Las fuerzas de Khadafy debieron retroceder unos 120 km al Oeste
Por esas horas, en Benghazi, la segunda ciudad en importancia del país, la incansable tarea de los insurgentes había transformado el bastión rebelde en un laberinto de retenes compuestos por autos, bloques de cemento y cualquier cosa que estorbase el paso. "No nos volverá a tomar desprevenidos", repetía a La Nacion un joven, machete en mano.
Su posición no era injustificada. Veinticuatro horas antes, un ataque relámpago de una pequeña fuerza de avanzada oficialista había dejado centenares de heridos. Con variadas marcas de fabricación, tanques y carros blindados habían recorrido la autopista que lleva a Benghazi por el sector sur y tomado posiciones. Soldados camuflados en autos civiles habían castigado los suburbios capitalinos sin distinguir entre inocentes y comprometidos con la causa rebelde.
Con la respuesta posterior de misiles y cazabombarderos con banderas internacionales, la incógnita quedaba planteada. ¿Cuál era la situación ayer? ¿Dónde se ubicaba aquel frente de avanzada que había causado tantas pesadillas a las familias de Benghazi, Tarya y Ajdabiya?
Promedia la tarde y los nervios en la ruta de Benghazi a Ajdabiya siguen a flor de piel. Con ademanes exagerados, los milicianos en el camino se vuelven más agresivos en los check points de los suburbios y su primer reflejo es detener el paso de extranjeros. "No, no, mujahidin? Imposible", obligan a retroceder debido a la supuesta presencia de combatientes de Khadafy en la zona.
En los alrededores, la historia era otra. La gente común tomaba fotos con los celulares dentro de los ómnibus quemados; los chicos corrían con banderitas de la revolución y el puente más cercano era cableado con explosivos preventivos.
"¿No los dejan pasar? Nosotros los escoltamos. ¡Vengan!", fue la actitud de un soldado que se oponía a lo antes expresado por su colega. Como en otros aspectos, las contradicciones de los insurgentes son un claro reflejo del desorden que se extiende en todos los órdenes del conflicto.
"Gracias, Sarkozy"
Sobre la carretera, todo era llamas, hierros retorcidos y gente festejando. "¡Gracias, Sarkozy! ¡Dios y Francia son uno solo!", grita emocionado un joven con su hijo. El panorama es impactante, con tanques destrozados y camiones que parecen cortados con un abrelatas. "Los bombardeos empezaron a las 5 sobre el perímetro que tenían establecido las tropas de Khadafy, y los hicieron retroceder", explica.
Muchas sonrisas rodean toda la escena. Las imágenes se repiten a medida que uno sigue avanzando por la autopista hacia el sur del país.
"Si el ejército estaba ayer sobre Benghazi y los primeros 60 kilómetros fueron barridos por las bombas de la OTAN, ¿cuánta distancia los hicieron retroceder?", pregunta ansioso el taxista.
Para encontrar la respuesta, hay que pasar primero Tarya, Guminis, Magrum y luego el minúsculo Zultan, y sólo allí comenzar a dibujar el mapa actual de la guerra.
Luego de 90 minutos de recorrido, desaparecen los "turistas revolucionarios", nombre para los cientos de libios que disfrutan tomando fotografías, disparando sus armas a modo de festejo y sustrayendo cualquier elemento que les recuerde el momento histórico que están viviendo.
Y así como ellos empiezan a desaparecer, se multiplican las camionetas pickups pertrechadas y listas para el combate. Cinco kilómetros antes de llegar a Ajdabiya, se vuelve imposible continuar. Humo negro y detonaciones son prueba de que el frente khadafista del noroeste del país habría retrocedido 120 kilómetros de su posición original en las cercanías de Benghazi.
"¡Vamos a ganar! ¡Khadafy ya fue derrotado!", grita un combatiente con la V de la victoria y unas zapatillas de niña colgadas del cañón de 40 mm. Unos 50 metros más adelante, la falta de estrategia rebelde vuelve a quedar en evidencia.
Envalentonados por las columnas de humo y por la efectividad de los ataques de la OTAN, unos 25 vehículos deciden ingresar en el pueblo como si fueran una caravana fúnebre. Lo que sigue era demasiado previsible: cuatro descargas de mortero los dispersan, en un ambiente de reproches inevitables.
El resultado queda abierto y la percepción sobre el resultado del conflicto en Libia, también. Resulta más que evidente que depende de las acciones de la comunidad internacional en las próximas horas.
Más protestas en la región
SIRIA
Desafío a Al-Assad
Por lo menos un manifestante murió y 60 resultaron heridos durante los incidentes que estallaron ayer en el tercer día de protestas en Deraa, en el sur del país, mientras el gobierno destituyó al gobernador de la ciudad en un intento de restaurar la calma. Miles de sirios también exigieron ayer que las autoridades pongan fin a 48 años de ley marcial, en el marco de una ola de protestas vistas como el mayor desafío a los gobernantes de Siria desde el comienzo de los disturbios que afectan al mundo árabe. "No. No a la ley de emergencia. Somos un pueblo enamorado de la libertad", cantaban los manifestantes.
YEMEN
Saleh despide a su gabinete
Blanco desde hace dos meses de protestas populares en su contra, el presidente de Yemen, Ali Abdallah Saleh, destituyó ayer al gobierno yemení, según la agencia de noticias estatal Saba. Una multitud se congregó cerca de la Universidad de Sanaa para participar en el funeral de algunos de los 52 manifestantes que murieron el viernes, la jornada más sangrienta desde que comenzaron las manifestaciones. El embajador de Yemen ante las Naciones Unidas presentó su renuncia para protestar contra la represión, al igual que la ministra de Derechos Humanos, Huda Al-Baan.
EGIPTO
Aprueban la reforma.
Los egipcios aprobaron masivamente ayer en un referéndum la reforma de su Constitución, elemento clave de los proyectos del ejército para asegurar la transición hacia un sistema democrático tras la caída del presidente Hosni Mubarak. Más de 14 millones de egipcios, el 77,2% de los votantes, dijeron "sí" a las enmiendas constitucionales. El resultado representa una victoria para el movimiento opositor Hermandad Musulmana, que se mostró a favor de la reforma propuesta por una comisión de jueces designada por el ejército, que dirige el país desde la renuncia de Mubarak.
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