Una vez más los argentinos tuvimos que escuchar, azorados, un cúmulo de anuncios de la presidenta basados en mentiras que forman parte del relato K. Rodeada de 16 de gobernadores genuflexos, empresarios amigos y militantes rentados, Cristina habló por cadena nacional para lanzar –con bombos y platillos- paupérrimas medidas para los productores trigueros, asistencias crediticias muy poco creíbles y una nueva reestructuración de las deudas que tienen las provincias con el Estado nacional.
En la actualidad, los bancos constituyen el sector que más gana. Y lo hace en base a una usura sin límites, no pagando impuestos por su enorme rentabilidad y cobrando tasas –y comisiones- exorbitantes que ponen en jaque a todos aquellos que tienen la suerte de acceder algún tipo de financiamiento. Esto es producto de una política económica que protege y privilegia a la llamada “patria financiera”.
Asimismo, el presente de los sectores industriales, que aún quedan en pie, en un país que tiene una economía absolutamente primaria, también es penoso al punto que las principales automotrices (algunas de ellas radicadas en la Provincia, más concretamente en General Pacheco), que se dedican a ensamblar autopartes que se producen en otras naciones, han tenido que suspender a gran parte de su personal como consecuencia de la recesión.
Ayer, entre los gobernadores presentes, estaba Daniel Scioli que quiere ser presidente y evita mostrarse como una verdadera alternativa al régimen vigente. Si realmente buscara ser una opción, no debería haber aceptando ser un auténtico convidado de piedra en momentos en que la Presidenta pronunciaba un discurso que nada tenía que ver con la realidad y mientras la Casa Rosada emprende acciones que atentan contra los intereses de los bonaerenses.
Refinanciar las deudas a las provincias no es ninguna solución. Por el contrario, aumenta la dependencia. Y esto ocurre, en el caso concreto de Buenos Aires, debido a que el gobierno nacional -que dicho sea de paso no administra escuelas ni hospitales- se queda indebidamente con miles y miles de millones de pesos que aportamos todos los bonaerenses cuando pagamos el IVA, el impuesto al cheque y otros tributos regresivos, que no vuelven bajo ninguna modalidad.
Scioli fue votado por más del 54% de los ciudadanos para que sea un gobernador que defienda los intereses de la Provincia. Esto significa, por ejemplo, garantizar las condiciones para que podamos caminar tranquilos por las calles sin ser asesinados por delincuentes o para poder ser asistidos en un hospital que tenga gasas y alcohol para curar heridas.
Lamentablemente, derechos tan básicos, en la principal provincia del país, no se cumplen. Y esto se debe a que, estructuralmente, Buenos Aires es económica y financieramente inviable.
La crisis estructural se agravó, en los últimos años, porque Scioli jamás reclamó que se ponga fin al centralismo federal. Nunca exigió ni esbozó reclamo alguno para que se distribuyan los recursos de forma acorde a lo que aporta cada jurisdicción que, en el caso de la provincia de Buenos Aires, representa el 40% del PBI nacional.
Crisis triguera
Llamó poderosamente la atención que el gobernador se haya conformado con los tibios anuncios que ayer realizó la presidenta para el campo, más específicamente para los productores trigueros, a los que se les habilitó exportar apenas medio millón de toneladas, pero sin tocar las retenciones que recauda el fisco nacional.
Hay números que dan miedo: en la última década, la producción de trigo, por falta de rentabilidad, se desplomó en un 50%, afectando uno de los corazones productivos del campo bonaerense como es la zona de Tres Arroyos, Coronel Dorrego, Gonzales Chaves, San Cayetano, Benito Juárez y Coronel Suárez.
Obviamente, al caer estrepitosamente la oferta de trigo, aumentó de forma sideral el precio de sus derivados como son la harina y el pan. Y eso se siente, cada vez con más fuerza, en la mesa de las familias humildes.
Hace apenas unos días, el Ministro de Asuntos Agrarios bonaerense, Alejandro Rodríguez, había considerado que “sería importante” rebajar las retenciones al comercio del trigo con objeto de incrementar la producción del cereal. A las palabras se las terminó llevando el viento y la incipiente “rebeldía” que había mostrado el sciolismo, poniéndose al lado de los castigados productores rurales, quedó definitivamente sepultada por los acuerdos políticos que se tejen a espaldas de la gente. No les servirá de nada porque, como decía Perón, la única verdad es la realidad. Y esta muestra que la miseria campea en gran aporte de la provincia más rica del país.



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