Por Adrián VenturaLas reformas cosméticas no sirven. Hay que buscar soluciones de fondo, aunque nada de esto ocurre. En materia judicial, los miembros radicales y peronistas del Consejo de la Magistratura impulsan un nuevo reglamento para acelerar los concursos de jueces. Proponen plazos más breves. Es necesario reformar ese reglamento, pero ¿los problemas de la Justicia no son mucho más profundos? En definitiva, el Consejo tampoco administró eficientemente a la Justicia, ni impulsó la oralidad de los juicios ni imaginó cómo transformar el vetusto judicial en otro más adecuado al siglo XXI.
En estos días, el Congreso debate si las retenciones deben ser fijadas por el Ejecutivo o por el Congreso -olvidando que éste es el titular constitucional de esta atribución- y se empalma el asunto con una negociación sobre su alícuota, discutiéndose si debe ser del 35% o si hay que reducirla uno o dos puntos. Otro despropósito: la alícuota no debería superar el 10 o 15%.
La Corte, desde la década del 40, dijo que el límite de la confiscatoriedad es el 30%, no lo autorizó para gravar ingresos brutos, sino transmisión de legados, ahorros obligatorios u otras rentas (por ejemplo, casos Gobierno de Italia, de 1941, o Horvarth, de 1995). Pero una alícuota así sobre ingresos brutos, por efecto acumulativo, termina siendo confiscatoria. Los legisladores olvidan que las retenciones gravan un ingreso bruto, por lo cual el impacto final en el renta del productor es muchísimo mayor. Ejemplo: si la tonelada de soja, en Chicago, vale US$ 435, y se le descuenta 35% por retenciones, más 5% de costos de transporte, más costos de implantación, protección y comercialización, más el 35% de impuesto a las ganancias, la rentabilidad del productor es mucho menor. Para reencauzar las instituciones y el crecimiento del país, no basta con botox legislativo. Se necesita cirugía mayor.

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