“La Jungla” es uno de los asentamientos más grandes de Europa, ubicado en el puerto de Calais y en el que viven unos 2500 migrantes de diversos orígenes.
La miseria es tan extrema que, según dicen, allí no pueden vivir ni los animales. No hay agua, alimentos, ni ropa. Los chicos y las mujeres están expuestos a enfermedades contagiosas y son presa fácil para la explotación laboral y sexual. Se trata de “La Jungla”, uno de los campamentos de refugiados más grandes de Europa, ubicado en el puerto francés de Calais y en el que viven unos 2500 migrantes.
El asentamiento “avergüenza a Francia”, tituló esta semana el sitio web español El Confidencial, que se sumergió en ese mundo de precariedad y realizó una detallada radiografía sobre la situación que padecen miles de refugiados. Uno de ellos es Abder Rahman, quien vive en una choza levantada con plásticos y trozos de madera junto con otras siete personas desde hace dos meses. “Un día participé en una manifestación y las fuerzas de seguridad del gobierno me ficharon. Si me quedaba en Sudán, me mataban”, contó el hombre a la periodista Lorena Martínez, autora del artículo.
La “pequeña vivienda” de Rahman es una de las tantas que fueron levantadas en el improvisado campamento, que antiguamente funcionaba como un basural. “Es el campo de refugiados más desorganizado que he visto nunca”, afirmó Pierre-Pascal Vandini, quien lleva más de 30 años trabajando para Médicos Sin Fronteras (MSF). “No hay un registro -denunció- de la gente que vive aquí. Nadie les informa de sus derechos. Es un territorio sin ley.”
“La Jungla” es un espacio en constante movimiento, con nuevas carpas y casillas que los recién llegados montan cada día y que se organizan según el país de origen. Los barrios sirio, afgano, eritreo, etíope y paquistaní son los más importantes entre los miles de refugiados que escapan a la guerra, la violencia y el hambre, ya sea desde Medio Oriente o África.
Los inmigrantes no reciben ayuda del gobierno francés, sino de distintas ONG y voluntarios que ayudaron en la construcción de una pequeña escuela, una biblioteca y una iglesia. El templo, en el barrio eritreo, es una de las estructuras más altas del lugar.
“Nos marchamos de Siria huyendo de Daesh (Estado Islámico) y esperamos llegar a Reino Unido”, aseguró Ahmal, otro de los refugiados en el campamento de Calais, situado a pocos kilómetros del Eurotúnel, que conecta Francia con Inglaterra. “La parte más difícil de este viaje –contó Ahmal- es llegar hasta allí. El resto de los problemas podemos afrontarlos. Solo necesitamos paciencia porque no tenemos otra opción.”
A pocos metros, tres etíopes aprovechan la tarde para lavar su ropa en uno de los pocos puntos de agua potable distribuidos por el campamento. Esas fuentes son usadas al mismo tiempo por otros para rellenar bidones o para darse una ducha rápida de agua fría. En todo el campamento hay 40 baños móviles, uno cada 75 personas, muy por debajo del mínimo de uno cada 20 establecido por la agencia de la ONU para los refugiados. Un estudio reciente realizado por la Universidad de Birmingham confirmó “las pésimas condiciones” del campamento, que “no cumple los mínimos de saneamiento e higiene establecidos por las organizaciones internacionales.”
Comentá la nota