Desde 2011, una fundación oncológica brinda contención a muchos pacientes.
En 1996, durante unas vacaciones en Punta del Este, su hijo de ocho años comenzó a manifestar fuertes dolores en una de sus piernas. La pareja decidió adelantar el regreso. Cuando llegaron lo llevaron a un médico traumatólogo que lo revisó y dijo que, a primera vista, no había nada extraño. Para salir de cualquier duda le hicieron una radiografía y ahí se dieron con la peor noticia: el niño tenía un gran tumor. Así comienza la historia de la Fundación Oncológica Rodríguez Alzola (FOCA), presidida por Carlos Rodríguez Alzola.
Funciona en 20 de Febrero 474 y da atención, todos los días, a entre diez y veinte pacientes de toda la provincia e, incluso, a personas de otros países o el interior del país. En diálogo con El Tribuno, Rodríguez Alzola compartió la historia de este lugar en el que se realizan unas tres mil quimioterapias al año. Dice que la invasión de la enfermedad no es algo que solo vive el paciente, sino toda la familia.
También planteó un problema urgente: las obras sociales. Dice que las prestadoras no pagan lo mismo por los pacientes que se atienden en la fundación que lo que pagan por uno que realiza el tratamiento en una clínica o un hospital. "El problema es que las obras sociales dejaron de ser obras sociales y ahora se convirtieron en negocios. Existen diferentes categorías para pagar los aranceles del derecho a la quimioterapia. Somos los que más bajos aranceles recibimos por las prestaciones.", afirmó Rodríguez Alzola. "Para que esto cambie falta la intervención del Estado, pero casi siempre tiene otras prioridades y las fundaciones como esta quedan olvidadas y se vuelven muy difíciles de sostener", agregó.
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