Cambio

Por Hugo Caligaris.

"A mí me encargaron que mantuviera el tipo de cambio. Ese es el pilar del modelo. No voy a permitir que las importaciones pongan presión sobre el dólar."

Veinte años no es nada, pero ¡cómo ha cambiado el país en veinte años! En la década del 90, lo esencial era el tipo de cambio. Hasta un niño sabía que un dólar y un peso eran iguales. Ese era el pilar del modelo, hasta que un buen día se desplomó, junto con el gigantesco edificio que sostenía, sobre la cabeza de un radical que pasaba por allí en el momento menos indicado.

¡Uno a uno! ¡Qué engaño! Tarde o temprano se nos tenía que caer la venda de los ojos. La ficción paga, pero con moneda acuñada en el país de Babia. Hacía falta un cambio, un nuevo paradigma. Ahora un dólar vale cuatro pesos. Los reaccionarios dicen que en el fondo es lo mismo, que mantener fijo el tipo de cambio sigue siendo el pilar del modelo, pero no se dan cuenta de las diferencias. Ya no va más el retrógrado uno a uno: rige el revolucionario uno a cuatro.

Hay que ser necio para no valorar la profundidad del cambio. Sea que la inflación haya rondado el diez por ciento en los últimos años, como dice el Indec, o el veintipico, como dice el mercado, el tipo de cambio sólo recula unos pocos centavos. Claro: ante esto, no faltan los astutos que se comienzan a avivar de que todo lo que viene de afuera es más barato. Pero el gobierno popular les cerrará la puerta, prohibiendo por decreto la introducción de objetos importados.

Los que puedan viajar, que vayan a Miami. Apreciarán allí la fuerza incontenible del peso. Los que se queden, no deben tener miedo: con subsidios, sanciones y otros pases de magia nuestras autoridades lograrán, por un tiempo, que no nos falte nada. Mientras tanto, el pilar del modelo espera a su siguiente candidato. Siempre es bueno caer en terreno mullido cuando la materia se agota y las creaciones colectivas se desgastan.

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