Campo y producción, beneficiados por maquinaria de punta

Campo y producción, beneficiados por maquinaria de punta

Hoy el conductor, que ya no usa los pies, es un mero supervisor de las actividades que despliega la máquina.

 

La tecnología tiene diversos efectos sobre las profesiones. A algunas las hizo desaparecer, están aquellas en las que ejerció modificaciones para bien o para mal, pero en otros casos resultó una ayuda invalorable sin que nadie pueda discutir esa influencia. Es el caso de los conductores de tractores y todo tipo de maquinaria agrícola. Para ellos la llegada de la tecnología resultó una verdadera bendición que los transformó de esforzados peones a una especie de pilotos de Fórmula Uno, aunque de baja velocidad.

Este cronista tuvo varias oportunidades, durante la época de cosecha y en charlas referidas a la agricultura de precisión, de comprobar cómo cambió el trabajo de esta gente, que dejó de lado los viejos tractores diésel a los que había que acelerar con el pie y dejar parte de los brazos en los durísimos volantes para mantener la máquina en el surco. Cosas del pasado. Hoy el conductor es apenas un supervisor, todo lo hace la tecnología aplicada a partir de la carga de datos previa. Del resto se encarga el bólido, que debe llevar de todas maneras un hombre a cargo para evitar cualquier tipo de anomalía. “Puede fallar”, decía un viejo mentalista…

“Los pies ya no se usan, todo lo hacemos con las manos”, cuenta Juan, un tractorista contratado por un agricultor de Justo Daract durante la cosecha de soja. En la cosechadora que maneja, ahora el acelerador es manual y se aplica con la mano derecha, mientras la izquierda toma un volante mucho más dócil que los de antaño. En el parante están los visores digitales que miden cómo va la cosecha: velocidad promedio, rendimiento, densidad, número de pasadas, humedad del cultivo y cantidad de granos que ingresan a la tolva. Lo único que no puede evitar

Juan es el polvillo en los ojos que levantan las cuchillas, ni tampoco el ruido ensordecedor del motor.

Y dentro de todo, este tipo de maquinaria todavía depende de la mano del hombre. Va más aliviado, pero va arriba y es él que define los parámetros básicos de la marcha. Pero ya hay otras que realmente se manejan solas: tractores con piloto automático. Todo lo definen a través de la carga de datos georreferenciados, o sea que basta informarle a la máquina las coordenadas para que vaya y vuelva por los surcos. Y además sabe todo lo que tiene que hacer para desenvolverse sin conductor. Incluso se puede determinar por computadora cuántas semillas debe largar en cada micro parcela durante la siembra para optimizar el rendimiento, según lo que dictaron los estudios previos del suelo.

“La agricultura de precisión incluye varios pasos. El primero es la recopilación y el ordenamiento de la información geográfica. Los métodos más eficientes de implementación de manejo variable de insumos tienen como punto de partida la conformación de una base de datos digital y georreferenciada de los campos. Toda esa información luego es ordenada: imágenes satelitales, índices verdes, carta de suelo, topografía y mapas de rendimiento anteriores”, explica Martín Artigue, de la firma cordobesa A&T, que asesora a varios agricultores puntanos. 

Lo bueno es que a pesar de sumar tecnología, el campo sigue demandando mano de obra humana. Porque si bien el tractor puede andar solo, es necesario tener empleados que manejen los monitores, que sepan armar las prescripciones y que brinden servicio técnico. Eso sí, los chapuceros también quedaron en la historia. Ahora es vital el personal especializado.

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