Día de campo entre cultivos de amapola

Sólo la cantidad de bombas artesanales plantadas por los insurgentes dificulta el avance de las tropas atlánticas en la ciudad de Marjah y causa bajas. Como parte del nuevo plan de Washington, el gobierno afgano tomará a su cargo la seguridad en la zona.
Tanques barreminas de 70 toneladas y cuerdas con explosivos ayudaban ayer a unos 15 mil soldados norteamericanos, británicos y afganos a abrirse paso en medio de un mar de bombas artesanales y minas antipersona colocadas por los talibanes. A pesar de que los milicianos presentaron poca resistencia, las tropas avanzaban lentamente entre los campos minados hacia el centro de la localidad de Marjah. Era el inicio de la anunciada operación Moshtarak ("Juntos", en lengua dari), para restablecer la presencia del gobierno de Kabul. Al menos la mitad del contingente militar bajo el mando conjunto norteamericano y de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) consiguió entrar ayer por carretera y a bordo de helicópteros, en este paraíso del narcotráfico controlado por un millar de insurgentes islamistas.

"Marjah es el último santuario enemigo en la zona de operaciones" en Helmand, afirmó el general norteamericano Larry Nicholson, vocero de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF).

El escenario es uno de los principales mercados de opio de Afganistán, un valle fértil a orillas del río Helmand. Está ubicado en el tercio norte de la sureña provincia de Helmand, en un paisaje que intercala los caseríos con cultivos de amapola y canales de riego.

La operación Moshtarak es distinta de las que la ISAF ha realizado en Afganistán desde 2001 y es la más ambiciosa desde entonces. Marca, además, el inicio de la aplicación del nuevo plan de guerra del gobierno de Barack Obama para retomar la iniciativa de la campaña afgana, frente a la creciente actividad de los talibanes y la impopularidad de la ocupación en Estados Unidos.

La estrategia de publicitar anticipadamente la ofensiva, sumada al enorme poder de fuego terrestre y aéreo que traen los militares, junto con los contactos políticos con ancianos y jefes de las comunidades locales han sido usados para intimidar a los talibanes y restarles apoyo de parte de la población local.

Así, los milicianos optaron por sembrar el campo con bombas y minas y, según el ministro afgano de Defensa, el general Abdul Rahim Wardak, presentaron sólo una "resistencia esporádica" al avance de los soldados. Los combates se saldaron ayer con la muerte de una veintena de combatientes, además de un militar de EE.UU. y otro británico.

El ministro Wardak explicó que en anteriores ofensivas las fuerzas extranjeras y afganas tomaban los bastiones insurgentes, pero después "no quedaba una presencia de las fuerzas de seguridad". Por ello, el mando aliado se empeña en explicar que detrás de las tropas vienen equipos con ayuda humanitaria e infraestructura, y que el gobierno afgano establecerá una policía local, en lugar de retirarse al poco tiempo, lo que en otros casos permitía el regreso de los talibanes.

Otra preocupación del gobierno afgano es la pérdida de vidas en la ofensiva. El presidente Hamid Karzai pidió a las fuerzas internacionales que eviten las bajas civiles y descarten el uso del ataques aéreos en zonas urbanas.

Obama se juega la sonrisa 2012

En una muestra de la urgencia por encaminar la campaña afgana hacia una retirada de tropas, el presidente de EE.UU. decidió aumentar este año a casi cien mil las tropas desplegadas en Afganistán, junto con un plan para tomar control del territorio y proveer de asistencia a la población a medida que el gobierno de Kabul siente presencia y se haga cargo de la seguridad. Más importante que la ofensiva sobre Marjah será el éxito del gobierno afgano en retener el control de la zona y evitar que vuelva a manos de los talibanes. Habrá otros "Marjah" este año, pero a mediados de 2011 comenzará la retirada, que debe terminar junto con las elecciones norteamericanas de 2012. Obama espera apuntalar su candidatura con las imágenes de los soldados regresando a casa.

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