Se acaban de conocer datos que muestran que en Brasil el 50% de la población ya es de clase media: 27 millones de brasileños lograron salir de la pobreza desde 2003. En cambio, en Argentina, las prioridades del Gobierno pasan por otro lado y la situación social de los mas desfavorecidos empeora día a día.
Así es como, en Argentina, mientras diariamente cientos de familias pasan a ser pobres, producto de la liquidación del poder adquisitivo provocada por la inflación, en Brasil se está dando la situación totalmente inversa: 27 millones de brasileños lograron salir de la pobreza desde 2003, año en que asumió el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
Así lo determina un informe de la Fundación Getúlio Vargas, que afirmó que el 50% de la población en Brasil pertenece a la clase media y tiene ingresos de entre 1.100 y 4.800 reales (entre 586 y 2.530 dólares). Siete años atrás, la clase media estaba conformada por 64,1 millones de personas, que entonces representaban el 38% de la población.
Argentina, bajo el Gobierno de los K, siguió el camino inverso. Desde 2007 la pobreza viene aumentando de forma sistemática ,y según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica, actualmente se ubica cerca del 40%. El informe agrega: "La retracción económica interna generada, primero, por la inflación y el conflicto agropecuario, y los efectos de la crisis internacional a fines del año último produjeron un cambio de tendencia. En mayo de 2009, el desempleo y el subempleo crecieron hasta alcanzar al 12 y 17% de la población económicamente activa, respectivamente".
La razón de la diferencia entre ambos países hay que encontrarla, entre otros factores, en los planes de desarrollo nacional que se vienen instrumentando en el país vecino, así como la decisión política del presidente Luiz Inácio Lula da Silva -dejará el poder este año y no buscará su reelección- de no apelar al clientelismo y buscar integrar en el sistema a los sectores socialmente más desfavorecidos. Ello permitió aumentar de forma notable el consumo y, por ende, convirtió a Brasil en la décima economía del planeta.
En cambio, en Argentina, los Kirchner tienen como prioridad mantenerse en el poder a toda costa, dedicando gran parte de su tiempo a ensayar experimentos electorales y buscar hacer alianzas políticas trasnochadas. Así es como el ex presidente, antes de sufrir el accidente cerebrovascular por el que tuvo que ser internado, había adoptado la decisión de resucitar la transversalidad, que quedó sepultada en las últimas elecciones. Su intención sería despejotizarse, buscando el apoyo de sectores de centroizquierda que hoy lo miran con animadversión.
La verdad es que si Kirchner es justicialista o transversal, poco efecto e importancia tiene para las miles de familias que ni cuentan con los recursos suficientes para adquirir los bienes y servicios básicos, y que son víctimas de la inflación y de la crisis provocada por la ausencia de un modelo económico que apunte al desarrollo y crecimiento de la producción. Incluso, los $ 180 de la Asignación Universal por Hijo, que anunció con bombos y platillos la administración K, de poco servirá para solucionar la pobreza estructural. Y serán manejados por los mismos punteros, que hoy controlan el asistencialismo social.
"La diferencia entre la Argentina y Brasil es la coherencia política que existe en el vecino país. Allí existe un espíritu nacional que atraviesa tanto al gobierno, a la poderosa burguesía industrial y a los distintos grupos políticos", le dijo a Hoy Angel Tello, ex viceministro de Defensa de la Nación y profesor titular de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de La Plata.
"Un claro ejemplo del progreso que se está dando en Brasil es que en San Pablo, que tiene 20 millones de habitantes, se está entregando más de 700 cero kilómetro por día, esto da idea de la magnitud del mercado interno. Las propias autoridades brasileñas destacan que en los últimos años casi 40 millones de pobres, que no tenían nada, pasaron a ser considerados como clase media baja, lo que quiere decir que pasaron a consumir. Y eso generó una demanda de bienes y servicios muy importante. Estamos hablando de un país con 190 millones de habitantes y sólo su cuenca amazónica es cinco veces la superficie Argentina", dijo el especialista.
Tello recordó que "hace sólo 30 años Argentina supera a Brasil en varias áreas, y eso se ha revertido lamentablemente. Y eso que Brasil arrastraba un atraso estructural. Por ejemplo, la primera universidad en serio de Brasil data de 1926, cuando en territorio argentino la primera universidad apareció en el siglo XVII. En Brasil, los planes de desarrollo nacional tuvieron continuidad en el tiempo, incluso en la dictadura, que fue sangrienta como la Argentina. En cambio, esos planes en nuestro país fueron barridos y destruidos con Martínez de Hoz y Cavallo, y ahora estamos pagando las consecuencias".
Esto no significa que los problemas sociales de Brasil estén resueltos, ni mucho menos. La desigualdad todavía es un gran conflicto entre los brasileños.
Según el estudio de la Fundación Getulio Vargas, "las clases más desfavorecidas representan casi el 40% de la población y son la inmensa mayoría. 70 millones de personas tienen ingresos menores a 1.115 reales (586 dólares) y muchos de ellos dependen del gobierno para sobrevivir".
Pero lo más importante es que el gobierno de Lula demostró que es posible reducir significativamente la pobreza a través de planes de desarrollo, haciendo que los pobres sean sujetos de consumo. Es así como se está ganando un lugar en la historia grande del vecino país.

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