Brasil se pone firme en el combate a la inflación

Por Eleonora Gosman

“No se ahorrarán medidas” para frenarla, aseguró Guido

A Brasil no le temblará la mano en el combate a la inflación. Lo evidenció el ministro de Hacienda, Guido Mantega, al señalar, luego de una reunión con los principales grupos económicos, que “no se ahorrarán medidas para impedir que se propague”. En la cita de ayer, donde los grandes empresarios brasileños fueron al encuentro de la plana mayor del área económica, se discutieron desde los problemas inflacionarios hasta medidas concretas para estimular las inversiones y con eso garantizar el crecimiento productivo.

De acuerdo con el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE), anualizada la inflación resultó en marzo de 6,59%. Eso implicó un estallido de las metas que se habían preestablecido el año pasado. Fue ese dato el que llevó a la presidenta Dilma Rousseff a emprender diversas consultas, entre economistas y representantes del mundo empresarial. Para ella, es preferible tomar una serie de decisiones que en principio podrían enfriar la actividad antes que un desboque de los precios.

De acuerdo con el titular del Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), dependiente del gobierno federal, por primera vez desde 2011 se vuelve a sobrepasar la meta oficial, un indicador que el gobierno respeta a rajatabla. Marcelo Neri, quien comanda ese instituto, señaló en una conferencia de prensa que el mayor impacto de la inflación recae sobre los sectores de menores ingresos. Según mediciones del IBGE, los segmentos de la población con ingresos bajos o medios-bajos registraron entre febrero y marzo un aumento del índice de precios de 0,6%; claramente superior al promedio general del índice que fue de 0,47%.

Para el ministro Mantega hay un dato categórico que exige combatir cualquier desmadre en el IPC.

Golpea en forma negativa las perspectivas de inversión “al impedir el cálculo de costos por parte de las empresas”. Esto redunda en un freno a las inversiones o directamente una suspensión, que a mediano y largo plazo termina por comprometer el crecimiento económico.

Mantega sin embargo tuvo algo bueno que mostrar. El ritmo de aumentos de precios comenzó a aminorar. En febrero fue de 0,6% y en marzo de 0,47%. Aunque es insuficiente para volver a ubicarse dentro de las metas programadas, es un dato que alivió al gobierno porque indicaría una tendencia.

Quedó claro, en la reunión del ministro con los empresarios, donde también estuvo Fernando Pimentel, quien comanda el Ministerio de Desarrollo e Industria, que “el villano” de los precios son los alimentos. De un aumento de 0,07% en febrero pasaron a 0,36% en marzo: se quintuplicó. Ese rubro fue el que más golpeó en los bolsillos de la población económicamente más vulnerable.

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