El boxeo como actividad física se instaló en los clubes de barrio

El boxeo como actividad física se instaló en los clubes de barrio
Considerado el “entrenamiento ideal”, cada vez suma más gente. Las tiras de TV y Maravilla Martínez también impulsan el fenómeno.

Oscar Trotta los llama “los oficinistas” y dice que la mayoría llega entre las siete y las nueve de la noche, cuando terminan de trabajar. Trotta fue boxeador y hace décadas que está al frente del gimnasio de boxeo “Ringo Bonavena”, en la sede de Huracán. Saca cuentas: dice que aquí se entrenan cinco profesionales, quince aficionados, y el resto lo hace en forma recreativa. “En total son casi 200”, calcula.

“La mayoría viene para bajar la panza... son los ‘oficinistas’ que pasan 8 horas sentados y vienen y le pegan a la bolsa, hacen la gimnasia, todo, y se van contentos. ¿Sabés qué feo debe ser estar todo el día sentado en el trabajo y de ahí a tu casa? Acá se despejan”, explica mientras venda a un nene de 10, 11 años.

Antes, los boxeadores amateurs, es decir los que querían convertirse en profesionales, se entrenaban en la Federación de Boxeo. Hace años que las cosas cambiaron, y hoy lo hacen en los clubes de barrio.

Pero hay una ley: como representan al club en el que practican, no pagan la cuota mensual. Los profesionales tampoco. “A veces los directivos me tiran la bronca, y yo les pregunto si los jugadores de la Primera de Huracán pagan la cuota y son socios del club. Porque los boxeadores del club también representan a Huracán”, dice Trotta. Entonces, los gimnasios de boxeo de los clubes de barrio se mantienen gracias al aporte de los que se entrenan en forma recreativa. Y hace años, practicar boxeo se convirtió en boom.

Desde la tira “Campeones”, protagonizada por Osvaldo Laport, y renovado tras la pelea de Sergio “Maravilla” Martínez. Hay como una frase instalada: “ La gimnasia del boxeo es la mejor para mantenerse en forma”. Esa frase llena los gimnasios. Almagro Boxing Club, Leopardi, La casa del Boxeador y General Lamadrid son algunas de las opciones en la Ciudad para el que quiera intentarlo.

Nazareno Puente tiene 37 años y es Maestro mayor de obras. Trabaja diez horas por día y hace cinco meses, tres veces por semana, pasa por el gimnasio antes de volver a su casa. Comenzó con el fin de mejorar su estado físico.

“Al principio te da un poco de miedo, de vergüenza. Te parece que te vas a encontrar con mucha gente que sabe boxear de verdad”, aclara. Nazareno pensaba que iban a ser muchos más los que entrenaban para pelear que los que lo hacen para mejorar su estado físico. Desde que comenzó bajó 8 kilos. Y está sorprendido: su intención era no “ser el gordito de la clase”, pero pasó a engancharse y a sentirse en falta cuando no llega al entrenamiento por horarios laborales. “Somos muchos que empezamos por la gimnasia y hoy nos queremos subir al ring”, afirma, y destaca: “Entrenando, uno descarga todas las tensiones del día de trabajo. Volvés distinto a tu casa”.

Sergio Lebensztajn tiene 19 años y a los 16 empezó con el boxeo porque quería hacer alguna actividad física. Ahora es amateur, tiene 10 peleas federadas y el problema de muchos boxeadores: se entrena en el club Lamadrid y al menos una vez a la semana tiene que ir a guantear a otro club. “Es difícil encontrar boxeadores de tu mismo peso en tu club y hay que buscarlos en otros lados”, dice.

En el gimnasio del club Atlanta, en Villa Crespo, se entrenan más de 30 hombres y mujeres. Profesionales y “oficinistas”. Hugo Lobo estima esa cantidad. Hace cinco años que comenzó a practicar el deporte, todos los días. Lobo es músico. Es el líder del grupo Dancing Mood. De lunes a viernes da clases de trompeta en el club. Para lo único que corta es para ponerse los guantes: “La práctica del boxeo me sirve mucho a la hora de tocar mi instrumento. Me ayuda a tener una buena respiración y una mejor relajación”, dice. Lobo cuenta que comenzar lo ayudó a enfrentar los ataques de pánico que sufría. “Es estar en contacto con mucha gente y sirve para desintoxicarse. Bajé entre 20 y 25 kilos gracias al boxeo”. Los inicios fueron muy de “recreativo”, pero al tiempo ya estaba guanteando con los profesionales, siempre teniéndolo como un hobby.

Está comprobado que los que se entrenan queman una buena cantidad de grasas.

Que además de liberar estrés se pueden mejorar la agilidad, el equilibrio y los reflejos. Un entrenamiento puede comenzar con saltar la soga durante quince minutos, correr durante otros veinte, hacer la parte aeróbica por otros veinte o treinta más. Y después llegan la técnica y el guanteo. Pero con los primeros ejercicios se puede transpirar y trabajar en la silueta.

Empieza la tarde en el gimnasio de Huracán. Trotta sigue sentado. Desde allí da indicaciones. A los que se cambian, a los que hacen bolsa, a los que quieren bajar la panza. Y dice que mientras sigan apareciendo pibes de 14 o 15 años con ganas de subir al ring, los gimnasios van a seguir teniendo su esencia. Por más que la mayoría llegue con un fin que no sea boxear.

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