Varios grupos luchan por el control del negocio de la droga que dirigía "El Chango"
CIUDAD DE MEXICO.- Con la captura de José de Jesús "El Chango" Méndez, líder del cartel de La Familia Michoacana, el gobierno de Felipe Calderón logró descabezar a uno de los grupos más sanguinarios de México, cuyo negocio de tráfico de drogas se disputan ahora varios grupos rivales.
Detenido anteayer en una operación policial realizada en el estado de Aguascalientes, "El Chango", de 38 años, deja al cartel de La Familia sin un sucesor claro, debido a la fractura que sufrió el grupo en marzo pasado, tras la muerte unos meses antes de su líder ideológico, Nazario "El Chayo" Moreno.
De hecho, los hombres de "El Chango" llevaban varias semanas librando una feroz batalla con el grupo escindido de La Familia autodenominado Los Caballeros Templarios y comandado por otros dos antiguos dirigentes del cartel michoacano: Servando "La Tuta" Gómez y Enrique "La Chiva" Plancarte. En los últimos días, una treintena de sicarios aparecieron muertos en Michoacán a causa de esa guerra abierta entre las dos facciones.
Al anunciar la captura de "El Chango", que se produjo sin disparar un solo tiro, el secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional, Alejandro Poiré, dijo, en una conferencia de prensa, que con el golpe asestado a La Familia había quedado destruida la estructura de mando de esa organización criminal.
Ayer, al presentar ante la prensa a "El Chango", el comisionado de la policía federal, Facundo Rosas, señaló que, desde 2008, fueron detenidos 710 miembros de La Familia, de los que medio centenar pertenecían a la estructura de mando del cartel.
El capo detenido compartía la cúpula de La Familia, una banda seudorreligiosa surgida en 2006, con "El Chayo", hasta la caída de éste, en diciembre de 2010, en un enfrentamiento con la policía, que nunca mostró su cadáver.
Descabezar y atomizar
La captura de "El Chango" se enmarca en la estrategia del presidente Calderón de descabezar a los carteles, "bajo el supuesto de que se van a atomizar, a debilitar, y de que serán menos violentos", dijo José Luis Piñeyro, experto en temas de seguridad y profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). "Pero eso hasta ahora no ha ocurrido; los carteles mexicanos se han recompuesto y hay seis o siete grupos grandes que siguen operando en el país", precisó Piñeyro.
En México operan en la actualidad los carteles de Sinaloa, El Golfo, Los Zetas, Juárez y La Familia, además de otros menos poderosos, como los de Arellano Félix (Tijuana) y el de los Beltrán Leyva.
Según el especialista, después de la captura de "El Chango", queda por ver si La Familia Michoacana "se deshace o si se reacomoda con otros carteles para controlar una región clave en el tráfico de drogas".
Ubicado en el litoral del Pacífico, el estado de Michoacán cuenta con campos clandestinos de marihuana y amapola y es un importante receptor de cocaína procedente de América del Sur. Los carteles que operan en el estado son precursores en la elaboración de drogas de diseño en laboratorios enclavados en zonas serranas, desde los que se envían toneladas de estos estupefacientes al demandante mercado estadounidense.
Desde su fundación, en 2006, La Familia extendió su influencia de Michoacán a los estados de Guerrero (Sur), Jalisco (Oeste), Guanajuato y Estado de México (centro).
Según los expertos, el grupo que podría ocupar el lugar dejado por "El Chango" es el de Los Caballeros Templarios. En las últimas semanas, el líder de La Familia había intentado aliarse con el violento cartel de Los Zetas, un grupo rival en el pasado. Según fuentes policiales, ese acercamiento habría causado la guerra sin cuartel emprendida por la facción liderada por "La Tuta" y "La Chiva".
Para Piñeyro, la captura de "El Chango" abre de nuevo el debate sobre la eficacia de la política de Calderón en su lucha contra el narcotráfico. Una estrategia lanzada en diciembre de 2006 y que ha dejado un saldo de unos 35.000 muertos desde entonces y una sociedad angustiada por el clima de impunidad que se vive en todo el país.
"Es una estrategia poco convincente porque lo que vemos es la captura de capos, pero no la de los barones de cuello blanco, aquellos que lavan las ganancias del tráfico de drogas; la estrategia debería golpear el nervio financiero del crimen organizado", advirtió Piñeyro.

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