles bajos. Las obras sociales pagan entre 60 y 120 pesos la consulta. No alcanzan a cubrir costos.
Cápitas trasladadas. Los afiliados de Pami que necesitan internación deben viajar.
Altos costos. De los insumos y el personal.
Porteña se quedó sin oferta privada
Todos los días del año, así lloviera o esté soleado, el doctor Juan Bautista Acevedo cargaba su maletín en el canastito de la bici y se echaba a andar por las calles de Porteña, un pueblo de seis mil habitantes ubicado al noreste de la provincia. Casa por casa atendía resfríos, vómitos y fiebres. A muchos no les cobraba. Y así fue cómo –con trabajo de hormiga y ritmo de bicicleta– fue armando las bases de lo que sería la cuarta clínica del pueblo: la Clínica Privada Córdoba.
Arrancó con poco y nada: un consultorio que compró apenas se recibió de médico en la ciudad de Córdoba. Un lote que adquirió junto a su socio Osvaldo Flores y puro corazón. En 1963, nacía una clínica que fue modelo en la región. Llegó a atender, en sus buenas épocas, patologías de alta complejidad. Y se convirtió en referente de la zona.
Pero a fines de los años 90, las vacas flacas comenzaron a asomar. El prestigioso cirujano René Favaloro golpeaba las puertas de la Presidencia para lograr que el Estado le pague una deuda de 18 millones de pesos. En la clínica del pueblo, la balanza de pago comenzaba a pesar cada vez más hacia abajo. El doctor Acevedo tuvo que vender sus propiedades, incluido el auto. Y otra vez fue la bicicleta el rodado que lo sostuvo.
Pasada la crisis del 2001, el cinturón se ajustó cada vez más. Quedaron sólo ocho empleados en blanco. Las grandes obras sociales, como Pami, derivaron las internaciones a las clínicas de ciudades más grandes. Como Morteros y San Francisco. Y las prepagas retrasaron tanto el valor de los aranceles, que algunas llegaron a pagar sólo 60 pesos por consulta.
El sábado pasado, la Clínica Privada Córdoba cerró sus puertas después de 51 años de vida, dejando así a Porteña sin oferta de salud privada. Las otras tres clínicas habían tomado el mismo rumbo un buen tiempo antes. La clausura reflejó una realidad en la que no están ajenas las localidades pequeñas del interior.
El sábado 9 de agosto, día del cierre, solo dos personas se llegaron hasta la clínica. El doctor Juan y su hijo Guillermo. Cuando echaron la llave por última vez a la puerta, su fundador no dijo palabra. En cambio Guillermo contó que pensó: “Es como haber bajado la tapa al cajón de un familiar”.
Comentá la nota