El titular de la Anses quedó en el medio de Aníbal Fernández y Julián Domínguez. El lanzamiento del ministro lo complicó, admiten en su entorno.
El lanzamiento de Aníbal fue un verdadero baño de agua helada para Diego Bossio. En la Anses nadie se imaginaba que lo del jefe de gabinete iba en serio. Hubo un error de cálculo o mala información. Sin dudas, no fue una buena noticia.
Bossio, con un nivel de conocimiento en la provincia que oscila el 40%, quedó rezagado en la agenda de los medios, detrás del omnipresente Aníbal y del laborioso Julián Domínguez, quien –además- sigue como uno de los invitados favoritos de 6, 7, 8.
“Bossio quedó atrapado entre esos dos pesos pesados del peronismo”, leyó un consultor, quien ultima un trabajo sobre 1.200 casos sobre los precandidatos en el principal distrito del país.
Si bien Aníbal tiene un alto rechazo (superior al 70 por ciento), su nivel de conocimiento es importantísimo; no pasa lo mismo con Bossio. “Y falta poco para agosto, sobre todo si no cuenta con el apoyo explícito de la Presidenta”, dijo el mismo especialista.
“Bossio –siguió- está en una disyuntiva, porque potencialmente es un buen candidato, pero tiene la elección muy encima. Y para proyectarse debería seguir al frente de la Anses o de un organismo similar”. Nadie puede asegurarle qué pasará después de diciembre.
En el peronismo bonaerense histórico, más vinculado a los cuadros políticos que a los técnicos, la figura de Bossio no cae bien. Lo consideran una suerte de paracaidista sólo potenciado por la “caja de la Anses”.
“Si fuese funcionario en otra área, no hubiese llegado a ser candidato ni a intendente de Tandil”, dijo un cacique del conurbano cercano a Aníbal. Y lo desafió que gane en su ciudad. Se sabe: es misión casi imposible que el FPV le gane al radical Miguel Lunghi en esa localidad serrana.
Todavía no está claro qué sucederá con Aníbal, pero lo concreto es que la noticia no fue bienvenida en la sede de avenida Córdoba.




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