El gobierno de Dilma creó para ello un organismo especial, en cooperación con otros países.
En la cita, el lunes último en el Palacio del Planalto, estuvo el canciller brasileño Luiz Alberto Figueiredo. Es que a Itamaraty le cabe un papel en el esquema montado por el gobierno, y no solo para la recepción de jefes de Estado extranjeros y altas autoridades internacionales.
Brasil creó un organismo especial: el Centro de Cooperación Policial Internacional, que debe concentrar informaciones consideradas estratégicas. Con representantes de los 32 países que participan de la Copa, entre ellos Argentina, ese comité debe permitir un “adecuado intercambio de informaciones” sobre las hinchadas, especialmente aquellas con conductas agresivas que pueden provocar eventuales enfrentamientos.
Después de los acontecimientos en diciembre último en Curitiba, una de las 12 sedes del Mundial, donde se registraron escenas de extrema violencia en un partido entre Atlético Paranaense y Vasco da Gama, el gobierno empezó a temer por los posibles desmanes de las barras bravas, que podrían empañar el mayor acontecimiento futbolístico del mundo. Y no se pensó sólo en las “torcidas” domésticas. Hay también experiencias complicadas con las internacionales.
En un artículo publicado ayer por el diario uruguayo El País, el director de Interpol, José Izquierdo, afirmó que en diciembre se inició un proceso de consultas entre la Dirección del Crimen Organizado y la Policía Federal brasileña. El objetivo, dijo, sería “mitigar la operativa de eventuales grupos violentos procedentes de Argentina”, informó el diario en base a fuentes del Ministerio de Interior uruguayo. Siempre de acuerdo al medio de Uruguay, como uno de los partidos de Argentina se jugará en el estadio Beira-Río de Porto Alegre, existe la posibilidad de que la hinchada argentina se desplace hacia esa ciudad brasileña a través de territorio uruguayo. Según el jefe de Interpol, “la misión de la policía uruguaya será detectar la identidad de los violentos que pasen por el país”. Izquierdo señaló que las autoridades brasileñas cuentan con información sobre qué hinchadas argentinas ya se organizan para viajar a Brasil. En la capital brasileña recuerdan que en junio de 2010 diecisiete hinchas argentinos fueron detenidos y deportados por la policía sudafricana, por presuntos disturbios ocurridos durante el partido entre Argentina y Nigeria, en Johannesburgo.
Pero Brasil no se queda atrás. Una comparación numérica revela que las peleas en los estadios son mucho menos cruentas en Argentina que en Brasil. En 2013, murieron 30 brasileños como consecuencia del vandalismo en el fútbol. En el caso argentino, hubo 9 víctimas fatales. El elevado número de homicidios en las canchas registrados el año pasado en Brasil obligó al ministro de Justicia, Eduardo Cardozo, a tomar medidas especiales, como la confección de un padrón nacional que registre todos los socios de las asociaciones oficiales de las hinchadas. La violencia en los estadios no es solo un problema de las dos grandes potencias futbolísticas sudamericanas. También se registraron agresiones fatales en Colombia y Paraguay. Y en Chile y Uruguay hubo heridos en las disputas entre barras.

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