La explotación de la disco donde estuvo la “NB” y “Wanaca” y ahora se abrirá “CCP La Disco Latina” se realiza mediante una sociedad que no está inscripta para trabajar en la nocturnidad. Consta en el expediente municipal que se inscribió para vender GNC, equipos de ese combustible o actividades similares. Por qué nunca se notó semejante falencia. La historia que se revela por una pelea entre socios
Ocurre que esta disco intentó reabrir sus puertas después del cierre de “Wanaca”, otro boliche, pero una inspección municipal cercenó esa posibilidad a fines de febrero del corriente año, cuando se suponía que todo estaba en orden. Ahora se supo que el problema no está en la estructura de seguridad del edificio o en lo idóneo de su personal, sino en la habilitación.
Según fuentes con acceso al expediente, la historia de esa habilitación se remonta a una inexistente transferencia a la firma Sol y Thom S.A. (la actual “habilitada”), ya que no surge de las actuaciones ningún acto administrativo que le transfiera los derechos de habilitación del anterior titular. Y de eso se aferraron los inspectores que frenaron la fiesta de fines de febrero.
Pero la omisión es más grotesca y se extendió desde los años de la “NB” (Nueva Bailanta) hasta la apertura de la hoy cerrada disco “Wanaca”. Según se desprende del expediente municipal, esa sociedad anónima que pretende explotar el comercio no contó jamás con la habilitación municipal acorde con lo que consta en sus estatutos sociales de inscripción en Inspección General de Justicia.
La sociedad Sol y Thom S.A., inscripta por Horacio Domingo Valinoti y con domicilio en Capital Federal, está avalada para rubros muy diferentes a la nocturnidad. En concreto, podría trabajar en la construcción de estaciones de servicio para expendio de Gas Natural Comprimido, combustibles líquidos y/o cualquier otro tipo de edificación; comercialización y expendio de Gas Natural Comprimido y combustibles líquidos (nafta, gasoil, kerosene, lubricantes, grasas y derivados de petróleo); la venta y colocación de equipos de Gas Natural Comprimido para automotores y todos los combustibles líquidos anteriormente mencionados, incluso derivados del petróleo y todos los productos anexos que hagan al funcionamiento e instalación de aquellos; la ejecución y/o realización de cualquier otra tarea, explotación, comercialización, servicio y/o industrialización directa o indirectamente vinculadas con la industria relativa al GNC, combustibles líquidos y derivados del petróleo, en general en todos sus aspectos y modalidades; el ejercicio de representaciones, comisiones, agencias, mandatos y gestiones de negocios directa o indirectamente relacionados con su objeto; la realización de toda clase de operaciones financieras permitidas por las leyes con exclusión de las comprendidas en la ley de entidades financieras y toda otra que requiera el concurso público; realizar mecánicas relativas al automotor, lavadero, engrase, gomería, taller mecánico integral, venta de repuestos del automotor, con la posibilidad de instalar minimercado, bar, confitería, expendios de comidas y bebidas en general; exportar e importar equipos de GNC, automotores, cubiertas y todo otro tipo de mercaderías, sumado a un rubro “Inmobiliaria”.
¿Por qué detallar cada palabra de los rubros que la S.A. tiene permitidos? Porque salta a la vista su claridad y, en especial, que ninguno de ellos se acerca o podría confundirse con un boliche bailable.
Este dato es algo que no vieron los funcionarios que trabajaron bajo las órdenes del entonces intendente Miguel Prince y que tampoco fue observado por los colaboradores en la gestión de Graciela Rosso, en particular mientras en ese edificio funcionó “Wanaca”, una disco que en su corta vida realizó recitales de rock con figuras convocantes del circuito como Ciro y Los Persas, Dread Mar I o Las Pastillas del Abuelo. Con todo, “Wanaca” tenía dentro del expediente comunal su habilitación firmada.
SIGA, SIGA
El detalle de la estructura legal que sostiene el funcionamiento de ese sitio se conoció en estas semanas, a raíz de la intención de CCP de reabrir el boliche. Pero no fue porque los inspectores notaron lo grotesco del expediente y la razón social de la S.A. que busca explotarla; sino porque detrás se esconde una fuerte disputa societaria, tan fuerte que destapó la olla.
La explotación que supo ser de Julio Sorchile pasó, años atrás, a manos de Sol y Thom S.A., firma que le vendió sus derechos a Sebastián Choulet y Nicolás Perna, familiar de Fabián Grattone. La razón social nunca se modificó.
Estos últimos fueron los que invirtieron en la puesta en marcha de “Wanaca”, un proyecto que quedó trunco. Una de las partes de esa sociedad –al parecer sin el aval de su socio- se unió a los responsables de “CCP” y en febrero de este año tenían intenciones de reabrir el boliche. Ahora se revela que la razón social de esa sociedad no incluye el rubro boliche, al margen de una versión que indica que ya en tiempos de Sorchile había caído la habilitación municipal y no debía renovarse.
Mientras el edificio de esa esquina permaneció abierto y funcionó como local bailable con realización de recitales, la suerte quiso que nada grave ocurriera. Porque jamás estuvieron en orden sus papeles.
Y aunque los más altos jefes de inspectores de nocturnidad y funcionarios del gabinete de Rosso solían asistir a las noches de esa disco, nunca repararon en los detalles del expediente de su habilitación. Tampoco en la responsabilidad que le hubiese cabido a la administración ante cualquier incidente.
A partir de Cromañón, muchos pensaron que los controles en esta clase de locales habían cambiado. La realidad demuestra lo contrario.


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