“Una de cada cuatro personas tiene trastornos de ansiedad”

“Una de cada cuatro personas tiene trastornos de ansiedad”
“Durante muchos años la gente tenía la impresión de que los psiquiatras eran personas mayores, con barba y pipa y que repartían pastillas, dormían a la gente y encerraban locos”, dice durante los primeros minutos de la entrevista. Su misión, entonces, era la de derribar esos prejuicios y hablar sobre una disciplina que ayuda a dar una mejor calidad de vida a muchas personas. Para eso, antes que nada, dice lo suyo.
Gustavo Vacaflores, no tiene barba ni fuma pipa. Tampoco encierra locos. Es psiquiatra desde 1995 y desde un año antes vive en Salta. Llegó al hospital psiquiátrico por equivocación porque, en realidad, el quería hacer la especialidad en medicina legal, para lo que iba a rendir en Córdoba, pero un tío le aconsejó que se quedara porque pensaba que en Salta estaba la especialidad en esa área. Entonces Vacaflores le mandó sus papeles para que lo inscribiera en los exámenes y luego se presentó a rendir. Aprobó. Lo felicitaron por haber entrado a psiquiatría. Así se dio cuenta del malentendido, pero ya se había vencido la fecha de examen en Córdoba, así que con una salida muy elegante contestó que el quería hacer psiquiatría forense y que, para eso, antes debía hacer psiquiatría general. Realizó la residencia interdisciplinaria de salud mental en el hospital psiquiátrico.

Más adelante, en un congreso, comenzó a interesarse por la psiquiatría biológica, algo que lo comunicaba mucho más con su lado médico, que se traduce en el estudio del cerebro, las fallas en los neurotransmisores, entre otras cosas. En ese mismo congreso, Vacaflores participó de un simposio sobre ataques de pánico que marcó el inicio de lo que considera su especialidad: los trastornos de ansiedad.

Por esos años se había creado también el Colegio Argentino de Neuropsicofarmacología que luego se regionalizó, formándose así el Colegio de Neuropsicofarmacología del Noa, que fue presidido por Vacaflores. Luego fue becado para realizar una beca en la Habana, en Cuba e hizo una rotación de su residencia allí, donde se llevó una gran desilusión. “Lo que me vendieron como el gran adelanto médico en neurociencias, no era tal, no había nada. No había libros, tecnología. Recuerdo que había un equipo de electro shock muy precario con el que los lunes, miércoles y viernes se hacían aplicaciones a pacientes. Ese era el antidepresivo que había, la electrocompulsivo - terapia. Y los resultados eran magníficos”. Esa primera gran desilusión le significó un desafío. Aprendió mucho de esa época.

Hoy, el médico que dice disfrutar mucho de pescar y andar en moto, estima que ha realizado unas 700 mil entrevistas a más de 7400 pacientes que han pasado por su consultorio. Es divorciado, tiene dos hijas y una del corazón, la hija de su pareja Silvia. “Todas mis chicas me acompañan en esta aventura de la psiquiatría y aguantan mis propias locuras”, dice. Selva y Chocolate también lo acompañan. Son sus perros y juntos van a dar lindas caminatas.

¿Qué son los trastornos de ansiedad?

Los trastornos de ansiedad se denominan así porque tienen síntomas en común como la taquicardia, sudoración, rubor, sensaciones de mareos, falta de aire, desmayos, tensión muscular, bruxismo, trastornos gastrointestinales, problemas dermatológicos, pero que se manifiestan de manera diferente en relación a lo que piensa el paciente de lo que siente.

Hay trastornos de pánico, en los que el paciente siente una opresión en el pecho por la que piensa que va a morir. Y antes pasaba más que llegaba el paciente al médico y los síntomas se le habían pasado y decía: “Doctor, le juro que hasta hace diez minutos me moría”. El médico le hacía estudios como electrocardiogramas o electroencefalogramas y daba todo bien. Esto es frecuente en los trastornos de ansiedad.

En este sentido, ¿es probable que en los últimos años se haya acelerado la llegada a un diagnóstico?

Totalmente. Según algunos estudios, hace unos años la demora en hacer el diagnóstico correcto desde el inicio de los síntomas, era de 15 años, más o menos. Hoy, en el peor de los casos, el diagnóstico demora un año.

¿Cuán importante es llegar a un diagnóstico temprano?

Es muy importante, como en cualquier patología. En este sentido son muy importantes los medios de difusión. La difusión y la psicoeducación puede hacer que los pacientes accedan a tratamientos efectivos y se recuperen. Es importante destacar que la mayoría recupera casi el 80% de su sintomatología en las primeras doce semanas de tratamiento. Los pacientes lo definen como “mágico”.

¿Cuáles son los trastornos de ansiedad más frecuentes entre los salteños?

Son más o menos los mismos en todos lados. La agorafobia o el miedo a salir a los espacios abiertos, la fobia social o el miedo a la gente. Cuando el paciente entiende que lo que siente existe, tiene un tratamiento y está estudiado aparece uno de los primeros elementos instantáneos de mejoría. Siente que hay un otro que lo entiende. Empatía que a veces ni siquiera la encontraban en su núcleo familiar.

¿Hay más casos de personas con trastornos de ansiedad que antes a raíz de estilos acelerados de vida, el estrés, las exigencias laborales?

No, creo que lo que ha habido es mayor difusión, entonces tenemos la percepción de que sí hubiese incrementado. Una de cada cuatro personas presenta algún tipo de trastorno de ansiedad en algún momento de su vida, un 25 por ciento de la población. Recuerdo una vez que me hicieron una entrevista para la revista del diario en la que hablábamos de las crisis de pánico y, el martes siguiente, daba una charla y se llenó de pacientes que no entraban en el salón. Se ha ido perdiendo el miedo al psiquiatra.

¿Cómo se originan este tipo trastornos?

Los trastornos de ansiedad son multifactoriales aunque hay una predispocisión biológica, un desencadenante, un sostenedor. De hecho no todo el mundo padece lo mismo pero hay cierta heredabilidad.

¿Qué son los trastornos de ansiedad generalizada?

El TAG es uno de los más frecuentes trastornos. Tiene la particularidad de que va a cambiar de acuerdo a la situación que esté viviendo la persona. Son pacientes que se preocupan por todo y no pueden hacer nada. El mayor porcentaje son mujeres. Por ejemplo, esas madres que llaman permanentemente por teléfono a sus hijos y necesitan tener absolutamente todo bajo control. Para poner un ejemplo popular, diría que el claro ejemplo es el personaje Dolores Solari, interpretado por Antonio Gasalla. Una persona totalmente negativa que dice “seguramente esto va a salir mal, porque vos viste cómo es esto, no es fácil, no cualquiera”. Es ver toda la vida desde el pesimismo, con ideas catastróficas. Tenía una paciente que tenía una hija adolescente y no la dejaba salir si antes no le mostraba la bombacha con la idea de que si le pasaba algo y debía ir a reconocer el cuerpo, debía al menos poder reconocer la bombacha que llevaba puesta. Entonces van afectando también a las personas que lo rodean y es muy fácil transmitírselos a los hijos.

¿Qué son los trastornos obsesivos compulsivos?

Es uno de los trastornos más frecuentes, el quinto en prevalencia psiquiátrica y el que menos se consulta por lo avergonzante de la patología. El TOC es patológico cuando te ocupa más de una hora de tu día. Por ejemplo, ayer fui a visitar a un paciente a su domicilio. Una persona que hace ocho meses que no se baña y no sale de su casa, con coleccionismo y problemas de contaminación y miedo de que lo envenenen, entonces come del mismo plato junto a su madre. Ese es un trastorno obsesivo muy grave. Ese chico no consulta porque ni siquiera puede salir de su casa.

Después hay otros casos mucho más divertidos. Como aquellos que se lavan las manos ochenta veces, o que tienen obsesión con la simetría, el orden, la limpieza, o dar la vuelta determinada cantidad de veces la cucharita al ponerle azúcar al café. El paciente entiende que es una idea ilógica y ridícula, pero no la puede controlar y le genera mucho malestar.

¿Cómo son los tratamientos?

Son hechos a medida. No hay nada estandarizado porque si bien hay moléculas o fármacos que son en común para algunos pacientes, no son iguales las dosis. Cada uno tiene su sensibilidad y su respuesta. Apuntan, todos, a devolverle la calidad de vida a la persona y a su reinserción social.

¿Son tratamientos largos?

Duran un promedio de 24 meses, lo que no implica que haya que esperar ese tiempo para ver los resultados. El 80 por ciento de la mejoría aparece en las primeras doce semanas. Luego, también, es importante la orientación y los ejercicios que el paciente debe hacer fuera del consultorio.

¿Qué es la cibercondria?

Tiene que ver con ese a veces aliado y a veces enemigo que es internet, donde podemos encontrar cosas muy buenas o cosas muy malas, o completamente descabelladas porque hay allí mucha basura. La cibercondria ocurre cuando el paciente llega y dice “doctor, tengo una enfermedad que todavía no se descubrió pero yo sé que la tengo”, porque lo leyó en internet.

Y en el marco de las fobias sociales, ¿podemos hablar también de las nuevas tecnologías y la dependencia de dispositivos como el teléfono celular?

Es que la tecnología, a veces, nos termina enmudeciendo. Hoy las adicciones comportamentales a la tecnología están haciendo eso. Y uno no se puede separar de este aparato.

Estamos conectados, pero solos. La modernidad hace que se vayan perdiendo cosas muy divertidas como el contacto con el otro, el mirarse a los ojos, el tocarse las manos, el sentir un abrazo. Desde el teléfono el emoticón del abrazo es bonito, pero transmite menos. Todo esto, a veces, también genera trastornos de ansiedad.

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